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Períodico de Deia
primer consejero delegado de deia

José María Gorordo: “DEIA era necesario para que hubiese una voz propia del país”

En 1977 José María Gorordo aceptó el reto de crear DEIA de la nada. Lo consiguió en tiempo récord y en un contexto predemocrático lleno de trabas. Cuatro décadas después describe satisfecho lo conseguido y el impacto que tuvo en la sociedad vasca

Una entrevista de Aner Gondra. Fotografía de Pablo Viñas - Domingo, 3 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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José María Gorordo posa con un ejemplar de su última tesis doctoral, la tercera que realiza.

José María Gorordo posa con un ejemplar de su última tesis doctoral, la tercera que realiza. (Pablo Viñas)

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  • José María Gorordo posa con un ejemplar de su última tesis doctoral, la tercera que realiza.

Bilbao- Director de la Cámara de Bilbao, director de EITB, alcalde de Bilbao, consejero del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas... La colección de cargos ilustres de José María Gorordo (Plentzia, 1947) está al alcance de pocos. Antes de todo eso se manchó las manos de barro para llevar DEIA a los kioscos. Hoy celebra aquel hito.

¿Cómo se cruzó en su camino la posibilidad de embarcarse en el proyecto de DEIA?

-Yo estaba trabajando en Artiach y tenía un buen puesto. Ganaba mucho dinero. Además, daba clases en la Universidad de Deusto. Allí había otro profesor, Kepa Sodupe, que era de la ejecutiva del PNV. Él empezó a comentarme que querían hacer algo, pero no sabían qué y a ver si yo quería hacer algo con ellos. Ese fue el primer planteamiento que me hizo alguien. Yo estaba valorando irme a trabajar a Mondragon, a las cooperativas. Fui a que me entrevistaran y los cooperativistas me preguntaron cuánto dinero ganaba. Yo ganaba unas 56.000 pesetas y en Mondragon iba a ganar 30.000. ¿Y cómo vienes aquí a ganar mucho menos?, me preguntaron. Eso no me gustó. Si te metías siendo joven en la cooperativa era porque tenías ganas de hacer algo, no por dinero. Me pareció feo que llamasen a Artiach para ver si era verdad que ganaba lo que yo decía. Después de hablar con Sodupe estuve con Ajuriaguerra en las oficinas del PNV. Eso fue a primeros de 1977 y en junio ya estaba DEIA en la calle. Todo fue muy rápido. En aquella época también se estaba preparando Egin. Llevaban un año con ello, pero les sacamos mucha ventaja y conseguimos sacar el periódico antes de las elecciones.

¿Por qué era necesario crear DEIA?

-Era imprescindible. Ahora se ve el ejemplo de lo que sucede en Catalunya y la importancia que tienen TV3 y los medios catalanes. Los medios de comunicación son necesarios para equilibrar. En una sociedad democrática y libre tiene que haber medios de todos, pero en aquel entonces no había más que de un bando. Me acuerdo que había un periódico que no permitía anuncios ni de partidos separatistas, ni de rojos. A Garaikoetxea le ponían siempre con ch y no defendían a lo que después han sido mayorías. DEIA era necesario para que hubiese una voz propia del país. Y una consecuencia del nacimiento de DEIA fue que otros medios tuvieron que abrirse y equilibrar la información. En dos años ya estábamos en beneficios y con la misma tirada que El Correo. Se forzó a otros medios a abrirse al nacionalismo vasco, que no estaba ni en las radios, ni en la televisión, ni en los diarios.

También vivió algo parecido en ETB.

-Sí. Yo he tenido la suerte de ver dos experiencias muy importantes en ese sentido, la de DEIA y la de ETB. En ETB pasaba lo mismo. Cuando yo fui solo había una televisión estatal, TVE y ETB-1, que tenía un 5% de audiencia. Cuando montamos ETB-2, también con un conflicto con la Guardia Civil y la Ertzaintza en Durango, así que no es nuevo lo de Catalunya. Los medios son imprescindibles para que haya un equilibrio. ¿Qué serían hoy en día los partidos políticos si no hubiesen medios de comunicación? Hubo una necesidad de abrirse a unas nuevas corrientes de opinión. En aquel momento el PNV estaba ilegalizado. En aquella época las encuestas le daban un 7%. Yo pregunto públicamente: “¿Qué culpa tuvo DEIA de que el PNV fuese el primer partido en las primeras elecciones, que se hicieron siete días después de la aparición del periódico?” Para mí, fue importantísimo, porque demostró fuerza, demostró lo que no pudieron conseguir otros que llevaban más tiempo intentándolo. En aquel tiempo le dio un poder de influencia social que supuso pasar del 7% a más del 30%.

¿Cuál fue el primer objetivo que se marcó en el proyecto de DEIA?

-El primer reto fue la velocidad, porque había que sacar el periódico antes de las elecciones. Había que hacerlo sin tener un local, ni periodistas, ni teclistas, ni nada. Montamos un equipo de gente para las distintas cosas. Ninguno sabíamos lo que era un periódico ni cómo se hacía.

¿Tenían algún referente o ejemplo a seguir?

-Ninguno. De febrero a mayo hubo que contratar gente. En aquella época no era como ahora. Si te llama el que está en el poder, va cualquiera. Pero en aquella época el PNV no era nada. Era una expectativa que igual quedaba en nada. Costó mucho convencer a periodistas de que vinieran.

¿Qué perfil de periodistas se reclutó?

-En aquel momento eran periodistas de La Hoja del Lunes y algunos de El Correo. Vinieron, entre otros muchos, José Ramón Basterra, que era periodista y gerente, e Ignacio Iriarte, que era en aquel momento el director de La Hoja del Lunes. Se trajeron un grupo de gente que eran amigos suyos. Muchos navarros, era la época del periodismo navarro. Y otros más que fueron entrando, como Alfonso Ventura. Luego se puso un bloque que trabajó en euskera, con Martín Ugalde y Amatiño. Había periodistas nuevos que no habían trabajado nunca. Para la fotocomposición, cuyo equipo compramos todo en París, había que aprender todo desde cero. Contraté algunos de El Correo que enseñaron a otros compañeros. Se contrataron cerca de 200 personas en dos meses y muy pocos técnicos sabían hacer su trabajo. Había cuatro o cinco que habían trabajado antes, pero los demás tenían que aprender el oficio. Se suplía la falta de experiencia con ilusión. Por eso se pudo hacer y estábamos dispuestos a salir el 4 de junio. Íbamos a hacerlo, con muchos fallos, pero podíamos salir a la calle.

¿Cómo financiaron el proyecto?

-No teníamos un duro. Los de Egin solían decir que teníamos mucho dinero y no teníamos nada. Cuando fui a Suecia y París a por rotativa y toda la parte informática del periódica, firmamos noventa y tantos millones de pesetas que no teníamos. Sabin Zubiri y yo fuimos a alquilar una oficina en Elcano y allí teníamos el cuartel general. Había gente seleccionando personal y lo principal, conseguir dinero. Hacíamos unas reuniones en el antiguo Baliak con gente afín para recaudar dinero. En las primera comidas recaudamos 15 o 16 millones de pesetas. ¡Y nos habíamos comprometido a más de 90! El personal se portó de maravilla porque hizo un sacrificio. Los sueldos máximos eran el de Basterra y el mío, de 25.000 pesetas. Pero el mínimo era la mitad. Era una manera de ilusionar. Era una época cooperativista. Hoy sería imposible algo así. Afectaba a todos.

¿Qué trabas legales o políticas se encontró DEIA en Madrid?

-Adolfo Suárez estaba en aquel proceso de predemocracia y nos querían dar la licencia, pero para después de las elecciones. Tuvimos que ir unos cuantos a Madrid a presionar. Fuimos al Ministerio de Información y Turismo para vernos con Herrera Guajardo, pero nos dijeron que no estaba. Nos quedamos esperando y presionamos todo lo que pudimos. Dijimos que no íbamos a consentir aquello y que íbamos a salir a la brava el 4 de junio. Ese día hicimos una asamblea a las 11.00 de la noche para decidir si salíamos o no. Al final, nos garantizaron que a la semana siguiente saldríamos.

¿Llegó a pensar que no podrían sacar DEIA a la calle?

-No. Hubiésemos salido por las bravas de todos modos. El día 4 lo paramos porque nos pidieron unos días. Pero el periódico de ese día estaba hecho. Hicimos una asamblea con todo el mundo. Conté los últimos datos de las promesas de Madrid y se decidió que, si solo eran unos días, esperábamos.

¿Qué fue lo que más le sorprendió de esa carrera de obstáculos?

-Fue una cosa preciosa. Actuar de emprendedor puro y duro con 200 personas ilusionadas en un nuevo proyecto no se te olvida nunca. Los cuatro años. Teníamos dificultades logísticas para repartir por la velocidad de la rotativa. Para tirar 30.000 ejemplares estaba muy bien, pero para 60.000 o 70.000 era una máquina que no daba de sí. Salíamos más tarde y teníamos problemas porque ninguno sabíamos nuestro oficio. Crear desde cero una empresa y que en tres años sea rentable, eso es difícil de repetir. No solo rentable, sino que generó una dinámica de orgullo social en torno a un grupo nacionalista por el que se fundó. Al mismo tiempo generas una dinámica que obliga a los demás a ser más abiertos a todos. De hecho, se ha notado. Había que ver la prensa que había aquí en 1975 y ver la que hay ahora. Eso es evidente y clarísimo.

Posee los números cero. ¿Costó hacer engranar todas las piezas?

-No. Lo más destacado eran las faltas de ortografía y las erratas. Esas nos traían de cabeza. No era fácil por la velocidad con la que había que hacer todo. Las teclistas no daban abasto y estaban aprendiendo su trabajo, como los correctores. Pero los números cero salieron bien, estaba muy bien.

¿Cómo recuerda el día del primer número de DEIA?

-Lo recuerdo muy bien, porque fue mucha gente invitada a nuestras instalaciones para ver la rotativa. La gente estaba contentísima. Hay que situarse en la época predemocrática. No había habido ninguna elección. Y de pronto sale un periódico que se llama DEIA con un eslogan que tiene su aquel, Gure lurraren DEIA. También se barajó el nombre de Garoa.

¿Qué fue lo que le resultó más gratificante en su etapa en DEIA?

-El momento en el que dejamos de tener pérdidas. Lo que más recuerdas es la influencia del medio en la sociedad. Es lo más importante y el objetivo principal, pero que en dos años dejásemos las pérdidas fue importante porque nos permitía innovar y mejorar. Más adelante se cambió la rotativa, el local…

¿Le costó dejar DEIA?

-Sí. Pero yo había cumplido mi objetivo, que era lanzarlo y evitar las pérdidas. Luego me presenté a una oposición en la Cámara de Comercio.

¿Cómo fue su relación con DEIA cuando pasó a ser protagonista de las noticias?

- Buena, pero entre la política y los medios de comunicación siempre hay esa relación de amor y odio. DEIA tenía un problema. Recuerdo que recibíamos muchas presiones. Nosotros, cuando empezamos, queríamos hacer un periódico abierto. Nacionalista, de influencia en el país, pero no cerrado políticamente. Era difícil. Al principio era más fácil. ¿Por qué? Porque al principio el nacionalismo no tenía ningún poder. Eso pasó hasta las elecciones municipales de 1979. Cuando el nacionalismo empezó a tener poder en ayuntamientos y en diferentes sitios, había muchas llamadas al periódico. Eso a DEIA le condicionó bastante. Los dos primeros años fueron más relajados en ese sentido.

¿Reconoce en el actual DEIA el diario que usted echó a andar?

-Algo sí que reconozco. En el fondo, sí. La prueba es que cuando hizo el acto de su cuarenta cumpleaños tuvo mucha fuerza. La diferencia principal es que en aquella época a DEIA se acercaba muy poca gente de los influyentes y ahora se acerca mucha más por el poder. Muchos que hablan de DEIA como si lo conociesen desde el primer día, en aquel momento ni estaban ni se les esperaba. Eso es una realidad objetiva. Yo lo digo porque tengo libertad para expresarme. En aquel momento DEIA no era lo mismo y ahora tiene un respaldo importante de poder. Eso le da un soporte de los influyentes en términos generales. Al margen de eso, el periódico tiene una línea bastante aceptable. No se ha sesgado mucho y sigue una línea como la que se esperaba cuando nació DEIA. Cuando creamos el periódico, además de las comidas para recaudar dinero, había una línea de actuación para conseguir créditos. Fuimos a un banco para pedirle un crédito privilegiado. Todavía no había habido elecciones y hablamos con su director general, que me decía que no le pidiese dinero, que le metía en un compromiso. Le pedimos 30 millones a un tipo de interés privilegiado. Esas cosas se daban y luego, además, se vio que se hacían muchas más trampas. No me pidas, me decía, porque voy a tener un lío por daros un préstamo. No solo no dio los 30 millones al tipo que decíamos, sino que dio 5 millones al tipo de interés más alto del mercado. Esas personas luego sí aparecen en los actos de DEIA.

¿Cómo le gustaría que evolucionase DEIA?

-Me gustaría que siguiese en su línea. Lo que tiene que hacer es asumir que ha cambiado la situación con las nuevas tecnologías, que antes no existían. Antes todos los que leían un periódico lo hacían en papel. Ahora muchas veces lees en papel y otras muchas lo lees en la pantalla del televisor, en el ordenador o en el teléfono. La telefonía digital ha evolucionado la tira y los medios se están adaptando a eso. Ahora sí, lo escrito siempre queda escrito. Yo que he escrito tres tesis doctorales sé qué es poner negro sobre blanco. Siempre tiene más fuerza que lo que aparece en una pantalla. También me gustaría que siguiese una línea.

las claves

“¿Qué culpa tuvo DEIA de que el PNV fuese el primer partido en las primeras elecciones? Para mí, fue importantísimo”

“Actuar de emprendedor puro y duro con 200 personas ilusionadas en un nuevo proyecto no se te olvida nunca”

“Muchos que hablan ahora de DEIA como si lo conociesen desde el primer día, en aquel momento ni estaban ni se les esperaba”

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