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La huella humana de los siniestros que marcaron a varias generaciones

Los nombres del ‘Prestige’, Biescas, Aznalcóllar, Uharte-Arakil, ‘Kursk’, Angrois, Lubitz, Bophal, el Concorde o el vuelo JK5022 han escrito la crónica de sucesos

J. FERNÁNDEZ - Martes, 6 de Junio de 2017 - Actualizado a las 16:09h

Recogida de chapapote en playas vascas.

Recogida de chapapote en playas vascas. (AFP)

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  • Recogida de chapapote en playas vascas.

BILBAO. Espeluznantes, terribles, repulsivas… Las imágenes que han aderezado las crónicas de las grandes catástrofes a lo largo de estas cuatro últimas décadas han estampado una imborrable huella en la memoria colectiva de varias generaciones. Más aún cuando el factor humano ha sido juez y parte en el acontecer de hechos estremecedores como los ocurridos en marzo de 2015 cuando un avión de Germanwings, con 150 pasajeros a bordo, fue estrellado deliberadamente por su copiloto (Andreas Lubitz) en los Alpes franceses. No hubo supervivientes.

Tampoco los hubo en otro vuelo, el del admirado Concorde que, poco después de despegar de París, cayó a tierra tras tropezar con una pieza desprendida de otra aeronave. Ocurrió en julio del año 2000 y murieron todos los pasajeros y la tripulación (113 en total) y cuatro personas más que estaban en la zona de colisión. Supuso, además, el final de los vuelos transoceánicos a velocidad supersónica: a 2.140 kilómetros por hora, enlazaba la capital francesa y Nueva York en tres horas y media.

Más cercana en el tiempo y el espacio (agosto de 2008, Madrid) fue otra catástrofe aérea en la que perdieron la vida 154 personas entre las que se contaban cuatro vizcainos y un navarro. Fue en el mismo Barajas, cuando el vuelo JK5022 de Spanair con destino a Gran Canaria levantó el morro para desplomarse a los pocos segundos debido a una conjunción de errores humanos y técnicos. Un cóctel de circunstancias similares rodearon al descarrilamiento del tren Alvia que no llegó a Compostela en julio de 2013, la víspera de la festividad de Santiago. Fallecieron 79 pasajeros y cientos resultaron heridos.

No menos impactantes fueron las imágenes del accidente ferroviario de Uharte Arakil del que este pasado 31 de marzo se han cumplido veinte años. Una vez más, varios factores humanos y técnicos inclinaron la balanza del destino para 18 personas (diez guipuzcoanos y seis navarros). Un año antes, en 1996, una riada arrasó el camping Las Nieves en Biescas (Huesca) cuya ubicación -autorizada por las administraciones- no era adecuada ni mucho menos segura. Murieron 87 personas, trece de ellos vascos.

Más grave fue el accidente fechado el 11 de julio de 1978 en el camping playero de Los Alfaques (Tarragona) cuando un camión cisterna sobrecargado de propileno explotaba al pasar por esa zona tatuando escenas dantescas de familias enteras carbonizadas o víctimas que, literalmente, se cocieron en el agua. El resultado, 243 fallecidos.

También murieron abrasados, intoxicados o ahogados los 118 tripulantes del submarino nuclear ruso Kursk en el mar de Barents (agosto del año 2000) al parecer por un incendio provocado tras disparar un torpedo. Y sin pérdidas humanas pero sí animales (unas 17.000 aves, según SEOBirdLife) e incalculables perjuicios ambientales y económicos (se prohibió la pesca y el marisqueo durante meses) se cerró otra de las crónicas más negras en la historia reciente: el hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas gallegas el 19 de noviembre de 2002. Apenas veinte días después, aquellos “hilillos de plastilina” [así describió Mariano Rajoy, entonces portavoz del Gobierno español, 15 días después del siniestro, las 63.000 toneladas de fuel vertidas] llegaron a Bizkaia (6 de diciembre). El dispositivo de voluntarios coordinado por el Gobierno vasco recogió 21.000 toneladas en la mar y 3.000 en tierra.

Aunque más grave fue el hundimiento del Exxon Valdez en marzo de 1989 en las costas de Alaska. En pocas horas vertió 41 millones de litros de crudo. Para el recuerdo ha quedado también el desastre ocurrido en Aznalcóllar (Sevilla) en abril de 1998 con un vertido incontrolado de residuos que llegó hasta Doñana;y el de Bophal (India) en diciembre de 1984 en el que se estima que murieron unas 20.000 personas a consecuencia de una fuga tóxica en una fábrica de pesticidas.


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