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23-F: El día que España contuvo el aliento

Las tensiones de la Transición desembocaron en una intentona militar golpista que fracasó en cuestión de horas

CARLOS C. BORRA - Martes, 6 de Junio de 2017 - Actualizado a las 16:23h

El teniente coronel Antonio Tejero, en el momento de irrumpir en el Congreso el 23-F.

El teniente coronel Antonio Tejero, en el momento de irrumpir en el Congreso el 23-F. (Foto: DNA)

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  • El teniente coronel Antonio Tejero, en el momento de irrumpir en el Congreso el 23-F.

BILBAO. El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue la máxima expresión de las tensiones que caracterizaron el periodo de Transición después de cerca de 40 años de dictadura. El golpe, que tuvo sus principales episodios en el asalto al Congreso y la ocupación militar de Valencia, no logró poner fin al proceso democrático que siguió a la muerte de Franco en 1975. No obstante, tuvo consecuencias como la involución autonómica que supuso la aprobación de la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (Loapa), después declarada parcialmente inconstitucional.

El caldo de cultivo que alimentó la intentona golpista incluyó la escalada terrorista de ETA, la resistencia desde ciertos sectores del Ejército a aceptar el nuevo sistema democrático (con la legalización del Partido Comunista como principal agravio), el azote de la crisis económica y las dificultades para articular una nueva organización territorial del Estado. La debilidad del Gobierno de UCD de Adolfo Suárez tampoco ayudó, de hecho el día elegido para el golpe coincidió con la segunda votación de la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente español tras la dimisión del primero el 29 de enero de 1981.

En plena votación por la tarde, unos 200 guardias civiles armados entraron en el hemiciclo liderados por el teniente coronel Antonio Tejero. Tras gritar el ya famoso “¡quieto todo el mundo!”, Tejero ordenó que todos los diputados se tiraran al suelo. Entonces se produjo un forcejeo con Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno y teniente general del Ejército de Tierra, seguido de los disparos al aire de los asaltantes. Se anunció la llegada de la “autoridad militar competente”, que algunos identifican con uno de los muñidores de la asonada, el militar Alfonso Armada. Mientras, las cámaras de Televisión Española grababan para emitir las imágenes en diferido y la Ser siguió retransmitiendo desde el interior del Congreso en la conocida como noche de los transistores.

De forma paralela, el capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, se sublevó y desplegó dos millares de hombres y 50 carros de combate en Valencia, tras lo que declaró el estado de excepción. Sin embargo, Milans del Bosch fracasó en su intento de sumar a otros jefes militares al levantamiento, una negativa a la que contribuyó el papel desempeñado por el rey Juan Carlos I durante esa noche. El mensaje televisado que se emitió a la una y cuarto de la madrugada del día 14, en el que aseguraba que había adoptado “todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”, acabó por desbaratar el golpe.

Milans del Bosch retiró las tropas tras recibir una llamada del rey y Tejero negoció las condiciones de la rendición a lo largo de la mañana. Al mediodía, este capítulo ya había llegado a su fin con el desalojo del Congreso. En el juicio celebrado en 1982 Antonio Tejero, Milans del Bosch y Alfonso Armada fueron condenados a 30 años de reclusión.

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