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Bidesari, la lucha por lograr autonomía

Esta entidad vizcaina trabaja desde hace más de dos décadas ofreciendo acompañamiento y asesoramiento a las personas que están presas en las cárceles de Basauri y Nanclares de la Oca

Un reportaje de Joana Pérez - Martes, 23 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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En las salidas terapéuticas que disfrutan una vez al mes, los presos están acompañados por profesionales de Bidesari y voluntarios.

En las salidas terapéuticas que disfrutan una vez al mes, los presos están acompañados por profesionales de Bidesari y voluntarios. (Bidesari )

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NUESTRA misión y vocación es responder a las necesidades de las personas presas”. Esta es la carta de presentación de Bidesari, que el próximo lunes 29 de mayo recogerá uno de los galardones de los II BBK DEIA Elkartasun Sariak. Esta entidad surgida hace más de dos décadas realiza una labor constante en las prisiones de Basauri y de Nanclares de la Oca, ya que en el penal alavés es donde “las personas de Bizkaia cumplen condena” una vez la Justicia ha decidido sobre su delito.

La realidad social que estaba presente en el territorio histórico a finales de los años 80 y principios de los 90 fue el punto de partida para que esta asociación diera sus primeros pasos de la mano de personas de la pastoral penitenciaria de Basauri. “Había muchas personas que tenían una dependencia importante de la heroína”, explican responsables de Bidesari, quienes reconocen que fue esa situación la que impulsó la creación de esta entidad “para dar acogida a esas personas que entraban en prisión por problemas de drogas y que tuvieran un lugar en el que iniciar el proceso de cambio e inserción”.

La lucha es por la inserción social pero desde la asociación destacan que “intentamos huir del estereotipo de que las personas que tratamos van a terminar con una vida normalizada como se piensa que es desde fuera. Es decir, casa, coche, familia y trabajo”. Para las personas que ayudan a los presos, el éxito es lograr “las mayores cotas posibles de autonomía en cada caso”.

PERFIL Al año son más de 350 las personas atendidas por personal de Bidesari porque “entran y salen de los proyectos”. Pero si hay algo que caracteriza a todos los reclusos es “la situación de exclusión social” de la que proceden. Se dividen en dos grandes bloques. Por un lado, se encuentran las “personas con drogodependencias” y, por otro, “los inmigrantes sin residencia regular en el país”.

Tanto para unos como para otros se diseñan programas concretos. Así, mientras están en prisión se realiza “una intervención semanal de manera individual y grupal”. Además, tal y como cuentan los responsables de la asociación, “las personas que están dentro de estos grupos, dependiendo de su trabajo, evolución personal y consecución de objetivos disfrutan de salidas terapéuticas una vez al mes, que son como permisos de fin de semana. Están acompañados por profesionales de Bidesari y voluntarios”.

Según avanzan en su proceso en prisión, una vez en la calle, Bidesari cuenta con dos pisos “para personas con problemas de adicción” y otro “para inmigrantes”. Las dos primeras viviendas están destinadas para “presos de alta intensidad, que salen con el tercer grado y tienen que estar acompañados 24 horas al día”. En el tercer domicilio, la problemática es diferente, ya que los extranjeros “no tienen acceso a nada” y se intenta buscar una solución.

El último paso de los diferentes programas de la asociación es “el servicio de incorporación social” con el que se “buscan acciones formativas” que culminen en la “inserción laboral”. Sin embargo, según subrayan los profesionales de Bidesari, se encuentran con varios problemas. “Las personas con adicciones que atendemos muchas veces no están en condiciones de trabajar porque hasta que no controlan esa faceta no pueden acceder a un trabajo”, comentan. Además, los inmigrantes, “al no tener documentación, no pueden ser contratados regularmente”.

Es un proceso largo que requiere de intervención psicológica ya que “tienen una autoafirmación baja. Es importante trabajar su autoestima y ofrecerles espacio para que sanen sus heridas y puedan resolverlas sin volver al delito”. Y Bidesari intenta que hallen su lugar en la sociedad.

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