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¿A dónde nos lleva el sindicalismo de ELA?

Por Jokin Bildarratz Sorron - Sábado, 12 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Columnista Jokin Bildarratz

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EJERCER un buen liderazgo en un partido político u organización sindical demanda una personalidad y un carácter especial, fuerte y singular. Xabier Arzalluz es un buen ejemplo y el pasado mes de marzo lo volvió a demostrar. Se celebraba el 40º aniversario de la primera Asamblea Nacional del Partido Nacionalista Vasco tras la dictadura y en su alocución dejó para la reflexión la siguiente frase: “Txiki Muñoz concibe ELA como una organización político-sindical”, una aseveración que me llamó la atención cuando la escuché, pero que conforme han ido pasando los meses se demuestra más atinada.

Ha sido precisamente el propio secretario general de ELA quien ha iniciado su nueva “breve” etapa al frente del sindicato afirmando “la necesidad de hacer política desde la central sindical”. No se le puede negar coherencia, porque su trayectoria quedará marcada por la convocatoria de huelgas políticas y la organización de movilizaciones políticas, siempre con un mismo objetivo: tratar de desgastar al Partido Nacionalista Vasco, su auténtica obsesión. El ejemplo más llamativo fue la manifestación que convocó y presidió ante Lehendakaritza hace un año, en plena campaña electoral al Parlamento Vasco, en la que llegó a calificar al Partido Nacionalista Vasco de “partido antidemocrático”. Resulta inconcebible escuchar esas palabras del secretario general de ELA, pero lo es más si cabe que Txiki Muñoz, tan crítico y exigente con todo y con todos, una vez conocidos los resultados electorales no asumiera el estrepitoso fracaso de su diagnóstico y estrategia. ELA organizó su combativa campaña política contra EAJ-PNV y la ciudadanía decidió que fuera EAJ-PNV el único partido que mejorara sus resultados. Muñoz, tan habituado a la crítica, ha perdido una buena ocasión para hacer autocrítica.

Mantengo una buena relación personal con muchas personas afiliadas a ELA que no comparten en absoluto la estrategia de un sindicato obsesionado con la política de confrontación e incapaz de abrir una vía de diálogo constructivo y positivo en el ámbito político e institucional. Txiki Muñoz es refractario al diálogo porque llegar a acuerdos supone asumir compromisos. Durante su mandato, ha demostrado una incapacidad absoluta para conducir al sindicato por la senda del acercamiento, el entendimiento y el acuerdo. En realidad, su obsesión por la política no deja de ser un refugio para un sindicato que no se compromete en el ámbito que le corresponde y pretende dar lecciones en aquél que no le corresponde. Así, es inconcebible que ELA se niegue a tomar parte en el Consejo Económico y Social de Euskadi, que es el espacio creado para generar un clima de comunicación entre las organizaciones empresariales, sindicales y la administración pública a la hora de plantear y contrastar la estrategia económica del país a futuro. Es más inconcebible, si cabe, que ELA se niegue también a participar en el Consejo de Relaciones Laborales.

Muñoz habla de política, pero parece desconocer que la esencia de la política es el diálogo. Es inaudito que un responsable sindical proponga el diálogo para resolver conflictos políticos y sea incapaz de aplicar la misma receta para resolver las diferencias en el ámbito de las relaciones laborales. Es asombroso que se niegue a tomar parte en el diálogo social o en el encuentro entre las confederaciones sindicales y las organizaciones empresariales con el objetivo de proponer, tanto al Gobierno como al Parlamento Vasco, estrategias y acciones en el ámbito de la política económica o industrial. No es solo que no participe en la mesa social, sino que además critica a quienes han decidido hacerlo y llega al absurdo de impartir lecciones sobre cómo habría que organizar un diálogo en el que se niega a participar. Inaudito.

Euskadi ha atravesado una dura y profunda crisis económica durante prácticamente una década. Aunque es evidente que, poco a poco, la situación va mejorando, no cabe duda de que las dificultades e incertidumbres se mantienen. Empresas como Xey, La Naval, el grupo CEL o Fagor Edesa están atravesando serias dificultades estos últimos meses. En opinión de Muñoz, esta situación se debe a la política económica e industrial radicalmente equivocada del Gobierno vasco. Nunca plantea una alternativa, nunca ofrece una solución, solo se espera de él la visión más crítica y catastrofista. ELA cuenta con cauces para plantear sus propuestas, pero se niega a utilizarlos; no participa en ninguna mesa, ni consejo. Algún día tendrá que explicar a las y los trabajadores de las empresas en crisis esta evidente contradicción. No tiene sentido criticar todas y cada una las medidas económicas del gobierno y, al mismo tiempo, negarse a participar y a aportar sus propuestas para mejorar la situación. Cuando escucho a los comités de las empresas en crisis solicitar la ayuda del Gobierno vasco, imagino siempre su decepción ante unos dirigentes sindicales que se niegan sistemáticamente a mantener ningún tipo de relación con ese mismo Ejecutivo.

No recuerdo ni una sola ocasión en la que ELA haya realizado el más mínimo reconocimiento sobre la política económica, social o industrial que el conjunto de las instituciones vascas vienen desarrollando durante las últimas décadas en Euskadi. Para Txiki nunca nada es suficiente. Ha sido incapaz de reconocer el posicionamiento y voto contrario de EAJ-PNV a la reforma laboral; eso sí, cuando decidimos votar a favor del “techo de gasto” no perdió ni un segundo para denostarlo. Ni una palabra sobre los acuerdos alcanzados para la liquidación del Cupo y la actualización del Concierto. Ni una palabra sobre la bilateralidad, las inversiones y beneficios obtenidos para Euskadi. Todo lo que se le ocurrió declarar a Txiki Muñoz fue que el acuerdo representaba “un ataque al autogobierno vasco”, una auténtica falsedad, impropia de un dirigente del sindicato ELA.

Echo de menos la trayectoria crítica constructiva de ELA, su visión de país, su compromiso y, sobre todo, echo de menos una organización abierta al diálogo y no encerrada en sí misma como ahora. El sindicato ha tenido mayor influencia social, institucional y también política cuando ha demostrado capacidad de interlocución con el resto de agentes socio-económicos y con el conjunto de los partidos políticos. La estrategia de Muñoz es la confrontación con todos y contra todos, pero la pregunta que cabe formularle es: ¿Con quién mantiene hoy una mínima relación de cercanía y compromiso? Y la subsiguiente pregunta: ¿Con quién pretende llevar a cabo las reformas y cambios que propone? ¿Va a acabar presentándose a las elecciones o terminará de entender que para tomar decisiones políticas hay que hablar con los partidos políticos?

Es evidente que ELA debe jugar un papel propositivo y positivo en la sociedad vasca del siglo XXI, pero debe ser consciente de que las propuestas se plantean, debaten y pactan. Debe ser consciente de que las decisiones se adoptan participando en los órganos y espacios que abordan los problemas en el ámbito económico, social y laboral. Estará de acuerdo o no con ellos, pero su responsabilidad es formar parte de las soluciones que se plantean desde unas instituciones que, recordemos, están constituidas por representantes de la sociedad vasca. Cuando se toman decisiones, a veces se acierta y otras veces se yerra, pero hay que decidir y, en ese sentido, ELA se tiene que mojar. No se puede pretender construir un país desde la confrontación, la cerrazón y el enfrentamiento permanente; en este siglo son necesarios el diálogo, la cooperación y la colaboración, marca de la casa durante décadas del sindicato ELA.

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