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Jaime Oliver, una vida repleta de trazos marítimos

El donostiarra Jaime Oliver diseña buques desde su bucólico estudio de Azkorri Oliver Design

Hace unos años diseñó un yate de lujo para Donald Trump que finalmente no fue construido

Carlos Zárate - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Getxo- “Camina hacia el mar y me encontrarás”. Desde el barrio getxotarra de Andra Mari por la Estrada Diliz dirección a la playa de Azkorri y el paseo de La Galea se encuentra el estudio de Jaime Oliver (Donostia, 03-08-1940), romántico naval por encima de ingeniero y hombre de sobrada creatividad que a lo largo de más de 50 años de carrera profesional ha intervenido en el diseño de cientos de barcos: desde buques de trabajo a yates, pasando por ferris, buques de pasaje, veleros, etc. Incluso mantuvo una estrecha relación con el hoy presidente norteamericano Donald Trump, que seleccionó a su empresa en 1993 para diseñar un superyate de lujo que finalmente no llegó a construirse. “Después de un año trabajando en el desarrollo del proyecto decidió comprarse un avión”, desvela Oliver, que también ha trabajado con el rey emérito Juan Carlos.

El acceso al estudio y al mismo tiempo residencia familiar de Jaime Oliver sumerge al visitante en un viaje al interior de un barco, donde la madera es protagonista. Una pasarela, como si de un muelle se tratase, conecta con el espacio laboral donde Oliver desarrolla sus creaciones. Rodeado de vegetación, palmeras y un entorno natural incomparable que favorece la inspiración, Jaime vive a caballo entre el mundo y este bucólico centro de alto rendimiento en el que ha convertido su hogar. Estrechamente ligado a la actualidad en busca de oportunidades, su cabeza siempre está en movimiento. Una diminuta libreta y un lápiz son sus fieles compañeros de viaje. “Siempre van conmigo en mi bolsillo”, señala. Aunque, si alguna vez no los tiene encima, se busca la vida. “He diseñado muchos barcos en servilletas de hoteles e incluso en la palma de la mano. Los aeropuertos también son una fuente de inspiración para mí. Todas las creaciones importantes empiezan en un boceto”, resume este creador de sueños navales que rechaza el ordenador. “Siempre dibujo a mano”, apunta. Cuando su mente necesita un respiro, se relaja con la armónica. “Toco 364 canciones”, destaca. De gran vitalidad, a sus 77 años sigue defendiendo que “se pueden hacer muchas cosas a la vez”. Con siete hijos y trece nietos, no quiere oír hablar de parar. “¿La jubilación? No sé lo que es eso”, indica.

En su estudio las paredes están repletas de bocetos, trazos, mapas, ideas y frases inspiradoras. Jaime tiene muy presente a Víctor Hugo cuando afirmó que “no existe en el mundo nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”. Y es que como visionario de la arquitectura naval ha visto cómo muchos de sus proyectos fracasaban y al de un tiempo resucitaban. “Resucitan si son buenos”, subraya. Con 16 años estuvo dos meses y medio viajando por Europa, únicamente con 200 pesetas en el bolsillo. “Esa experiencia me ayudó a forjar mi carácter”, recuerda. Su niñez en la bahía donostiarra le imprimió su amor por la arquitectura naval. Así, en 1964 se graduó en la Escuela de Ingenieros Navales de Madrid, y entre 1965 y 1973 trabajó en La Naval. Durante esa etapa mostró un gran carácter emprendedor, como cuando en un viaje a Irak se trasladó a Kuwait y no dudó en telefonear a posibles inversores en busca de nuevos proyectos. Posteriormente, entre 1971 y 1978, creó Astilleros Revilo (su apellido al revés) en Santurtzi, en el que construyó 27 yates. Sin embargo, una deuda impagada por parte de un cliente acabó con sus sueños. “Te hundes y toca remontar”, afirma con serenidad. Cuando volvió a recobrar el aliento económico en 1990, fundó su actual empresa: Oliver Design. “En la vida hay que tener espíritu de lucha, amar el riesgo y creer en uno mismo”, sentencia.

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