DeiaDeia. Noticias de Bizkaia - Noticias de última hora de Bizkaia, Euskadi e internacionales.Deia. 40 urteDeia. 40 urte

Saltar al Contenido

Períodico de Deia
Tribuna abierta

El problema no es Cataluña... es esta Europa

Por F. Javier Caballero Harriet - Martes, 28 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

votos |¡comenta!

EN los últimos tiempos estamos siendo testigos activos/pasivos de acontecimientos cívicos-políticos que están ocurriendo en el marco del Estado español que afectan directamente a esta Europa y que tienen trascendencia de primer orden para el futuro democrático de las sociedades modernas. Estos acontecimientos se singularizan en el mal llamado “Problema catalán”.

En el Estado español, en la segunda década del siglo XXI, un pequeño país de no más de seis millones de habitantes, ha encendido el piloto rojo mostrando las vergüenzas de los derroteros por los que transita la Europa construida sobre la complicidad, exenta de escrúpulos, de los Estados que (recordemos) habían sido resultado de los pactos que, en el siglo XIX, se dieron entre la burguesía ascendente y la clase política para la defensa exclusiva de los intereses de aquella.

¿Y por qué Cataluña ha encendido la luz roja advirtiendo el peligro de una Europa desnortada? Quizás para entender el fondo de la cuestión fuera necesario hacer un poco de historia política dejando de lado las definiciones y abandonando los tópicos de los que está llena la llamada ciencia política y su hoy ancila (sirvienta), la ciencia jurídica. Esta última, no pudiendo recurrir a Dios (que todo lo justificaba en el medievo), se dedicó a crear todo tipo de mitos, falacias y ficciones facilitando a la política realizar un juego de trileros y pseudomagos que hiciera de muro de contención para evitar llegar, alguna vez, a una auténtica democracia.

El problema no es Cataluña, es esta Europa de Estados-nación en la que la involución democrática es reflejo de la corrupción axiológica, política y económica que conforma su racionalidad

Más de 20 años de recortes de los derechos sociales (e

Y la historia política al desnudo nos muestra que el Estado moderno no es otra cosa que el invento político de John Locke para dar respuesta a la situación crítica en la que se encontraba la Inglaterra del siglo XVII, acuciada por los vientos huracanados de la modernidad que sacudían los cimientos económicos, los religiosos, los sociales, los políticos… Ese modelo de Estado se generalizó en la sociedad occidental. Debemos admitir que, en el transcurrir del tiempo, dio sus frutos y, en algunos Estados, hasta buenos resultados (aquellos que, en su evolución, llegaron hasta el Estado social). El peligro de avanzar hacia una sociedad cada vez más igualitaria y evolucionar hacia unas mayores cotas democráticas hizo saltar todas las alarmas.

La advertencia de HayekAlgún autor, jefe de escuela económica, en la década de los 50 denunció que, transitando en esa dirección, la sociedad occidental marchaba “camino de la servidumbre”. Se trataba de la advertencia de Hayek de la que, inmediatamente, los Estados Unidos y, consecuentemente, los Estados europeos, como alumnos aventajados, y la propia Europa como resultado de los intereses conjuntos de las “elites económicas” de todos ellos, se hicieron eco inmediatamente. Y cambiaron ciento ochenta grados el rumbo de la historia. Se había ido demasiado lejos y, ahora, se trataba de volver a los orígenes. Urgía volver al pacto originario en versión actual (burguesía exclusiva y excluyente-clase política) en el interior de los Estados y repetir ese pacto excluyente para la construcción de la propia Europa de los Estados. Se trataba de defender los intereses de un sector social de ribetes pseudo-mafiosos (en palabras de Ziegler que hago mías) en el que las prácticas corruptas forman parte de su ideario ético en el interior de los Estados y construir Europa con el mismo modelo pactista del siglo XIX que blindase el modelo para el futuro.

Pero esta vez, además, el pacto entre la burguesía y la clase política que fue la base del Estado-nación tiene una particularidad que lo desnaturaliza: las burguesías locales o regionales no están invitadas. Una mezcolanza de intereses empresariales, multinacionales, bancarios centrales que conforma la nueva burguesía, esto es la hiperburguesía (desburguesizada en los términos de burguesía tradicional), pacta con la clase política que los protege y establece una simbiosis con ella. A día de hoy, esa clase política protectora firmante de este pacto y ubicada en las instituciones europeas (Consejo Europeo, Comisión de la Unión europea, Parlamento…) ha determinado más del 75% de la legislación que nos afecta en el día a día justificándola simplemente con la muletilla “lo dice Europa” al igual que en otro tiempo se legitimaba en la voluntad divina. A modo de ejemplo señalaré que, hace solo unos días, esa Unión Europea, celebró en la ciudad sueca de Göteborg una cumbre de sus primeros mandatarios para sentar los fundamentos y los derechos del llamado “Pilar social europeo”. El hecho de poner los derechos sociales en el lugar destacado dentro de las prioridades políticas de la Unión podría ser saludado con vítores y alegría si no hubiéramos conocido la evolución de esta Europa desde sus orígenes. Más de veinte años de recortes de los derechos sociales (especialmente los laborales) y limitación progresiva de las libertades (instauración del derecho penal del enemigo o del discrepante) debieran ser suficientes para conocer la auténtica naturaleza de esta Europa.

Y es que, ese pacto que da origen a esta Europa se asienta, como es obvio, sobre un sistema ideológico de vocación universal/global, cuya pretensión es establecer un pensamiento único, uniformizar el mundo, anular toda singularidad cultural, fosilizar las identidades, aniquilar toda aspiración libertaria… Este sistema ideológico es el neoliberal que se presenta como pretendida lectura científica de lo real (para quienes crean en la ciencia como religión) o como nueva religión universal para los demás.

Tras Cataluña...Un pequeño país de no más de seis millones de habitantes ha encendido el piloto rojo. Una cultura milenaria como la catalana;un pueblo de la tradición política de Cataluña;una entidad política cuyo protagonismo en la verdadera historia de Europa ha sido de primer orden… los Países catalanes. Una cultura, un pueblo, un ente político están señalando con el dedo la miseria y la vergüenza de Europa por no decir la traición a la democracia y a quienes la soñaron faro de la humanidad como Kant, El Abate de Saint Pierre, Rousseau, Victor Hugo y, sobre todos ellos, Erasmo de Rotterdam en la versión del humanismo. La construcción europea actual condena a sus auténticos e históricos pueblos a su muerte lenta, a la angustiosa desaparición. Cataluña se niega y, tras ella, vendrán otros (muchos) pueblos que se negarán igualmente a desaparecer. Cataluña ha comenzado a escribir la historia de la futura Europa democrática. Porque tengo la convicción de que frente a la pretendida uniformización de la actual universalización, la única esperanza, ¿quizás la última?, está en el regreso a las culturas y tras Cataluña vendrán otros entes culturales-políticos con mayor legitimidad que los propios Estados-nación para ser libres que, asentados en la reivindicación de la identidad, volverán a encender nuevas luces rojas y a poner en evidencia las vergüenzas de esta Europa que no responde a la exigencia democrática del siglo XXI ni a las aspiraciones legítimas de sus auténticos pueblos que la debieran conformar. De nada servirá calificar estas aspiraciones de populistas, nacionalistas (o como se las quiera llamar), de “veneno” como acaba de hacer el titular de un periódico de gran tirada estatal con intención deslegitimadora por no decir, ofensiva. Al final, siempre se impondrá el poder imponente de los hechos. El problema no es Cataluña… es esta Europa, conformada por sus Estados-nación, que forma parte de un sistema en el que, la involución democrática es el reflejo de la corrupción axiológica, política y económica que conforma su racionalidad. Dicho de otra manera más clara: la involución democrática y la corrupción son necesarias para que el propio sistema estatal europeo se mantenga.

votos |¡comenta!

Herramientas de Contenido

COMENTARIOS: Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120