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Disforia social

Por José Serna Andrés - Sábado, 25 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:02h

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EN la plaza del pueblo había dos bandos. ¿Estarían celebrando la despedida de algo? En uno, las mujeres llevaban una vulva en la cabeza y los hombres, un pene;en el otro, las mujeres llevaban un pene en la cabeza, y los hombres, una vulva. Se miraron fijamente a los órganos de la cabeza y comenzaron a insultarse. Una parte del respetable público se añadió a alguno de los bandos, aquello prometía, más allá del insulto y la chanza.

Un observador de la escena decía: Muchas personas trans utilizan el término de transexualidad por ser el más conocido y corriente, pero en algunos sectores es puesto en cuestión porque se trata de un término médico que tiene relación con determinado tratamiento quirúrgico y hormonal. Una persona transexual tiene una situación de disforia de géneroy es una persona que se considera pertenecer a otro sexo diferente al que se le ha atribuido en el nacimiento desde el punto de vista psíquico, social y sexual. Y en este contexto lo más determinante no es tener un pene o una vagina porque en esta cuestión no estamos hablando solamente de genitalidad. Diríamos que hay, al menos, tres situaciones. Algunas personas transexuales eligen armonizar su cuerpo a lo que sienten en su fuero interno y a la imagen que dan de sí mismas;hay otras que deciden llevar una vida social según el género que desean vivir;y existen otras que, a causa de los prejuicios y de la crueldad discriminatoria de otras personas y colectivos, no se atreven a manifestarse socialmente como tales. Existe una compleja interacción de múltiples factores, biológicos, psicológicos y sociales que resultaría presuntuoso analizar en unas pocas líneas. Solo añadir que si el volumen y la estructura cerebral del hombre y el de la mujer son diferentes, y el volumen del cerebro masculino es mayor que el femenino, aunque la mujer tiene una proporción mayor de materia gris y el hombre de materia blanca, parece que el volumen del cerebro de los trans es intermedio entre hombres y mujeres. La cuestión, por tanto, es muy compleja y todos los casos no son iguales.

Sí, decía el observador de la escena, parece que los porcentajes de personas implicadas no es alto, hasta tal punto de que hay quien lo considera un fenómeno raro, excepcional, pero si no respetamos a las minorías no hemos aprendido lo que significa el respeto. Nos gusta simplificar, posicionarnos, hacer bandera de lo que tiene implicaciones que afectan a la felicidad de las personas, a su autoestima, pero cogemos el rábano por las hojas y se desbarata. Hablamos de dogmatismos y fundamentalismos de quien se posiciona en una ladera y cavamos una trinchera en la otra, como si deseamos que las trincheras vuelvan a surgir, cuando sabemos que de ellas sólo puede surgir dolor.

Así que el baile en torno al pene y la vagina siguió dejando a un lado la neurología y también el sentido común, el respeto y el deseo de ponerse en lugar del otro. Y parecía que aquella sociedad estaba a gusto así, porque en el fondo tenía una disforia social. Necesitaba seguir teniendo los órganos genitales en la cabeza y, de paso, lanzar algún zurriagazo verbal.

El observador seguía considerando que este debate era tan complejo y dependiente de tantos factores que se ruborizaba al atreverse a escribir sobre una cuestión tan alejada de sus conocimientos, pero se atrevía a intervenir porque le preocupaba la simplificación y el enfrentamiento por algo tan profundo y porque se daba cuenta de que quien provoca en la calle está triunfando cuando se entremezclan las cámaras y la trifulca.

Y es que, pensaba, nuestra sociedad es adolescente cuando tiene un conflicto interno e intenso de identidad y tiene miedo de aceptarse en la diversidad. No sabe qué decidir. Piensa que no se puede continuar viviendo así y se repliega. Le hace sufrir la duda y cuando necesita una certeza, sale a la calle simplificando lo que es complejo y olvidándose de las personas concretas origen del debate. Ante la escena, el observador se atrevió a hacer una petición: dejemos, por favor, de exhibir tanto los genitales en la cabeza y utilicemos un poco más el cerebro.

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