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Sara recaló en Bilbao tras haber sido captada por una red de trata de nigerianas

“Todo era mentira; tienes que trabajar en la calle, como las demás”


S.Atutxa / A.Rodríguez - Lunes, 19 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

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Las mujeres son captadas por redes de trata con fines sexuales, les amenazan y obligan a prostituirse por diferentes puntos de Europa.

Las mujeres son captadas por redes de trata con fines sexuales, les amenazan y obligan a prostituirse por diferentes puntos de Europa. (Foto: Pablo Viñas)

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Bilbao - “Yo quería ser médico y me dijeron que en Europa te pagaban por ello. Con diecisiete años les digo a mis padres que busquen a alguien para que me lleve a Europa. Salí de África y terminé en una red de prostitución para pagar el viaje”. Sara, tras un periplo de varios años, aterrizó en la capital vizcaina donde comenzó a trabajar después de haber vivido una verdadera pesadilla. “Estuve un año y ocho meses para abonar los 10.000 euros. En realidad, pagué 40.000, porque te piden dinero por todo”, relata.

Este año se han desarticulado en Bilbao varias redes que se dedicaban a la trata de mujeres nigerianas. La Policía Nacional destapó en febrero una trama que obligaba a mujeres a ejercer la prostitución y que se saldó con la detención de 9 personas. La Comisión de Ayuda al Refugiado CEAR del País Vasco considera que Euskadi se ha convertido en un centro de distribución a otros puntos de la península y probablemente de Europa. Un trabajo de investigación realizado por CEAR denuncia el incremento de mujeres nigerianas en esta situación y destaca que en 2016 fueron más de 40 las atendidas con indicios de ser víctimas de trata con fines de explotación sexual en el territorio vizcaino.

Sara soñaba con una mejor vida en Europa, pero su viaje se convirtió en un auténtico calvario. Esta mujer nigeriana desconocía cuál era el verdadero peaje que debía pagar. El estudio revela que la captación de las mujeres se produce de diversas maneras. Una forma, como en el caso de Sara, es mediante el engaño a las familias sobre el destino de sus hijas. Las personas tratantes proponen un futuro negocio en Europa, como puestos de trabajo en peluquerías, hostelería, cuidado de niños... Sin embargo, todo es una gran mentira. Ni las chicas que se marchan a Europa, ni los integrantes de la red que trabajan en la calle cuentan la verdad. “Yo hablaba con una amiga que se marchó con 12 años a Italia. Me decía que si trabajas en el campo ganas 3.000 euros al mes, si cuidas a abuelos 4.000 y si cuidas a niños, 3.400. Eso me animó y yo me lo creí, pero todo era mentira”, recuerda Sara.

Cuando las mujeres llegan a Europa son informadas de que su verdadero destino es la explotación sexual. “Cuando llegué a Valencia descubrí la realidad. El señor me cita para hablar y me dice: Todo lo que estabas escuchando en África es mentira. Aquí no vas a trabajar en ninguna fábrica ni en el campo. Tienes que trabajar en la calle como hacen las demás chicas”. Sara se derrumba. “Me llevaron en un coche por las calles de Valencia y me enseñaron a chicas que habían empezado como yo”, recuerda. Esta joven nigeriana explica que compartía piso con otras cinco chicas, todas africanas, de Benin City. Vivían hacinadas. “Fue muy duro. Dormíamos en una cama cinco personas. Para poder descansar, dormíamos cruzadas y con las piernas fuera”, comenta. Durante un año su vida fue del trabajo a casa y de casa al trabajo. “Te controlaban también los horarios. Podías venir más tarde a casa, pero no podías llegar antes. Yo recuerdo que a veces me cansaba y quería ir a casa a dormir, pero no me dejaban”. Sara recuerda que las condiciones de trabajo eran muy duras. “Vivíamos inseguridad, porque te podía venir un cliente malo y romperte la cara, y nadie se enteraba. A mí uno me abrió la cabeza y otro me puso una pistola en el cuello”, cuenta.

Amenazadas La historia de Sara es tan solo una más de las tantas realidades que viven mujeres procedentes del África subsahariana, engañadas y captadas por mafias que se dedican a la trata con fines sexuales. “Viven de traficar con personas”, añade. A miles de kilómetros de su familia, solas y con una deuda millonaria no tiene más opciones que articular mecanismos para poder superar la situación en la que, sin imaginarlo, se han visto involucradas.

En muchos de los casos pactan con un hombre para poder hacer el viaje. Es una de las estrategias fundamentales que las mujeres ponen en marcha para enfrentar las diversas violencias del tránsito. “Pactan con un hombre, con el que establecen un pacto y al que le pagan con favores sexuales o labores domésticas”, destacan en el informe de CEAR. “Es muy duro, viajas con mucho miedo. No tienes más remedio que ir con el hombre para continuar el viaje”, relatan. Durante ese tiempo las mujeres captadas por estas mafias viven amenazadas. Antes de partir de África realizan una ceremonia vudú para garantizar el acuerdo y el contrato. Mediante este rito, las mujeres juran no delatar a las personas integrantes de la red de trata y cumplir el pago de todos los gastos del trayecto, deuda que luego en los países de llegada se incrementa llegando incluso a duplicarse porque los gastos de alquiler, comida, ropa son impuestos por los traficantes. “No puedes hacer, ni decir nada porque has jurado. El vudú va contra ti. Es un mecanismo de control absoluto de las mujeres y si no lo cumples te amenazan con las consecuencias que sufrirá la familia en Nigeria”, explica Sara.

Otro factor importante que menciona Sara y que hace que no se acerquen a entidades sociales en busca de ayuda es la desconfianza que se les infunde sobre las mismas. Un mensaje que se repite dentro de algunas comunidades africanas, especialmente la nigeriana, es que las asociaciones son colaboradoras de la Policía y, por tanto, representan una amenaza para ellas. “Desde el principio nos meten el miedo de que no podemos acercarnos a una asociación. Me dijeron que la gente de las asociaciones no es fiable y que no acudamos a ellas”, recuerda.

Sin embargo, el destino quiso que una confusión pusiera a esta mujer nigeriana en contacto con la asociación Askabide de Bilbao. Harta de vivir bajo el control de los integrantes de la mafia, Sara tenía claro que debía dar un paso adelante para deshacerse de las ataduras que le mantenían presa. “Un día que estaba buscando trabajó pasé por Zabalburu, por el edificio de la Ertzaintza, pero yo no sabía que era la Policía”, cuenta. Según explica Sara, un policía que hablaba en inglés la reorientó: “Te voy a mandar a una asociación para que te puedan ayudar a buscar trabajo”, explica. Askabide la asesoró y le ayudó a retomar las riendas de su vida. Sara tuvo suerte, pero son muchas las que pierden su vida en ese interminable viaje.

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