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El ciclismo vasco se hace presente en los grandes escenarios

Olano y Astarloa ganaron el Mundial y Euskadi también pisó los podios de las grandes vueltas

ROBERTO CALVO - Martes, 6 de Junio de 2017 - Actualizado a las 21:10h

Igor Astarloa, ganador del Mundial de 2003 en Canadá.

Igor Astarloa, ganador del Mundial de 2003 en Canadá. (EFE)

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  • Igor Astarloa, ganador del Mundial de 2003 en Canadá.

BILBAO. El ciclismo vizcaino y vasco de estos 40 años ha sido mucho más que Miguel Indurain y el Euskaltel-Euskadi. La prolífica cantera ha hecho llenar portadas y páginas con los triunfos de otros corredores y de otros equipos. Y eso que DEIA nació en una época de menor esplendor tras aquellos años marcados en los 70 por la rivalidad entre el KAS y el Fagor. Pero ya en 1978 Miguel Mari Lasa se llevó una etapa del Tour y a partir de ahí se sucedieron las victorias de todo tipo. Euskadi y este periódico han podido celebrar en este tiempo dos títulos mundiales, el de Abraham Olano en 1994 en Colombia, que tuvo su punta de épica, y el de Igor Astarloa en 2003 en Canadá, que llegó por sorpresa. Incluso hay que apuntar una medalla de oro olímpica, la del asturiano Samuel Sánchez en Pekín en 2008, que fue festejada como propia.

Antes de Indurain, los ciclistas vascos ya se habían dejado sentir en las grandes rondas por etapas. Marino Lejarreta, otro ídolo humilde, se llevó la Vuelta de 1982 y fue segundo en la de 1983 en la que su gran rival en el cariño popular, Julián Gorospe, rozó el triunfo antes de que Bernard Hinault le dejara tirado en el alto abulense de Serranillos en un ataque sin piedad que ha quedado también para la historia del ciclismo vizcaino. El corredor de Berriz hizo del Giro su terreno favorito ya que se llevó dos etapas y acabó siete veces entre los diez primeros y cuatro entre los cinco mejores. Pero en 1990 redondeó su palmarés con otra victoria de etapa en el Tour que concluyó por segundo año consecutivo en quinta posición.

También Gorospe sumó su etapa en el Tour en 1986, el mismo año que alzó los brazos en la ronda gala el donostiarra Peio Ruiz Cabestany. Al año siguiente, Fede Etxabe se impuso en la mítica cima de Alpe D’Huez y después se abrió la era de dominio de Indurain, que popularizó el ciclismo e hizo que surgieran candidatos a su imposible sucesión. Como Abraham Olano, al que se designó como relevo del navarro para las grandes vueltas, aunque el guipuzcoano salió perdiendo en la injusta comparación. Un triunfo y un segundo puesto en la Vuelta, un segundo y un tercero en el Giro y un cuarto en el Tour quizás no premiaron en su debida medida el esfuerzo del de Anoeta.

Unai Osa hizo tercero en el Giro de 2001 con Olano un escalón por encima, aunque el de Itziar no se consolidó y con la llegada del nuevo siglo, apareció otra esperanza vasca para las grandes vueltas, Joseba Beloki, que se batió con los entonces imbatibles Lance Armstrong y Jan Ullrich y acabó en el podio del Tour en tres ediciones seguidas entre 2000 y 2002. La grave caída sufrida en la edición de 2003 en la etapa que llegaba a Gap provocó la retirada prematura de un corredor salido del Euskaltel-Euskadi que tuvo su cénit en una época complicada y, por ello, recibió menos reconocimiento del que mereció.

Después del ciclista de Lazkao, el ciclismo vasco dejó de ver cerca los podios importantes hasta la aparición de Mikel Landa, otro producto de la factoría del Euskaltel que acabó tercero en el Giro de 2015 y que aspira a convertirse en ese nuevo ciclista vasco a seguir en la primavera y el verano. El de Murgia no anduvo lejos de ganar esa edición de la corsa rosa en la que puso en muchos apuros a Alberto Contador antes de tener que supeditarse a la labor de equipo hacia su compañero Fabio Aru, que fue segundo.

Somarriba, otra referencia En este repaso a la historia de los grandes nombres del ciclismo vizcaino y vasco de estos 40 años, es imposible omitir a Joane Somarriba, que contribuyó a que las mujeres también fueran reconocidas en este deporte. La corredora de Sopela ganó dos veces el Giro (1999 y 2000) y tres (2000, 2001 y 2003) el Tour femenino, conocida como la Grande Boucle por razones comerciales, además de un oro mundial en la modalidad de contrarreloj en 2003 y una plata en 2005 en Madrid. Tras este éxito se retiró con el deber más que cumplido.



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