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El jueves Atece celebra en Barakaldo su día

13.300 vizcainos aprenden a revivir con el daño cerebral

José Mari recuerda en DEIA el accidente que sufrió su hijo y que le provocó graves lesiones
El próximo jueves la asociación Atece celebrará en Barakaldo su día con música, humor y deporte

Laura Fernández - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Txema enseña a su padre un calendario que tiene a la venta la asociación Atece.

Txema enseña a su padre un calendario que tiene a la venta la asociación Atece. (José Mari Martínez)

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Bilbao - Hace 29 años la vida de la familia de José Mari Abad cambió para siempre. Era un 25 de julio de 1988. Como cualquier otro día de la época estival, los Abad estaban ultimando los últimos detalles para marcharse a Mallorca, el destino que habían escogido ese verano para disfrutar de sus vacaciones en familia. De repente, a las 8.30 horas, sonó el telefonillo de su casa. Lo hizo “de manera extraña”, según recuerdan. Al otro lado del aparato, un amigo de su hijo Txema, de entonces 18 años habló: “Un coche ha arrollado a tu hijo”. A José Mari se le paró el corazón. Salieron con lo puesto de casa y corrieron al hospital de Cruces. “Estaba vivo”, suspiró José Mari. Era la mayor preocupación en ese instante. “Txema estuvo alrededor de tres semanas en la UVI”, recuerda José Mari.

Lo cierto es que su vida cambió por completo. El accidente de tráfico le provocó a Txema un daño cerebral adquirido; una nueva realidad para esta familia que afecta también a más de 13.300 personas en Bizkaia, agrupadas en la Asociación de Daño Cerebral Adquirido de Bizkaia (Atece).

A Txema le faltaban cuatro años para haber cumplido su sueño: ser periodista. “No me acuerdo pero me cambió la vida de golpe. Ha sido muy duro”, murmura. Él apenas tiene recuerdos, pero su familia es capaz de recapitular los casi seis meses de tragedia que vivieron. Recuerdan que estuvo en coma vigil todo ese tiempo. Su familia se dividió en varios equipos para hacer relevos de siete u ocho horas en el hospital. Y, tras los largos meses que pasaron prácticamente viviendo en Cruces, vieron una pequeña luz al final del túnel. Un día, la hermana de José Mari le llamó emocionada para avisarle de que “por fin” había despertado. “Me vestí corriendo, cogí un taxi y me planté en el hospital de Cruces”, recuerda. Pero, pese a la buena noticia de que Txema había regresado, el golpe fue duro: “No reconocía ni a su madre, ni a sus abuelos...”. En cambio, su padre sí se le hacía familiar.

Fue José Mari quien volvió a enseñarle todo. Por ejemplo, a dar besos. “Lo primero que buscamos las personas es el afecto”, dice emocionado.

De hecho, quien sabe también a ciencia cierta lo que se siente cuando un hijo adquiere un daño cerebral es, precisamente, el presidente de la asociación Atece, José Luis Esteban. Es él quien asegura que “cuando alguien entra en el hospital después de un accidente y le dicen que tiene daño cerebral, la persona que sale es completamente diferente a la que entró”.

La lucha no termina cuando salen del centro hospitalario. A una persona afectada por un daño cerebral “le pueden quedar lesiones de por vida” que se pueden manifestar en todas las partes del cuerpo y de los sentidos. “Tienen problemas de motricidad, problemas en la vista, en el oído, olfato... y problemas para comunicarse”, explica Esteban. Sabe a ciencia cierta lo que sienten José Mari y las otras 300 personas que pertenecen a la asociación. “Lo que ocurre aproximadamente dos años después del accidente es que los avances que se consiguen gracias a la rehabilitación se estancan”, aclara. Pero, aun así, incide en la importancia de mantener la rutina y los ejercicios. “No hay más que hacer en cuanto a mejorar, pero sí para que lo logrado se mantenga y no vaya a peor”, admite convencido.

Un accidente de tráfico le arrebató a Txema su sueño de ser periodista. Pero esta afección no consiguió separar a su familia. “Con mi familia no pudo pero sé de gente que se ha divorciado y la familia se ha roto a raíz del daño cerebral”, dice José Mari. Eso es algo que también asegura el presidente de Atece a pesar de no haberlo vivido en sus propias carnes. “Hay familias que quedan muy afectadas por esta enfermedad, que pueden llegar a romperse. Es así de crudo”, expresa Esteban.

26 de octubre, su gran día La Asociación del Daño Cerebral Adquirido de Bizkaia se fundó hace 23 años. Recuerdan que su principal apoyo económico siempre ha sido la Diputación Foral de Bizkaia y tienen claro su principal objetivo: “La asistencia y protección” de sus asociados -que engloba tanto a los afectados por daño cerebral como a sus familiares- en todos sus ámbitos, desde la promoción de servicios específicos para cubrir necesidades, pasando por la formación y orientación de familiares hasta la reivindicación de sus derechos tanto en instituciones públicas y privadas. Por ello no paran de alzar la voz y lo harán más fuerte que nunca el próximo jueves, el 26 de octubre, cuando se celebra en Barakaldo, bajo el lema Una vida salvada, merece ser vivida, el día del daño cerebral adquirido. Por ello, durante la mañana del día 26, la Herriko Plaza de Barakaldo acogerá diferentes actividades deportivas adaptadas y, a mediodía, personas con daño cerebral adquirido leerán un manifiesto escrito por ellos. Por la tarde el centro de la fiesta estará en Barakaldoko Antzokia. Allí, a partir de las 18.30 horas tendrá lugar el Tercer Encuentro Solidario de Atece con magia, humor y música blues.

El daño cerebral hace varios años se relacionaba con los accidentes de tráfico, pero hoy en día engloba también a personas afectadas por un ictus. De hecho, el 78% de las personas que padecen la enfermedad ha sido a causa del ictus y, el 22% restante, por un traumatismo cranoencefálico u otras causas. Por ello desde Atece no se cansan de ofrecer ayuda. Y así lo expresa su presidente: “Hacemos una terapia de grupo para enseñar a las familias a cómo lidiar con ellos”. Porque alrededor de 19.000 personas se enfrentan a esa nueva realidad en Euskadi. Una enfermedad que cambia la vida pero que el apoyo sirve de gran ayuda. “Mi hermana nos ha ayudado muchísimo”, admite José Mari. Pero también sabe lo que es que es perder a varios amigos. “He visto a los que antes eran amigos cambiarse de acera”, dice. Por eso se queda con lo esencial: “A pesar de perder todo”, ha salvado la vida a su hijo.

El daño cerebral

La cifra

300

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