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Uxue Barkos PRESIDENTA DEL GOBIERNO DE NAFARROA

“El final de ETA, una de las conquistas más hermosas de este pueblo, nos va a permitir superar la demonización del euskera”

El acuerdo sobre el Convenio ha regalado un buen final de año a Barkos, que también ha recibido buenas noticias en lo económico, y que sirven para mitigar el disgusto por el rechazo a la lista única de Educación, que ha hecho aflorar diferencias en el cuatripartito

Una entrevista de Humberto Unzueta - Domingo, 31 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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La presidenta navarra, Uxue Barkos, en su despacho del Palacio de Navarra, en Iruñea, donde mantuvo la conversación con este diario.

La presidenta navarra, Uxue Barkos, en su despacho del Palacio de Navarra, en Iruñea, donde mantuvo la conversación con este diario. (Patxi Cascante)

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  • La presidenta navarra, Uxue Barkos, en su despacho del Palacio de Navarra, en Iruñea, donde mantuvo la conversación con este diario.

iruñea- Vital y activa donde las haya, Uxue Barkos no puede esconder la satisfacción por el acuerdo firmado esta misma semana sobre el Convenio económico navarro que le permite encarar con renovados bríos el tramo final de su legislatura.

Un final de año inmejorable.

-Supone el reconocimiento de que la propuesta que hacía el Gobierno navarro no solo no era desleal, no era unilateral porque se apoyaba en la ley, sino que defendía los intereses generales de Navarra, en solidaridad con el resto de comunidades del Estado. Pero el primer eje de solidaridad es la defensa de la casa propia.

¿Ha interferido y obstaculizado UPN este acuerdo sobre el Convenio?

-Lo que puedo decir es que, ante algunas de las actuaciones de UPN, el Gobierno de Navarra decidió hace un año plantarse. Se plantó ajustándose a la ley. Pero en la exigencia de una negociación, desde luego la de UPN fue una actitud que en nada ha ayudado sino todo lo contrario.

¿Son la Aportación navarra y el Cupo vasco un privilegio?

-Cuando oigo hablar de privilegio me enervo porque no es cierto y lo sabemos bien el Gobierno vasco y este gobierno. La responsabilidad en momentos de crisis como este es un elemento de solidaridad. Quien no es responsable y no puede cumplir con sus obligaciones difícilmente puede ser solidario con el vecino. Esto nos obliga a gestionar lo nuestro de manera rigurosa y austera y sin frivolidades. No es un privilegio, es un derecho histórico reconocido.

¿Animaría a otras comunidades a que asumieran este modelo?

-Los derechos no son exportables pero no niegan la posibilidad de que el modelo sea exportable. Si cualquier comunidad autonómica o todas ellas entendieran que un modelo de responsabilidad como este es el que quieren asumir, tienen una oportunidad magnífica.

Los indicadores económicos en Nafarroa también le están sonriendo. ¿A qué lo atribuye?

-Los datos macroeconómicos y de empleo no son atribuibles en exclusiva a la acción de un gobierno, pero sí es cierto que una acción de gobierno que conlleva estabilidad -frente a lo que se había vivido aquí en la legislatura anterior-, que saca adelante sus presupuestos, que hace el esfuerzo de bajar el 30% los sueldos de la presidenta, los consejeros y los altos cargos del Gobierno de Navarra... todo esto genera una estabilidad que propicia un viento a favor.

El Gobierno español ha interpuesto más de una docena de recursos ante el Tribunal Constitucional contra leyes forales. ¿Es fiable el Gobierno español?

-La firma del Convenio pone de manifiesto que, cuando se ejerce la política, entre antagónicos políticos es posible acordar en defensa de los intereses de la ciudadanía. Existe una divergencia clara pero creo que la firma del acuerdo sobre el Convenio pone de manifiesto que la acción política tiene un valor.

¿Se abre un nuevo clima entre Madrid y Navarra? ¿Es el final de la recentralización?

-No, ese impulso sigue ahí intacto. Hay un impulso recentralizador del PP pero no solo del PP, ahora tiene el acompañamiento de Ciudadanos que a veces parece que quisiera borrar de un plumazo determinados preceptos constitucionales que nos han permitido una convivencia, a veces algo dificultosa, pero convivencia. Ese impulso recentralizador representa la peor expresión del nacionalismo español.

¿El auge de Ciudadanos en Catalunya va a alimentar aún más el impulso recentralizador?

-Ciudadanos no tiene ninguna responsabilidad de gobierno en ninguna institución importante, ya sea en gobiernos autonómicos o en ayuntamientos de grandes ciudades. Esto explica el que a veces haga exigencias al Ejecutivo desde una posición adolescente. Falta madurez en mucha de sus aportaciones.

El cuatripartito llegó hace dos años y medio al Gobierno navarro y lo hizo con la bandera del cambio. ¿El cambio se está notando ya a pie de calle?

-Seguramente no en la medida y en la velocidad que quienes nos auparon hasta aquí hubieran querido sentir. Yo siempre he sido muy cauta en este sentido, ya desde la campaña electoral antes de llegar al gobierno. Nuestra apuesta y manera de trabajar está suponiendo unos cambios radicales, pero comprendo que a pie de calle hay cosas que siendo evidentes siguen teniendo alguna carencia. Si alguien pensó que los destrozos de la crisis económica pero sobre todo de la gestión que algunos hicieron de aquella crisis en el gasto social se podían resolver en dos, tres o cuatro años se equivocaba. Pero estamos en la senda, necesitamos más tiempo.

Luego, eso que algunos llaman “el régimen” no está totalmente superado.

-40 años de gobiernos de un leve diferente signo no se difuminan así por así en ámbitos muy diferentes, tanto en el conjunto de la Administración como en la mirada que sobre la sociedad navarra deja una gestión de esas características. En dos años y medio no dejan de existir algunas estructuras que lógicamente siguen teniendo peso y de manera importante.

¿Se está refiriendo al Opus Dei, que sigue teniendo una fuerte penetración e influencia en Nafarroa? ¿Sigue teniendo mando en plaza en lo público?

-No, de ninguna manera. He de decir que el Opus Dei, más allá de algunas diferencias y de momentos que no han sido fáciles a la hora de gestionar una nueva manera de trabajar, por ejemplo en lo referente a los trabajadores sanitarios de la Universidad de Navarra, ha entendido perfectamente cuál ha sido el mandato de la sociedad navarra . No tengo ninguna duda de que es absolutamente respetuoso con ese mandato. Siempre he dicho que no tengo un caballo de batalla con el Opus Dei. Sí lo tenía con determinadas políticas públicas que pudieran hacer de esta entidad o de cualquier otra un socio o entidad favorecida desde lo público. Eso sería inadmisible y no lo permitiría nunca.

Cuando asumió el cargo confesó que se sentía una presidenta abertzale en un territorio no abertzale. Dos años y medio después, ¿ha cambiado su percepción?

-No, no lo confesé, lo proclamé. Además, no fue así la frase. Dije que era una presidenta aber-tzale en una comunidad que mayoritariamente no lo es [abertzale]. No es cierto que Navarra no tenga una población abertzale tan importante, aunque cuantitativamente menor, como la no abertzale. Lo que yo proclamé es que los abertzales también podemos gestionar Navarra, incluso en una comunidad que no lo es. Soy muy consciente de a qué territorio y a qué ciudadanía debo representar. Esto supone que no permitiré que se imponga ningún tipo de posicionamiento político en este sentido. Además, bajo esa proclama también quería significar que los abertzales no somos ni mucho menos navarros de segunda, tampoco de primera.

A través del Parlamento foral, la oposición y un partido del cuatripartito han hecho una especie de 155 con la lista única de Educación. ¿Ha sido un revés grande?

-No voy a ocultar que ha supuesto un disgusto para este gobierno. Cuando se inocula el miedo al euskera, que es lo que se está haciendo con gestos parlamentarios como este bastante poco responsables, se está inoculando miedo, se le está diciendo a la parte de la sociedad que no habla euskera que se le van a coartar o reducir derechos y posiblidades de acceso al empleo. No es verdad. Evidentemente una persona que no habla euskera difícilmente va a ser profesor de matemáticas en el modelo D, como no lo sería un profesor de matemáticas si no tiene el título de matemáticas.

¿Ve intención de vincular el euskera con nacionalismo vasco y de paso con la violencia?

-El euskera es de todos, del conjunto de la ciudadanía, independientemente de su adscripción ideológica. Sí es cierto que se ha buscado claramente identificar euskera con nacionalismo, nacionalismo vasco, y finalmente con la violencia. Ese próximo final de ETA, que es una de las más hermosas conquistas sociales de este pueblo, nos va a permitir superar este tipo de demonizaciones del euskera.

Este año han aflorado en el cuatripartito varias disensiones importantes. ¿Va a llegar el cuatripartito al final de la legislatura?

-El cuatripartito ya llegó a la orilla de la playa. No es cierto que nos vayamos a ahogar tocando la orilla porque ha recogido el anhelo de una mayoría ajustada, ha sido capaz de superar la dificultad extrema de una alianza entre cuatro partidos de los que a su vez tres son coaliciones (Geroa Bai, EH Bildu e Izquierda-Ezkerra), hizo un acuerdo programático, fue capaz de acordar una fórmula de gobierno, de superar profundas diferencias porque teníamos claro cuáles eran nuestras prioridades: tener presupuestos en forma y tiempo durante ya tres años consecutivos, tenerlos en un momento de crisis económica y con unas arcas que las recibimos peladas, ya que, cuando llegamos, no había dinero ni para pagar una nómina, y hemos sido capaces de hacer una reforma fiscal.

¿También con el TAV hay diferencias?

-Las diferencias son evidentes y será algo que habremos de tasar en los próximos meses y de cara a un nuevo encuentro en una nueva legislatura, si así lo decide la ciudadanía navarra.

¿Está usted a gusto con el encaje de Nafarroa con el actual modelo de Estado?

-Yo estaba muy a disgusto con el empeño que, por intereses partidarios, UPN había decidido hacer vivir a Navarra de espaldas a la CAV y a sus ciudadanos. Estamos hablando de una vecindad de relación cierta, por evidencias culturales e históricas y, sobre todo, por necesidades y oportunidades compartidas en términos socioeconómicos. La situación ha sido muy perjudicial para Navarra y lo estamos restañando.

¿Pero es una relación de buena vecindad o está hablando de una anexión a Euskadi?

-Yo sí creo en un encuentro de territorios forales. ¿Cuál es la fórmula? Habría que mirar muchas cosas, pero debería tener una premisa básica: la mayoría social de los territorios. En Navarra, en estos momentos, es claro que no hay una mayoría por esa opción. Por lo tanto, estoy cómoda en esta situación porque es lo que quiere la mayoría de la sociedad navarra. No le voy a negar que yo abogaría por la otra opción, pero siempre desde la premisa de la voluntad soberana de los navarros.

Luego, de momento no piensa recurrir a la Disposición Transitoria Cuarta.

-Desde la oposición se me espeta que no la pienso activar porque perdería la votación. Ya lo sé. Yo solo activaría la Transitoria Cuarta en el caso de que la sociedad navarra tuviera un anhelo mayoritario por activar la Transitoria Cuarta. Ese es su sentido: dar cauce legal en el caso de que una posición mayoritaria de los navarros y las navarras fuera en esa línea.

En ese supuesto, a diferencia de la vía catalana, la consulta no requeriría la aprobación del Congreso de los Diputados porque es un precepto recogido en la Constitución.

-Con el Plan Ibarretxese dieron cuenta de que la Transitoria Cuarta es una herramienta que deja exclusivamente en la soberanía navarra la posibilidad de ese posible cambio administrativo. Yo entonces estaba como diputada de Nafarroa Bai en el Congreso de los Diputados. Ya lo advirtió el expresidente navarro Miguel Sanz cuando dijo aquello de que “habrá que derogar la Transitoria Cuarta antes de que los navarros se vuelvan locos”.

¿La vía de la unilateralidad ha fracasado tras lo visto en Catalunya?

-La unilateralidad requiere de un escenario de juego en el que determinados acompañamientos estén asegurados. No vale con la sola reivindicación política. Es necesario un cierto encuentro social en el conjunto del Estado, no hablo de una mayoría. También requiere tejer determinadas complicidades en el ámbito internacional de reconocimiento de ese anhelo político, y desde luego también en el ámbito socioeconómico. Quizás esto no se ha producido. Pero son los propios dirigentes del Gobierno Puigdemont quienes han negado que se produjera tal ejercicio de unilateralidad.

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etiquetas: navarra, eta, barkos

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