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El cambio digital

Los contratos inteligentes

Por Alex Rayón - Domingo, 30 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:04h

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‘Blockchain’ podría ser la siguiente revolución digital.

‘Blockchain’ podría ser la siguiente revolución digital. (Foto: DEIA)

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supongamos que usted, estimado lector, tiene una empresa de fabricación, comercialización y distribución de juguetes. En nuestro mundo globalizado, es fácil pensar que usted montará una tienda on line. Por ello, esa pequeña fábrica que tiene a las afueras de Bilbao, va a tener que entregar juguetes en diferentes puntas del planeta.

Imaginemos que en un momento dado, necesita que un barco transporte un cargamento de 1.000 juguetes hasta Osaka, Japón, para el 21 de diciembre. Aquí empiezan las interrogantes. ¿Llegará a tiempo? ¿Llegarán los 1.000 juguetes sin desperfectos? ¿Llegarán exactamente al punto en Osaka acordado? En un mundo físico tradicional, estas preguntas eran respondidas con intermediarios. Todos y todas conocemos historias de fraudes, desperfectos o incluso robos.

En un futuro temprano, estas preguntas pudieran ser respondidas por un programa que “controle” los factores anteriormente citados (tiempo, calidad y lugar). Un programa necesario para la existencia de los contratos inteligentes, que permitirán establecer relaciones legales sin la necesidad de intermediarios.

En el caso de nuestros 1.000 juguetes, se establecería un contrato inteligente entre el exportador (su juguetería de Bilbao) y el proveedor del servicio de transporte. Esta gestión se haría por Internet. Un contrato que verificaría por sí solo que el barco llegue a Osaka (el programa monitorizaría el GPS del barco), para el 21 de diciembre (señal en tiempo real del barco) y con los 1.000 juguetes en perfecto estado (conectado vía Internet al registro electrónico del puerto de Osaka). Si estas condiciones se cumplen, en tiempo real, se pagaría la cantidad acordada.

Esta situación parece más próxima que nunca. Ya existen contratos con capacidad de autoejecutarse gracias a un algoritmo que se conecta a Internet para verificar los factores. Ese contrato, al ser un elemento tan sensible, debe proveer una seguridad y privacidad importante. Por eso no es un documento por escrito que cualquiera con un poco de habilidad pudiera sustraer en las comunicaciones electrónicas. Se trataría de un contrato que “existe” solo en la cadena de bloques desde la que se ejecuta.

Esta cadena de bloques responde al concepto de Blockchain, del que quizás hayan oído hablar. Muchos dicen que puede ser la siguiente gran revolución digital, tras la aparición de Internet y la era de los datos. Se trata de un sistema de registros distribuidos, inmutables e infalsificables. Garantizan que todo el mundo ve la misma información, sin la asimetría de información existente en un mundo de documentación en papel. Ninguna de las dos partes puede modificar ese contrato sin consentimiento colegiado.

Este paradigma de establecimiento de contratos civiles o mercantiles no es nuevo. Nick Szabo, conocido criptólogo de los años 90, ya pensó en un sistema así cuando el comercio electrónico irrumpió. Pensó en un sistema que pudiera sustituir al “papeleo” tradicional, que siempre requiere de la aprobación de terceros. Pero entonces no teníamos las capacidades tecnológicas que hoy en día existen.

Bitcoin, la famosa criptodivisa, también funciona sobre Blockchain. Muchos hablaron del fin de los bancos centrales con ello. Por otro lado, imaginen la aplicación de este paradigma de contratos inteligentes para sincronizar la actividad de los comercios tradicionales con la contabilidad interna y externa. Quizás ya no tendríamos que hacer declaraciones informativas a posteriori; en tiempo real sabrían qué y cuánto factura un negocio. El eventual fraude, se entiende, desaparecería. Para las Haciendas, entiendo, una buena noticia. Es lo que trae la trazabilidad y transparencia automática.

Retirar la necesidad de disponer de terceras entidades de certificación e intermediación hace que traslademos la confianza de un humano a un algoritmo. Una descentralización de las relaciones de confianza que, como siempre en esta era digital, trae nuevas oportunidades.

Los profesionales del ámbito mercantil y fiscal, quizás pronto hagan plantillas de contratos inteligentes en lugar de estados contables y declaraciones impositivas.

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