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De la fría patera al calor de un hogar en Durango

Jesuiten Etxea ha ofrecido techo, estudios y acompañamiento a 49 inmigrantes en una década

Un reportaje de Kevin Doyle - Domingo, 5 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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El trabajo del voluntariado juega un papel fundamental en el consolidado proyecto. Fotos: Jesuiten Etxea

El trabajo del voluntariado juega un papel fundamental en el consolidado proyecto. (Jesuiten Etxea)

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  • El trabajo del voluntariado juega un papel fundamental en el consolidado proyecto. Fotos: Jesuiten Etxea

Inmersos en su décimo aniversario, Jesuiten Etxea de Durango trabaja en un proyecto para la acogida e inclusión de personas inmigrantes sin recursos. Se trata de una iniciativa de la Compañía de Jesús (Societas Jesu, S. J.) que arrancó en 2007. A lo largo de esta década, 49 personas inmigrantes han hecho uso de este recurso. Fue el senegalés de 26 años Alassane Dabo el primer empadronado en Jesuiten Etxea que permaneció junto a los voluntarios de la entidad casi un año, del 9 de diciembre de 2007 al 7 de diciembre de 2008. La mayoría de personas acogidas hasta la fecha han procedido del África subsahariana (Senegal, Nigeria, Malí, Costa de Marfil, Gana, etc.).

Contando con la coordinación de los Servicios Sociales de la Mancomunidad de la Merindad de Durango, Jesuiten Etxea acoge para un periodo máximo de un año a inmigrantes sin hogar, dispuestos a realizar un proceso de formación para su incorporación al mercado laboral.

No obstante, este servicio está en constante movimiento. No es estático, como no lo es la realidad de las personas que recurren a él. Así, si antes los inmigrantes necesitaban de un año de empadronamiento para conseguir alguna ayuda social o el permiso de trabajo, después tuvieron que esperar hasta los tres años. Esta realidad obligó a los impulsores de la iniciativa a pensar en una segunda fase del proyecto. Así, tras estos primeros doce meses en Durango, el servicio creció un año más gracias al alquiler de un piso en Berriz bajo la total responsabilidad de Jesuiten Etxea. Así se arreglaron hasta el pasado mes de junio cuando se dejó de utilizar esta vivienda para acoger a tres inmigrantes en un piso prestado por una familia en Durango. Sin embargo, los voluntarios aseguran que el servicio no puede crecer más allá de estos dos años. “Lamentablemente tenemos que reconocer que de momento no tenemos capacidad para ese tercer año necesario”, aseguraron desde la organización.

Son treinta los voluntarios que humanizan el servicio. Juegan un papel fundamental en un proyecto que cuenta también con la ayuda de los ocho jesuitas, dos no jubilados, que viven en Jesuiten Etxea. Con una edad media de 30 años, los inmigrantes necesitados de ayuda reciben clases para mejorar el castellano y formación en diferentes oficios a través del Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA), los talleres ocupacionales y ciclos en Maristak. “La mayoría se quedan aquí porque para ellos el regresar a sus países es un fracaso. Además, mandar ayuda económica a las familias que han dejado atrás es el objetivo principal para ellos”, puntualizaron los impulsores del proyecto.

Desde su puesta en marcha hace una década, del casi medio centenar de inmigrantes que ha pasado por Jesuiten Etxea tan solo dos han sido mujeres. En la actualidad, el edificio, con capacidad para cinco personas, está ocupado por tres inmigrantes acogidos a los que se suman los tres que se alojan en el piso durangarra.

Muchos de los acogidos se han jugado la vida llegando en patera, cayuco e, incluso, en los bajos de algún camión. Tras pasar por Jesuiten Etxea, se han dado casos en los que los inmigrantes han podido traer a sus familias a Durango. Uno de los casos más entrañables fue el de un joven de Senegal que se casó con una vecina de Elorrio y “en la boda su madre viuda nos dio las gracias por todo lo que habíamos hecho. Sin duda alguna este tipo de casos suponen una satisfacción enorme”, aseguraron.

Preocupados porque su edad media ronda los 80 años y la vida religiosa “ha bajado en picado”, los jesuitas desearon que Europa cumpla los acuerdos internacionales para abrir también sus puertas a personas refugiadas. “Es una vergüenza que no se hayan cumplido los acuerdos internacionales todavía y el proyecto quizás tenga que virar hacia la acogida de refugiados”, zanjó Katxo.

Fue el pasado fin de semana cuando los integrantes de Jesuiten Etxea conmemoraron su décimo aniversario. El plato fuerte de la jornada vino con una degustación de arroz para todos los asistentes en el patio del centro durangarra. “Mereció la pena compartir un día de encuentro entre los muchos amigos que han hecho y hacen posible este sueño”, zanjaron satisfechos.

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