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Tribuna abierta

Imaginación al poder... ¿dónde?

Por Juanma Alonso - Martes, 26 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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cÓMO se está poniendo el tema catalán. El 1-O, a la vuelta de la esquina y la Brunete mediática jaleando a la Brunete benemérita por haber incautado todo el material censal para el referéndum y haber detenido a políticos de la Generalitat. Hace no tantos años, los segundos incautaban explosivos y detenían presuntos activistas de ETA y los primeros repetían hasta la saciedad el mantra de que cualquier idea era legítimamente defendible por vías democráticas. Vivir para ver.

Lo malo de todo esto es que cualquier día nos vamos a desayunar con la noticia de alguna desgracia personal; y ojalá me equivoque. Besugos los hay en todos los bandos, los nervios están a flor de piel y esta creciente escalada de tensión propiciada por la estrechez de miras neofranquista está empezando a repartir papeletas para la rifa de algún muerto o algún herido. Y, por lo que parece, estas papeletas, el PP, lejos de incautarlas, las está imprimiendo todas.

“No va a haber choque de trenes, porque aquí no hay más que un tren, que es España. Cataluña no es más que un Opel Corsa, y que además ni siquiera anda si no les damos dinero para gasolina”. No me sorprende que nadie haya salido todavía desde la caverna con una chulería imaginativa como puede ser esta, porque si se trata de imaginación, no la tienen ni para ser prepotentes. Porque la prepotencia se le da de cine al ultranacionalismo español, pero en imaginación sacan un cero. Sonrojante lo de Carlos Girauta en el programa de Ana Pastor, diciéndole a Joan Tardá que ellos no están en contra de que el pueblo catalán vote, que lo único que tienen que hacer es conseguir una mayoría parlamentaria suficiente en Madrid que lo avale. Todo ello sazonado con la correspondiente sonrisa sarcástica. Esta chulería de quien se sabe en el bando de los que tienen la sartén por el mango pasa a desfachatez cuando, a la vez que a nivel estatal se arguye el “somos más y mandamos nosotros, así que calladitos”, se utiliza el victimismo para presentar a los españolistas en Catalunya como una minoría con sus derechos atropellados y sus libertades anuladas.

Sin duda pero... ¿Qué el procés no se está llevando a cabo de una manera formalmente intachable? Sin duda, pero… ¿Cuántos años lleva el nacionalismo catalán intentando hacerlo de manera consensuada? Los mismos que llevan Girauta y los de su cuerda riéndose de ellos como se rió el otro día de Tardá. Y ahora van de víctimas. Es el colmo. Pero bueno, Girauta empezó siendo maoísta, continuó militando en el PSOE, luego en el PP y finalmente ha acabado haciendo carrera en Ciudadanos. No es de extrañar que sea capaz, sin despeinarse, de hacer de víctima de bullying y de matón de la clase en el misma programa.

Porque los matones de la clase, en este jaleo en el que estamos metidos, van de niños buenos. El beatífico ministro Catalá insiste en el argumento de “solo la ley, pero toda la ley” ignorando, no por estupidez (que estúpido no es) sino por una imperdonable falta de imaginación, que tarde o temprano las medidas políticas van a terminar por adelantar a las judiciales. Ya son más de setecientos los alcaldes llamados a declarar, muchos de los cuales lo harán conducidos por la Guardia Civil. Más de una docena de los altos cargos de la Generalitat detenidos. La intercepción del material necesario para formar las mesas obligará al Govern a tirar del cuerpo de 47.000 voluntarios dispuestos a colaborar en la celebración del referéndum, cifra que en todo caso aumentará y nunca disminuirá. A más imprentas y periódicos intervenidos, a más carteles arrancados, a más censos incautados, a más políticos imputados solo por querer que el pueblo vote, el número de catalanes dispuestos a involucrarse en la consecución de su objetivo crecerá, nunca lo contrario. ¿Y qué va a hacer Catalá ante esto? El listado de estos voluntarios será de las próximas cosas que incaute la Guardia Civil. Contra todas esas personas existirán, pues, indicios de que están cometiendo delitos de sedición, rebelión y seguro que alguno más. ¿Van a iniciar acciones legales contra todos ellos? Si es que sí… ¿cómo van a hacerlo? ¿Van a traer jueces de refuerzo de otras comunidades autónomas para tomar declaración a 50.000 sospechosos de rebeldía? ¿Van a alquilar cárceles en Francia para encerrar preventivamente a tanto sedicioso? Que vayan pensando en requisar también las impresoras de la Generalitat, que falta les van a hacer para imprimir la montaña de autos judiciales que se avecina.

Tendrán que abdicar Seguramente este no será el escenario. No se va a tomar declaración (ni menos a encerrar) a las decenas de miles de catalanes que han sido (o van a ser) tan presuntamente delincuentes como los 700 alcaldes, los altos cargos detenidos y los miembros del Govern y el Parlament imputados. Simplemente porque es materialmente imposible, y por tanto tendrán que ver cómo hacerlo de otra manera, pero a fecha de hoy, ni se lo imaginan. Rajoy, Catalá, Montoro, Sáenz de Santamaría y todos sus conmilitones de la Una, Grande y Libre tendrán que acabar abdicando de su promesa de aplicar solo la ley, pero toda la ley. Porque son incapaces de imaginarse las dimensiones que el problema va a terminar alcanzando gracias a su torpeza. Impedirán el referéndum, sin duda, pero el que piense que a partir de ahí el problema quedará zanjado es que es tonto de capirote, por mucho traje a medida que vista.

La alcaldesa Manuela Carmena reflexionó en el programa del Wyoming sobre algo tan elemental como que, cuando una norma es incumplida por grandes segmentos de la población, no basta con castigar: hay que ponerse a pensar qué pasa. Esto ya no hay tiempo de hacerlo antes del 1-O, pero pasada esta fecha no va a haber más remedio que afrontar el problema del encaje de Catalunya (y Euskadi) en el Estado Español de manera política y no judicial. Hay que hablar, decía Carmena, y para la negociación hace falta imaginación. Claro que sí. La que el PP ha demostrado no tener en absoluto.

Me alegró oír a Carmena proponer un referéndum a escala estatal. Yo siempre lo he visto como la única opción posible. Y así lo dejé escrito en un artículo publicado el 1 de abril no de este año, sino del pasado. Cierto es que, votado a nivel estatal, la propuesta de que Euskadi y Catalunya quieren algo más perdería por goleada, pero… ¿quién se atreve a decir que no haría temblar la constitución del 78 el resultado de un 70% de españoles negando algo que el 70% de vascos y catalanes piden democráticamente? Y de esa sacudida vendría sin duda un cambio. Y ese cambio sería a mejor.

Tarde o temprano, lo quieran o no, los del PP van a tener que acabar abriendo el melón de la plurinacionalidad, pero será muy a su pesar y solo después de haber conseguido que millones de catalanes (y los vascos que también estamos mirando y aún muchas personas en otras partes del Estado) incrementen su percepción de la marca España como el país de los tricornios, la censura y el atropello a las libertades fundamentales. Ellos sabrán si eso ayuda a su objetivo de una España unida; seguramente ni se lo habrán planteado.

Recientes estudios de neurología cognitiva aseveran que un 2,5% de la población mundial no tiene absolutamente ninguna capacidad de imaginar. Parece que muchos de ellos se han apuntado al PP.

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