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Dinamo Bucarest 1 - Athletic 1

La factura del estreno

El Athletic saca un buen resultado, pese a mostrar que todavía no está para competir con garantías. Laporte marcó en un primer acto plácido, pero luego el Dinamo generó problemas

Viernes, 28 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Vesga, Muniain, Raúl García, De Marcos y Aduriz felicitan a Aymeric Laporte por su gol en Bucarest. Fotos: Efe VER GALERÍA

Vesga, Muniain, Raúl García, De Marcos y Aduriz felicitan a Aymeric Laporte por su gol en Bucarest. (Fotos: Efe)

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Bilbao - Una semana tiene por delante José Ángel Ziganda para afinar el grupo. En su primera toma de contacto con la competición, el Athletic acusó el peso de la responsabilidad y concedió en exceso a un enemigo que le apretó las clavijas más de lo deseable. El empate a domicilio no es un mal comienzo pensando en los noventa minutos de San Mamés, pero refleja que todavía falta bastante para que los jugadores ofrezcan un repertorio acorde a su calidad y se suelten. Es obvio que el equipo precisa de más tiempo, más trabajo y más contraste con puntos en juego para dar la medida que se le presupone. De ello sacó tajada el Dínamo Bucarest, que hizo de la necesidad virtud y experimentó una transformación radical a partir del descanso, elevó sus revoluciones, acertó a equilibrar el tanto de Laporte con un remate impresionante y se vació en pos de la remontada, haciendo sufrir a un Athletic que escuchó agradecido el último pitido del árbitro.

Las dos caras que ayer mostró el Athletic son una circunstancia hasta lógica a estas alturas del calendario. Claro que su puesta en escena auguraba una tarde más plácida. Saltó con la consigna de controlar a partir de la posesión y pese a que esta resultó estéril en amplias fases, porque se localizó básicamente en terreno propio y ante un repliegue descarado del conjunto de Cosmin Contra, al menos sirvió para transmitir una indudable sensación de autoridad. De salida, el favorito ejerció de tal, si bien se lo tomó con gran parsimonia, apenas profundizó, de forma que fueron los centrales quienes acapararon foco. Precisamente Etxeita y Laporte se encargaron de dotar de sentido al plan trazado en el vestuario en una acción a balón parado. Beñat ya había buscado a Etxeita en una falta lateral nada más empezar y a los veinte minutos botó un córner corto que el propio Etxeita prolongó hacia el segundo palo, donde Laporte culminó sin problemas.

Sin fluidez ni acciones reseñables entre líneas, el Athletic le sacaba chispas a la estrategia, demostrando que ha empleado bien el tiempo de la pretemporada. La temporada anterior hubo que esperar hasta la primavera para asistir a un gol nacido de saque de esquina. En ese instante se asistió a un intento de reacción del Dínamo, no llegó ni a los diez minutos la fase en que las tornas cambiaron y el anfitrión abandonó la timidez exhibida desde el arranque, una actitud hasta cierto punto chocante con el calor que emanaba de las gradas, que no callaron. Fue un fogonazo sin más, pronto devolvió la contienda el Athletic a la dinámica que le convenía. Recuperó la pelota y Raúl García desperdició un medido servicio de Aduriz en boca de gol.

Los elementos más avanzados que alineó Ziganda asomaron muy esporádicamente, claramente penalizados por la pobreza de las combinaciones. Susaeta y Muniain trataron de romper líneas alejándose de la cal, pero la creatividad brilló por su ausencia. El amplio dominio no se tradujo en el fútbol que gustaría presenciar. Todo discurrió en un tono muy pragmático, reiterativo, exento de vistosidad, aburrido aunque llevadero gracias a la ventaja obtenida. En ningún momento dio la impresión de que el Athletic confiase en la posibilidad de sentenciar la ronda, para lo cual hubiese tenido que arriesgar algo, pero actuó con el corsé puesto, conforme con mantener a raya a su oponente y ahorrarle así cualquier apuro a Herrerín.

OTRO DECORADO Es posible que la actitud fuese la correcta siempre y cuando la iniciativa se hubiera prolongado, lo que en absoluto ocurrió en la segunda mitad. Contra retiró un medio defensivo y recurrió a un punta. Un cambio significativo que iría acompañado por la típica arenga que exige un paso al frente: jugando en casa y por detrás en el marcador, era cuestión de lanzarse a ver qué pasaba. Y pasó. Rivaldinho, el recién ingresado, advirtió con un cabezazo y en la siguiente ocasión que miró a portería no le importaron los 25 metros de distancia. Agarró un derechazo que se coló como un obús. El estadio enloqueció. El Dínamo había volteado el partido a base de genio y laboriosidad. El apocado equipo rumano ahora mordía sin recato, salía vencedor en las disputas y amenazaba en zonas próximas al área.

Las apreturas del Athletic se plasmaron en el alto número de faltas y córners que tuvo que defender, con Herrerín volando y Aduriz metido a central. La zona ancha, remisa desde el inicio, perdió el contacto con el balón, constantemente impulsado en dirección al meta bilbaino. Así todo, la debilidad del Dinamo afloró en las escasas réplicas habidas en los dominios de Penedo. Muniain fue derribado con reiteración y tuvo la gran oportunidad para haber sentenciado, pero su cabezazo a cesión de Etxeita fue repelido sobre la línea por Filip. También Aduriz, en su único intento de marcar, y Raúl García generaron una pizca de inquietud, pero la tónica del segundo período benefició los intereses locales.

Nada reseñable hubo en el cuarto de hora final, después de que Herrerín sacase a córner un desvío de Balenziaga que se colaba. El concurso de Lekue aportó una salida natural para un equipo a ratos agobiado por el entusiasmo del Dinamo, impotente para dar un golpe sobre la mesa y retomar el mando. Los otros cambios de Ziganda nada alteraron, la cosa estaba ya cuesta arriba y se trataba de evitar un disgusto. Es el mejor premio al que podía aspirar el Athletic por la labor realizada desde el intermedio. Había permitido que el Dínamo se creciese y no tuvo argumentos sólidos para hacerse con las riendas. Fueron pues dos versiones con poco en común las que deparó el estreno del Athletic, más allá de que el rendimiento global merece el calificativo de discreto. Será que aún es pronto para pretender que cristalicen los deseos de Ziganda, pero dentro de seis días convendrá que el equipo dé un nivel que aplaque definitivamente el ánimo de un contrario que va justito de casi todo.

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