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Historias de los vascos

Instituto Americano de Estudios Vascos: Intelectuales vascos en América

Buenos Aires fue testigo en 1943 del nacimiento del Instituto Americano de Estudios Vascos, con cuya labor arranca ahora el Instituto Bibliográphico Manuel de Larramendi la publicación de una revista sobre los vascos y América

Un reportaje de Leopoldo Zugaza - Sábado, 8 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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Andrés María de Irujo y Ollo, estudioso y divulgador de la cultura vasca.

Andrés María de Irujo y Ollo, estudioso y divulgador de la cultura vasca.

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El Instituto Bibliográphico Manuel de Larramendi que presido y dirijo ha iniciado la publicación de una revista que lleva por título Boletín del programa de estudios vasco-americanos con el fin de estudiar la extensa contribución vasca a la cultura, la economía y la sociedad americana que acogió a emigrantes y exiliados vascos, lo que originó frutos cuyo recuerdo esta iniciativa quiere reverdecer. Un número triple de este Boletín ha sido dedicado a recoger el recuerdo del benemérito Instituto Americano de Estudios Vascos y de su prolongada labor en pro de la cultura vasca.

Recojo de su propio relato en el primer número del Boletín del Instituto las noticias de la constitución y primeras actuaciones del Instituto y los individuos que lo crearon en circunstancias bien difíciles lo que acrecienta su mérito: “En Buenos Aires, metrópoli de la Nación Argentina, captadora vigilante de las nobles inquietudes europeas, entre las que se cuentan las del pueblo éuskaro en torno de su propia historia y lengua, nació el Instituto Americano de Estudios Vascos el 20 de julio de 1943”.

Un grupo de argentinos de ascendencia vasca y de vascos residentes, en quienes alientan la conciencia y el pundonor de la estirpe patente en el misterio del apellido le dieron vida por el sencillo procedimiento de estampar sus nombres en la primera página del que sería libro de actas. Fue en el domicilio del generoso e infatigable doctor Enrique de Gandía.

Firmaron en aquella los doctores Enrique de Gandía, Justo Garate, Andrés M. de Irujo, Elpidio R. Lasarte; pbro. Gabino Garriga; padres Bonifacio de Ataun y Miguel de Alzo, capuchinos; padre Francisco de Madina, canónigo regular lateranense; doctores Isaac López Mendizábal, Félix Loizaga, Leo Goti, Pedro de Basaldua; ingeniero Carlos Cucullu; doctores Eulogio Ayanz, Ildefonso Gurruchaga; nombres a los que luego se agregaron los del Excmo. Sr. Obispo de Viedma, Mons. Nicolás Esandi (q.e.g.e.), doctor Santiago Cunchillos, don Pedro Echeverría, doctores Rómulo Zabala (q.e.g.e.), Francisco Basterrechea, Vicente Amezaga y don Juan León Cruzalegui.

Aprobado en la segunda sesión -19 de agosto siguiente- el Estatuto social, cuya redacción estuvo a cargo de los doctores Gandía, Ayanz, Irujo y Lasarte, la vida de la entidad inició su desenvolvimiento.

El artículo segundo del Estatuto da idea cabal de sus altos propósitos. “El Instituto tiene por fines fundamentales -dice- unir a los amantes del País Vasco, especializados en algún aspecto de su prehistoria, historia, antropología, folclore, lengua, literatura, derecho, economía, arte, y demás ciencias, e intensificar estos estudios, profundizándolos y divulgándolos”. O sea, investigar a fondo el pasado y presente del pueblo vasco y propagar los resultados de esas investigaciones.

Urgía organizar la entidad con la elección de sus autoridades, y así, una semana después, el 25 de agosto, fueron elegidos Mons. Nicolás Esandi, presidente; Elpidio R. Lasarte, vicepresidente primero; Justo Garate, vicepresidente segundo, y Andrés María de Irujo, secretario de actas. Para los cargos de secretario general, tesorero y vicetesorero quedaron elegidos, en definitiva, los señores Santiago Cunchillos Manterola, Carlos Cucullu y Juan León Cruzalegui.

Como los socios fundadores ascendían a veintidós, y el Instituto debía constar por disposición estatutaria, de cuarenta miembros numerarios, vitalicios, con voz y voto, se hicieron las presentaciones debidas, y fueron elegidos sucesivamente, como tales, por mayoría de votos, el doctor Juan José Guaresti, hijo; los ingenieros Juan José Esperne, presidente del Centro Vasco-Francés, y José Urbano de Aguirre; los doctores Esteban Ochoa, presidente del Centro Vasco-Argentino Gure Echea, Salvador Oría, Guillermo Leguizamón (q.e.g.e.) y Antonio Sagarna (q.e.g.e.); don Michel Iriart, ingeniero agrónomo Saturnino Zemborain, doctor Adolfo Bioy, ingeniero Diego Joaquín Ibarbia, arquitecto Martín Noel Iribas, ingeniero Pedro Mendiondo, general José María Sarobe (q.e.g.e.), doctor Félix E. Etchegoyen, don Ramón Mendizábal, almirante José Guisasola, doctor Carlos Alberto Erro, ingeniero Antonio Lascurain y don Isidoro Fagoaga.

El presidente electo, Mons. Nicolás Esandi, tomó posesión de su cargo el 5 de septiembre de 1943, en la sesión celebrada en el colegio salesiano de San Carlos. En la del mes de agosto de 1945 se acordó elegir el centro Gure Echea como sede de funcionamiento de la secretaría del Instituto y lugar de sus reuniones. El 29 de agosto de 1948, después de cinco años de activa y ejemplar presidencia, falleció en su diócesis de Viedma, monseñor Esandi. En la sesión del 20 de julio de 1949 fue elegido para sucederle el doctor Antonio Sagarna; pero murió al poco tiempo, sin poder tomar posesión del cargo. Y el 29 de noviembre de 1949 el Instituto eligió como presidente al arquitecto Martín Noel Iribas.

En cumplimiento del artículo 3º que estatuye como medio para lograr el fin institucional la celebración de conferencias, jornadas y congresos de estudios, la edición de obras y toda clase de publicaciones, no menos que la fundación de bibliotecas, tuviéronse desde las primeras asambleas, breves disertaciones sobre variedad de temas. El Instituto, como no podía menos de ser, celebró fervorosamente el cuarto centenario de la muerte del padre fray Francisco de Vitoria, fundador del derecho internacional moderno. Fue el promotor y organizador del primer Congreso Vitoriano.

El Boletín En abril de 1950 nace el Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos encargándose de su dirección el bilbaino P. Gabino Garriga, quien permanecería quince años en el cargo. El Boletín tenía carácter trimestral y se publicó puntualmente hasta el año 1993 a través de Bonifacio de Ataun (números 59-109) y Andrés María de Irujo y Ollo (números 110-174), quienes fueron los sucesores de Garriga en la dirección del Boletín. Se produjo el cierre de la publicación a la muerte de este último.

En el número 1,-abril-junio 1950-, insertaron un saludo en el que definían sus objetivos que reproducimos a continuación como ejemplo de convivencia entre personas de distintos orígenes e ideologías pero unidos por el común vínculo de su amor a su país.

“Nuestro saludo: La revista cuyo primer número sale a la calle con este volumen es órgano de un Instituto de estudios y tiene por objeto la investigación de temas vascológicos, ajenos a toda controversia partidaria, ya se refieran al País Vasco ya a hechos realizados por naturales u oriundos de él en el continente americano o cualquier otro lugar de la tierra. En tal carácter, sus redactores no podemos menos de sentir viva simpatía hacia quienes han fundado y sostienen en diversos países publicaciones de análoga naturaleza. Reciban, pues, nuestro fraternal saludo las que en Bayona, Bilbao, Pamplona, San Sebastián, Urrugne, Vitoria y dondequiera que sea, ofrecen sus páginas al examen y divulgación de todos los aspectos de nuestro personalidad, idioma, derecho, arte, ciencia, geografía e historia.

Nos estimaremos dichosos si logramos acrecentar en algo, desde esta orilla del Atlántico, el tesoro cultural que con un mismo anhelo nos esforzamos en sacar a luz unos y otros. Y basten estas palabras para dejar establecidas desde ahora nuestras relaciones de profesión y trabajo, tanto más estrechas cuanto que tienen por fundamento la comunidad de origen. (Buenos Aires, 1950)”.

En los números 4-5-6 del Boletín del programa de estudios vasco-americanos de reciente publicación se incluye el índice de autores y las obras insertas en aquella loable aventura. Doscientos noventa y uno son el número de autores que participaron con sus trabajos en el boletín bonaerense reuniendo, como habían anunciado, temas de historia, geografía, derecho, lingüística, biografía, medicina, agricultura, ganadería, industria y otros.

Uno de los asuntos que con más profusión aparece en las páginas del Boletín son los relacionados con la bibliografía vasca, estudiando esta, tanto lo publicado en Euskal Herria como los documentos relacionados con algún aspecto de lo vasco.

El Boletín aporta una ingente cantidad de información sobre personas de la diáspora vasca, no solo en la República Argentina sino en otros lugares de América. Una benemérita labor que honra a estos intelectuales vascos, que en circunstancias de graves dificultades no olvidaron su origen y se mantuvieron firmes en la difusión de las características de su patria y de sus hombres y mujeres.

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