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Confederación de naciones

Por Xosé. Estevez - Jueves, 12 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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EL lehendakari abogaba por un Estado plurinacional y la articulación de una confederación de naciones. Si repasamos la historia, magistra vitae, podemos encontrar propuestas de semejante estilo cuyos adalides creían honestamente que eran el único remedio para solucionar definitivamente los contenciosos nacionales dentro de la península ibérica. Mencionaré por orden cronológico tres interesantes, en los que estuvieron implicados relevantes políticos catalanes, gallegos y vascos.

La Constitución Provisional de la República Catalana fue un proyecto de Constitución para una futura república independiente catalana, aprobado por la Asamblea Constituyente del Separatismo catalán, celebrada en La Habana entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre de 1928. Estuvo presidida por Francesc Macià, líder del partido independentista Estat Catalá y futuro primer presidente de la Generalitat restaurada en 1931. El 11 de septiembre de 1923 había firmado la Triple Alianza vasco-galaico-catalana junto a los vascos Elías de Gallastegui, Uribeetxebarria, Robles Aranguiz, Domingo Arana, los gallegos Zamora y Somoza y otros catalanes como Rovira Virgili, Riera i Puntí o Bofill i Mates.​ En la citada Asamblea habanera se aprobó la Constitució Provisional de la República Catalana, que había sido redactada por Josep Conangla i Fontanals. Constaba de 36 títulos y 302 artículos y en ella se definía a la república catalana como técnico-democrática-representativa. Se establecía el catalán como lengua oficial, las comarcas como los entes territoriales catalanes, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la enseñanza obligatoria y gratuita y la separación entre la Iglesia y el Estado. Se abolía la pena de muerte y la censura. Se proclamaba “la unidad indestructible de Cataluña” y la decisión de valerse “de medios revolucionarios para independizarse”.​ El título XXXIV, titulado De la possibilitat confederativa, capítulos 204 al 209, contemplaba la posibilidad de establecer una confederación peninsular, renovable cada seis años, con otros estados ibéricos, reservándose, sin embargo, Cataluña la representación diplomática propia.

Otro paradigma confederativo sería el expresado por el nacionalista gallego Castelao, en su libro Sempre en Galiza y en la numerosa correspondencia sostenida con el lehendakari Aguirre y con Manuel de Irujo. Su pensamiento podría sintetizarse en los siguientes principios: el carácter plurinacional del Estado español, que implicaba necesariamente la soberanía nacional de cada nación; el reconocimiento y aplicación del derecho de autodeterminación para conseguir la soberanía nacional, derecho que conllevaba la solidaridad con los demás pueblos ibéricos; forma republicana de gobierno en cada nación, con un régimen democrático de libertades y progresismo social, regido por el pacifismo y la cooperación en el ámbito internacional.

Para Castelao, la independencia de cada nación era un desideratum final, pero para las naciones pequeñas la Confederación resultaba más adecuada. Por lo tanto, el sistema de Estatutos de Autonomía era un procedimiento circunstancial, contingente y temporal. La articulación confederal debería ser ibérica. Por consiguiente, abarcaría a Portugal con el fin de constituir una Comunidade Ibérica de Nacións mediante una alianza o una unión libremente pactada y elegida. Para llegar a esa articulación confederal ibérica, el movimiento Galeuzca cumpliría múltiples y primordiales funciones, todas ellas vinculadas. Castelao enumeraba las siguientes: control y dominio de la política española, sumergimiento en el ideal confederativo, nervio renovador revolucionario para solucionar los contenciosos periféricos, medio eficaz para conseguir la libertad nacional, logro de un armónico equilibrio peninsular dentro de la lógica diversidad, defensa del derecho de autodeterminación, salvaguarda de la soberanía nacional, eliminación de una concepción localista de los nacionalismos periféricos, difusión internacional de la problemática nacional peninsular, apoyo político al régimen republicano, puente imprescindible para incorporar Portugal a la confederación ibérica a través de los vínculos históricos con Galiza y, finalmente, el Galeuzca se convertiría en un vehículo más idóneo para entrar en un previsible federalismo europeo. Los anteproyectos, proyectos y pactos Galeuzca, elaborados en Londres, México y sobre todo Buenos Aires, en 1941 y especialmente entre 1944 y 1946, estaban fundamentados en el mismo ideal confederativo.

El tercer modelo surgió a finales de 1944 por inspiración de D. Manuel de Irujo en el exilio londinense, con intervenciones del portugués Armando Cortesao, el catalán Carles Pi Sunyer, el socialista hispano Luis Araquistáin y el propio Irujo. Los debates y el articulado del proyecto fueron publicados en 1945 por la editorial vasca Ekin, de Buenos Aires, bajo el título La Comunidad Ibérica de Naciones.

El proyecto buscaba dar un impulso a una organización confederal que aglutinase las distintas naciones existentes en la península en lo que debería llamarse la Confederación Ibérica y aglutinase a las cinco naciones: Castilla, Cataluña, Euzkadi, Galicia y Portugal. Desde esta concepción plurinacional, propició el encuentro con una parte del exilio liberal portugués que sufría la dictadura de Salazar. El fracaso fue evidente, debido principalmente al desacuerdo en torno a la concepción de “nación”. Araquistáin solo consideraba como naciones a Portugal y España, frente a las reivindicaciones nacionales de Manuel de Irujo y Pi Sunyer respecto a Euskadi y Catalunya.

Este plan fue apoyado por los nacionalistas vascos, gallegos y catalanes exiliados en Buenos Aires y México. Ni en los planteamientos más federalizantes de los republicanos, que Castelao motejaba como “viudos de la monarquía, casados en segundas nupcias con la República”, se cuestionaba la soberanía indisoluble española que sí cuestionaban los nacionalistas vascos, gallegos y catalanes. Para los republicanos, fuesen del signo que fuesen, como Araquistáin, las tesis de los nacionalistas periféricos fueron muy criticadas por poner en entredicho la citada soberanía española. Los republicanos, además, salvo Prieto y sus partidarios de un plebiscito sobre monarquía o república, que defendían la vigencia de las instituciones republicanas y la constitución de 1931, consideraron esta propuesta un ataque al régimen republicano.

El problema más peliagudo para este encaje, propuesto por el lehendakari Urkullu reside en la mentalidad de los principales partidos españoles, que llevan incrustado en su ADN la unidad indivisible del Estado como gen inalterable e indestructible. Muchos de sus integrantes son viudos del franquismo, casados en segundas nupcias con la democracia. Una propuesta confederal solo puede prosperar si se realiza sin condicionamientos previos, en plano de igualdad y con el reconocimiento de la soberanía nacional de todos los posibles confederantes y mediante pactos voluntarios, libres y reversibles. Sin embargo, bienvenida sea la apuesta del lehendakari, pues suscitará debates en los que cada uno se retratará y siempre izará una vela dispuesta a impulsar el barco con viento favorable.

El contencioso catalán actual evidencia nítidamente las dificultades de tal pretensión. El Gobierno español más que aplicar principios del Estado de derecho, con el que se les llena la boca, aplican medidas del estado de deshecho. Realmente es muy difícil dialogar y negociar con quien aparca las más elementales normas del diálogo y desprecia la historia. Esta demuestra que Cataluña es una nación, que fue independiente en momentos del pasado y que en raras coyunturas estuvo a gusto dentro del corsé del Estado español, sublevándose en múltiples ocasiones contra su estructura aherrojante y despreciativa. Se atribuye al general Espartero la frase: “Barcelona debe ser bombardeada al menos cada 50 años para mantenerla a raya”. Cabe recordar que esta ciudad fue bombardeada en siete ocasiones: 1651, 1705, 1842, 1843, 1909, 1934 y durante la Guerra Civil de 1936 a 1939. En octubre de 1934 fue suspendida la autonomía catalana y el Gobierno de la Generalitat en pleno fue encarcelado. ¿Qué han conseguido con la praxis del palo y tentetieso? Nada. Los problemas de orden político no deben solucionarse mediante golpes de estado militares y/o judiciales, pues solo contribuyen a enconarlos y enquistarlos. Ningún animal da coces contra el aguijón, salvo algunos racionales bípedos.

Al máximo dirigente del partido mayoritario español, nacido en Galicia, le he escuchado decir en varias ocasiones que el espejo del pasado no sirve, lo importante es el futuro. Es explicable tal actitud en quien durante sus estudios de Cuarto de Bachillerato en los jesuitas de León fue galardonado con un Insuficiente (4) en Geografía e Historia, debido a los hilillos de su conocimiento histórico.

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