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Períodico de Deia
Iñigo Urkullu lehendakari

Urkullu: “Tengo en casa colgada la portada de DEIA del fin de ETA. Cuando se anunció, busqué estar un rato solo para poder llorar”

Enrique Santaren - Jueves, 8 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:04h

El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante el encuentro en el que recordó y analizó la historia de Euskadi a través de diez portadas de los 40 años de DEIA. Reportaje fotográfico: Oskar Martínez

El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante el encuentro en el que recordó y analizó la historia de Euskadi a través de diez portadas de los 40 años de DEIA. (Foto: Oskar Martínez)

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  • El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante el encuentro en el que recordó y analizó la historia de Euskadi a través de diez portadas de los 40 años de DEIA. Reportaje fotográfico: Oskar Martínez
  • El lehendakari, Iñigo Urkullu, durante el encuentro en el que recordó y analizó la historia de Euskadi a través de diez portadas de los 40 años de DEIA.

Probablemente, muy pocas personas, si hay alguna, conocen que cuando ETA declaró el fin de su actividad armada, Iñigo Urkullu lloró. En soledad. La emoción y la alegría por el fin de la violencia. Así lo relata el hoy lehendakari en este encuentro con DEIA, en el que repasa la historia de Euskadi a través de diez portadas de estos 40 años que, justamente hoy, cumple el periódico.

15 de diciembre de 1979
Vuelve el lehendakari zaharra: katea ez da eten

Urkullu recuerda con emoción el regreso del exilio del lehendakari zaharra, Jesús María Leizaola. De hecho, estuvo en San Mamés, en el caluroso recibimiento que se le tributó al sucesor de José Antonio Aguirre. Rememora, también, sus excursiones a Iparralde para poder ondear la ikurriña cuando aquí estaba prohibido y que le evocaban la figura del lehendakari zaharra allí exiliado, o el episodio que tantas veces le habían transmitido en su casa del viaje clandestino que Leizaola realizó a Gernika en el Aberri Eguna de 1974, durante el franquismo. “Refleja todo un eslabón, el katea ez da eten. También el recuerdo de que este pueblo vivió unas circunstancias que, desgraciadamente, se repiten hoy en día, como es el exilio, y refuerza el mensaje permanente de los derechos humanos pero también de los derechos de un pueblo”, indica.

15 de mayo de 1980
La ikurriña y Euskadi, en lo más alto del mundo

El lehendakari es un gran aficionado a la montaña desde siempre. Habla incluso de la “cultura del monte”, tanto en el aspecto deportivo como medioambiental e incluso por la importancia de esta actividad en el refuerzo de los sentimientos de pertenencia e identidad durante el franquismo. Por ello, recuerda el “revulsivo” que supuso la conquista vasca del Everest en 1980 y el sentimiento de “orgullo sano” que le embargó. “La ascensión de Martin Zabaleta y el ondear de la ikurriña allí fue un refuerzo de que Euskadi, desde su humildad, puede estar en lo más alto del mundo”, afirma.

2 de junio de 1981
El Concierto Económico, la bilateralidad

La portada de DEIA de ese día reflejaba la satisfacción en Euskadi por la entrada en vigor, por fin, de los Conciertos Económicos, entre la ignorancia y la indiferencia de muchos. Urkullu remarca el engarce del Concierto con los derechos históricos “respetados y amparados” por la Constitución española. “No reconocidos -explica- porque puede tener un sentido peyorativo”. En cualquier caso, considera que la disposición adicional de la Constitución “es fundamental para interpretar el autogobierno singular del que nos dotamos los vascos y vascas y es la piedra angular en la relación financiera con el Estado mediante el Concierto”. Asimismo, el lehendakari hace un reconocimiento especial a “hombres y mujeres del PNV que dirigieron las negociaciones y supieron en aquel momento la importancia de gestionar algo que otros despreciaban. Creo que es la garantía del entronque con el pasado pero también la mirada al futuro en una relación de bilateralidad que es la que reivindicamos”.

17 de octubre de 1983
Un tal Iñigo Urkullu da su primer gran mitin

Tenía 22 añitos recién cumplidos y militaba en EGI, las juventudes del PNV. El Alderdi Eguna de 1983 fue su bautismo de fuego político. Aquel Día del partido -que siempre se celebra el último domingo de septiembre- se había aplazado debido a las terribles inundaciones de finales de agosto del 83 que están en la memoria de todos. La formación nacionalista decidió que EGI tuviera un peso importante en la organización y que en los discursos, además del lehendakari Carlos Garaikoetxea y el líder del PNV, Xabier Arzalluz, tuviera protagonismo un joven Urkullu. “Me correspondió la responsabilidad y el honor”, afirma. “Sí, en Aixerrota hice mi primera aparición pública a ese nivel, aunque ya había participado en la campaña de las elecciones del año 82, había intervenido en mítines. Fue una jornada muy emotiva que, curiosamente, después de haber pospuesto la celebración del Alderdi Eguna, nos encontramos con un día nefasto, llovió a mares y las emociones estaban a flor de piel por todo lo que se había sufrido, por la misma climatología, el tiempo que vivíamos de crisis..., todo hizo que fuera un día especial y que nunca borraré de la memoria”.

11 de noviembre de 1989
Caída del Muro de Berlín: la paradoja

La inesperada caída del Muro de Berlín abrió una nueva era, en todos los sentidos, en el ámbito internacional. La portada de DEIA de aquel día en que por primera vez ciudadanos de ambas Alemanias cruzaban el Muro sin problemas dejaba entrever “la incertidumbre y las incógnitas” que se abrían entonces. Urkullu recuerda bien aquella época en la que despuntaban Lech Walesa y su Solidarnosc, y Mijaíl Gorbachov. “Uno vivía desde el desconocimiento de lo que era el telón de acero, los países del Este, el funcionamiento de los países de la URSS... y con la caída del Muro -que de jóvenes habíamos leído el Diario de Ana Frank, etc.- se abrían una serie de incógnitas que a la postre hicieron que el mundo cambiara. Lo sorprendente fue la rapidez con la que la sociedad quiso cambiar, lo fácil que parecía. La paradoja de lo imposible del mundo cerrado y lo que parecía tan fácil en las imágenes y la consecuencia del cambio del mundo de la Europa occidental”, reflexiona.

3 diciembre de 2007
Presidente del EBB: invita a soñar despiertos

Resulta evidente que la asunción de responsabilidades no ha asustado nunca a Iñigo Urkullu. Había sido presidente del Bizkai Buru Batzar del PNV. Miembro de la dirección vizcaina desde 1984, ha sido también parlamentario por este territorio desde 1994. En 2000 es nombrado presidente del BBB, cargo que ostenta hasta 2007 en que pasa a ser el máximo dirigente del PNV a nivel nacional. No eran tiempos fáciles -en Euskadi nunca han existido-. El hoy lehendakari recuerda que eran momentos “delicados” también dentro del PNV. “Los 40 años que cumple DEIA también hemos vivido en el seno del PNV nuestras situaciones internas delicadas, dolorosas y traumáticas”, resume. Recuerda, entonces, la primera escisión de los años 79-80, la del 84-86, a buen seguro la más dura, que dio lugar al nacimiento de EA “pasando por otro tipo de formulaciones que también parece que se han olvidado pero que estaban ahí”. Tras la escisión, explica Urkullu que el PNV vivió “un periodo de trabajar en la idea de conciliar la construcción nacional con la construcción social que siempre ha estado en la base del partido. En la década de los 90 tras la declaración de Lizarra-Garazi y en los 2000 algunos sentíamos la necesidad de apertura y de mirar hacia Europa en lugar de seguir encastillados en lo que era nuestra propia visión endógena. Y se produjo el relevo difícil de Xabier Arzalluz como presidente del EBB en la persona de Josu Jon Imaz”. Pero en julio de 2007 Imaz decidió que su tiempo allí había tocado a su fin “y era un momento delicado en el que había que consolidar la cohesión interna, donde cabe toda la diversidad y pluralidad de ideas, de aspiraciones políticas legítimas pero que necesitaba de un rumbo lo más cohesionado posible”, indica. Es en este contexto en el que le llega la propuesta de presidir el partido. “Asumí el reto y fue un momento muy importante en mi vida en la medida en que es donde uno, desde el propio cuerpo interno, la propia familia política, tiene que intentar gestionar las diversas sensibilidades, entender las distintas circunstancias que se dan para que existan, entenderlas de manera legítima todas ellas, pero intentando que todos fuéramos por un mismo camino. Fue muy importante y la asunción de una responsabilidad máxima”, relata.

“Me comprometí también a ejercitar en la política aquello en lo que siempre he creído y que fue el título de mi intervención de asunción de la presidencia en Euskalduna Jauregia : “¡Podemos soñar si permanecemos despiertos!”.

27 julio de 2009
‘El boss’ Springsteen actúa en Bilbao

No todo el mundo conoce la afición del lehendakari por la música y menos aún sus preferencias musicales. Una de ellas, sin duda, es Bruce Springsteen. “El boss, convertido en legendario, más que en mítico”, recalca Urkullu. Ha asistido a tres conciertos del músico norteamericano en Euskadi: el de San Mamés (al que pertenece la portada que comenta), el del BEC (2009) y el de Anoeta (2016). “Es una figura del rock, tanto por las letras como también por el ritmo de sus temas, de él y de su grupo. A mí me admira tanto él, su energía ya a su edad, como su grupo. Estuve en este concierto de San Mamés y la verdad es que tanto a pie de césped como sobre todo en las tribunas se vibraba con su movimiento en el escenario. Tanto los saxos como el batería, etc. marcaron una época y la siguen marcando. Es uno de los artistas preferidos para mí”, reconoce.

21 octubre de 2011
Euskadi en paz, el final de un ciclo de terror

La impactante y simbólica portada de DEIA del 21 de octubre de 2011 reflejaba en una sola palabra el anhelo de todo Euskadi: “Bakean”. Euskadi alcanzaba, por fin, la paz tras décadas de violencia. El lehendakari recuerda, sin haberla visto de nuevo, los detalles de esa portada. “La tengo colgada en casa. Debajo de las letras Bakean están los nombres de las víctimas”, describe. “Fue un momento que lo viví con mucha emoción. Cuando se anunció, quise vivirlo durante un rato en el despacho (entonces era presidente del EBB), busqué un momento en solitario para poder llorar”.

Pero no todo acaba con esa importante declaración de ETA. A lo largo de toda su vida, Urkullu ha querido regirse “por el respeto a los derechos humanos, en especial el fundamental que es el de la vida”. Desde muy joven ha trabajado por la paz en cada una de las responsabilidades políticas e institucionales que ha tenido: desde la declaración de Lizarra-Garazi y el proceso de alto el fuego en el 98, siendo miembro del EBB, y el proceso de conversaciones de Loiola, en el que participó de manera directa, en “la experiencia truncada por el atentado de Barajas”, etc. “He vivido con mucha intensidad asesinatos de muchas personas y que pudierámos llegar a este día en que ETA se declara organización desarmada, para mí es importante. Como dijimos como Gobierno vasco en la declaración por el desarme, es pasar de la épica a la ética. Parece que estamos necesitados de profundizar pasando una página que pretendió ser considerada como épica, cuando la épica la han vivido quienes han sufrido, para pasar a la ética y profundizar en los principios que nos tienen que guiar como pueblo”. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. “De ahí espero que se vayan derivando otro tipo de noticias como el desarme, otras medidas que ayuden al final ordenado de la violencia y a la normalización social y política”, señala.

16 diciembre de 2012
Elegido lehendakari: emoción y respeto

No, no le han faltado responsabilidades a Iñigo Urkullu. Desde hace cuatro años y medio, es el lehendakari de Euskadi. Un honor. “No solo para un nacionalista, para un vasco ser lehendakari es el summum, el culmen de un servicio que uno asume comprometido desde la política y las instituciones. El servicio a la sociedad se puede hacer desde muchos ámbitos, desde el asociativo, el individual, el colectivo en cada sector en que la sociedad se pueda reflejar. En el político e institucional, ser lehendakari, concentrar en la responsabilidad institucional todo lo que es la representación de un pueblo y una nación es algo que yo nunca hubiera pensado y que, sin embargo, asumí con absoluto respeto al pasado y es algo que tengo muy presente”, explica.

¿Qué se siente en aquel momento en el que, ante el Árbol de Gernika, alguien como Iñigo Urkullu asume ser lehendakari? Él lo describe con una mezcla de la sobriedad que siempre le caracteriza y la responsabilidad del compromiso histórico que contraía. “El sentimiento más íntimo es lo que uno ha aprendido en su casa, desde el respeto a los derechos humanos y a la pluralidad, el respeto a quienes ha habido antes que nosotros, que han sufrido para conseguir lo que uno en ese momento puede gozar y que es un débito para los que nos han precedido, honrar a una historia singular y ejemplar del pueblo vasco y un compromiso para con el futuro para quienes vengan por detrás de nosotros. Ayudar a construir un pueblo en base a unos valores que sirvan de referencia de manera ejemplar para las futuras generaciones”, especifica Urkullu.

6 junio de 2015
Autocrítica y cercanía a todas las víctimas

El compromiso con la paz, los derechos humanos y contra la violencia que ha caracterizado la actuación vital y política de Urkullu lo ha llevado como lehendakari hasta sus últimas consecuencias. Ya en su estapa de parlamentario vasco apuntó claramente hacia la cercanía y el reconocimiento de las víctimas -fue presidente de la Comisión de Derechos Humanos- y la autocrítica por la frialdad de las instituciones que ha sido tan criticada por los propios damnificados.

“Durante muchos años trabajamos por intentar suturar de manera definitiva siglos de confrontación, enfrentamiento, violencia que nos han afectado en la convivencia. Guerras carlistas, guerra llamada civil española, las consecuencias de la dictadura, terrorismos de estado, grupos parapoliciales y ETA, una organización terrorista que durante su historia siempre decía hablar en nombre del pueblo vasco de manera ignominiosa para el verdadero pueblo vasco, sin que nadie le hubiera concedido ninguna representación. En cualquier caso, se han producido muchas víctimas, de un signo o de otro, que son una apelación constante a la necesidad de memoria, justicia, verdad y reparación para un futuro que ojalá pueda ser cuanto antes de convivencia absolutamente normalizada”. Ese compromiso le llevó, junto a otros representantes, a viajar por el Estado español para mostrar la autocrítica y la cercanía hacia las víctimas. La portada de DEIA del 6 de junio de 2015 mostraba la contundencia, tras ser nombrado lehendakari, con la que Urkullu llevaba a cabo ese compromiso durante el acto de apoyo a las víctimas, incluida una petición de perdón. “Como lehendakari no era yo el primero que hacía una autocrítica, quiero manifestarlo con absoluto rigor y honestidad para con anteriores lehendakaris, que siempre han hecho un ejercicio de autocrítica. Como institución hicimos lo que nos tocaba y lo seguimos haciendo: abordar un final ordenado de la violencia, donde el papel de las víctimas es fundamental tanto para abrir la vía de la reconciliación, de una convivencia normalizada, como también para una acción pedagógica para las generaciones posteriores. Me hizo especial ilusión que pudiéramos compartir eso en Euskadi con todo tipo de víctimas, aun cuando todavía tenemos que seguir dando pasos”.

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