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España da fin al bipartidismo empujada por los aires de cambio social y económico

Podemos y Ciudadanos comieron terreno a unos desgastados PP y PSOE en las elecciones de 2015 y 2016

IMANOL FRADUA - Martes, 6 de Junio de 2017 - Actualizado a las 18:26h

Debate electoral en las elecciones del 20-D.

Debate electoral en las elecciones del 20-D. (AFP)

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  • Debate electoral en las elecciones del 20-D.

BILBAO. Modificaron de raíz un tablero de juego que venía funcionando desde las primeras elecciones democráticas del estado, allá por 1977. Soplo de aire fresco como antídoto ante la crisis social, económica y política que España venía arrastrando años atrás, las elecciones generales de 2015 alumbraron un nuevo escenario en el que al PP y PSOE, desgastados por su desconexión con los votantes, se les sumaron Podemos y Ciudadanos, aupados a izquierda y derecha, respectivamente, por una fulgurante irrupción. La hegemonía popular y socialista, que les ha permitido gobernar de forma alternante, quedó relegada al olvido. La mesa política se construye ahora con cuatro patas y no con las dos de antaño.

La irrupción de Podemos, sus confluencias territoriales y Ciudadanos es aún más perceptible ateniéndose a los datos. Ambos partidos debutaron en las urnas generales el 20 de diciembre de 2015. Amasaron 6,6 millones de votos y un total de 109 diputados de forma conjunta. Apenas medio año después, cosecharon 103 diputados y 6,4 millones de votantes. El PSOE no pasó de los 5,5 millones de sufragios en ambas citas -sus peores datos históricos, dejándose por el camino 1,5 millones de papeletas-, mientras que el PP vio como la amplia ventaja de las elecciones de 2011 -logró 10,8 millones y una cómoda mayoría absoluta de 186 representantes en el Congreso- fue recortada de forma ostensible. Su nuevo nicho electoral se quedó en 7,8 millones de personas. Las dos formaciones tradicionales pasaron de capitalizar casi el 70% de los sufragios a rozar el 50%. El voto de castigo frente a la situación económica y la corrupción era un hecho.

La irrupción de las formaciones morada y naranja -fundadas en enero de 2014 y junio de 2005, respectivamente- llegó acompañada de nuevas formas de hacer política a través de la televisión y las redes sociales. Los primeros por su marcado giro a la izquierda, superando los límites nunca rebasados por los socialistas. Apelaron a la casta y enarbolaron la bandera de los derechos sociales de la ciudadanía. Se organizaron “de arriba a abajo” en círculos pero con un líder reconocible como Pablo Iglesias a la cabeza de la cúpula. Los segundos, originarios de Catalunya, dieron el salto al conjunto del Estado desde la vertiente liberal que el PP no parecía alcanzar y barnizaron su actividad de una imagen de derecha renovada contraria a la corrupción, aunque su presidente Albert Rivera no haya dudado en negociar con los populares. Ambos partidos lograron un crecimiento rápido, aunque no les dio para gobernar. El multipartidismo, de hecho, tampoco ha sido una fórmula idónea para que España tenga un gobierno en mayoría.

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