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De la crisis industrial al ‘boom’ del ladrillo

La recesión de 1993 disparó la tasa de paro y precipitó la economía hacia el ‘modelo Aznar’ basado en la construcción

ADRIÁN LEGASA - Martes, 6 de Junio de 2017 - Actualizado a las 20:01h

Aznar con Felipe González días después de las elecciones de 1996.

Aznar con Felipe González días después de las elecciones de 1996. (EFE)

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  • Aznar con Felipe González días después de las elecciones de 1996.

BILBAO. Tras el impulso económico que supuso la entrada en la Unión Europea, la llegada de los años noventa devolvió a España a la cruda realidad. El golpe se produjo en 1993, apenas unos meses después de la celebración de dos grandes eventos a nivel mundial como fueron los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla. La actividad de las empresas paró en seco, el desempleo se disparó hasta el 24% y las arcas del Gobierno de Felipe González quedaron vacías después de los fuertes desembolsos en infraestructuras ligados a las Olimpiadas y a la Expo.

La crisis de los noventa coincidió con la culminación de la reconversión industrial, que en el caso de Euskadi forzó el cierre definitivo, en 1996, de los Altos Hornos de Bizkaia. Agotado el modelo de crecimiento basado en la industria tradicional, la economía española puso la proa en dirección a la construcción y los servicios. El cambio de color en la Moncloa, a la que accedió el popular José María Aznar tras ganar en las elecciones de marzo de 1996 a Felipe González, sirvió para completar el viraje.

Después de trece años y medio en la presidencia del Gobierno, el desgaste del abogado sevillano era evidente. La crisis económica daba la puntilla a un Ejecutivo socialista sacudido por los escándalos de corrupción o los relacionados con los GAL. El descontento era tal que González se enfrentó a tres huelgas generales contra las reformas en menos de seis años -diciembre de 1988, mayo de 1992 y enero de 1994- con la participación de UGT, sindicato afín al PSOE y liderado entonces por Nicolás Redondo Urbieta.

Aznar aterrizó en el Gobierno con un plan de liberalizaciones y privatizaciones bajo el brazo, ventas con las que logró maquillar las maltrechas cuentas públicas del Estado. Así, el PP vendió empresas públicas como Telefónica o Repsol, y puso en marcha nuevas reformas del mercado de trabajo para contener los salarios y las indemnizaciones de despido y favorecer la contratación.

Pero la clave del milagro de Aznar fue el despegue de la construcción asentado en una cada vez mayor burbuja inmobiliaria. La parte final de los años noventa tuvo al ladrillo, el crédito fácil y la especulación como grandes protagonistas y principales soportes del crecimiento en la era Aznar. La derrota del PP en las elecciones de 2004, que llevaron al poder a José Luis Rodríguez Zapatero, hizo que Aznar viera desde la barrera las fatales consecuencias de su modelo cuando en 2008 el castillo de naipes de derrumbó a partir de la quiebra de Lehman Brothers en EE.UU. La construcción, que debía dar relevo a la industria, sigue sin recuperarse del golpe.

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