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Apología del libre albedrío

La sorpresiva aparición de Lucky Chops en la actuación de Macy Gray en el jazzaldia de donostia animó el concierto de la cantante americana

Un reportaje de Juan G. Andrés - Miércoles, 26 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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En ‘Sexual Revolution’, Gray invitó a subir al escenario a Lucky Chops.

En ‘Sexual Revolution’, Gray invitó a subir al escenario a Lucky Chops. (Juan G. Andrés)

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Quiso la casualidad que este año el 50% de los protagonistas de la Trini en el Jazzaldia de Donostia fueran saxofonistas. Tras la primera sesión doble con Charles Lloyd y Saxophone Summit y la segunda con Donny MacCaslin y Kamasi Washington, el lunes cambió al fin la tendencia. Inauguraron la noche Lucky Chops, que hicieron algo que rara vez logra un telonero en la plaza: poner en pie al público casi desde el minuto cero y hacerle bailar despreocupadamente. ¿Cómo lo consiguieron? Nuevamente, la respuesta está en el viento, o mejor dicho, en los instrumentos de viento que utilizan. Hace dos años tocaban en Central Park y en el metro de Nueva York, y gracias al vídeo de un turista que corrió como la pólvora en Internet, hoy giran por medio mundo.

Lucky Chops hacen lo que les place pero, además, tocan bien, algo que puede pasar desapercibido si uno queda obnubilado por la puesta en escena, que es estrafalaria y explosiva. Los saltos aquí y allá, las coreografías delirantes y las poses gimnásticas no deben ocultar la solvencia de composiciones propias como Buyo, Best things o For Connie, que el saxofonista dedicó a su profesora. En directo, eso sí, el quinteto explota su vena más pachanguera con divertidas versiones de canciones pop de ayer y de hoy- Problem (Ariana Grande), Heart of glass (Blondie), Funkytown (Lipps Inc.)…-. La fiesta concluyó por todo lo alto cual verbena jubilosa, con I feel good (James Brown) sonando a todo trapo y la audiencia a pie de escenario.

Lisa, una niña donostiarra de 7 años, subió a bailar varios minutos con Macy Gray, que le regaló un abrazo y su boa de plumas

“Sé tu mismo”

Llegó el turno de Macy Gray, que comenzó con Why didn’t you call me, el primer tema de una noche que discurrió por los terrenos del rhythm & blues y el soul, aunque también se acercó a ritmos como el hip hop en Do Something o el reggae en She ain’t right for you.

“¡Mi banda y yo hemos venido de Estados Unidos para oíros gritar!”, bramó Gray. En la Trini, sin embargo, hubo instantes en los que parecía desganada e incluso despistada; tanto que cuando se enredaba con algún discurso, una seguidora le gritaba: “¡Céntrate, por Dios!”. Pero ella seguía a lo suyo, puño en alto y empeñada en predicar que nada es tan grande como la libertad. “Los mejores momentos de la vida son aquellos en los que haces exactamente lo que quieres y eres tú mismo”, sentenció.

Aunque la banda sonó compacta y sus integrantes hicieron un gran trabajo, faltaba una dosis de emoción. Afortunadamente, entre bambalinas aguardaban los miembros de Lucky Chops, cuya actuación había gustado mucho a Gray. En una conversación previa, la estadounidense les ofreció compartir tablas con ella y, de manera improvisada, pusieron sus metales al servicio de la discotequera Sexual revolution. Los luckies levantaron literalmente el concierto, logrando que decenas de espectadores levantaran las posaderas de sus asientos y, de nuevo, se situaran al borde del escenario para danzar con frenesí. Alguien llamó la atención de la cantante en las primeras filas y le invitó a subir: era Lisa, una bailonga niña donostiarra de siete años que, sin pudor alguno, estuvo saltando durante toda la canción y engatusó a las 1.780 almas que abarrotaban la plaza. A modo de souvenir de su gesta, la pequeña se llevó a casa la boa de plumas de la diva.

Hubo tiempo para recuperar el aliento mientras la vocalista se cambiaba de atuendo y sonaba una versión instrumental de What a wonderful world a la que siguió un interminable solo de batería. Macy reapareció con un vestido de lentejuelas de colores que resplandecieron al abordar una tanda de hits. Entre todos ellos sobresalió el insoslayable I Try, que hizo retornar a los teloneros salvadores hasta el memorable final con My way. “Decir las cosas que realmente sientes / Y no las palabras de alguien que se arrodilla / Mi historia muestra que encajé los golpes / Y lo hice a mi manera”, cantaba Sinatra. Una rotunda apología del libre albedrío, musical y vital, reivindicado el lunes en la Trini.

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