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Un título para espantar fantasmas

La Supercopa de 2015, unida a las clasificaciones europeas mandaron al olvido el bienio negro

ARKAITZ ARAMENDIA - Martes, 6 de Junio de 2017 - Actualizado a las 20:31h

Aduriz con la Supercopa que el Athletic le ganó al F.C. Barcelona en 2015.

Aduriz con la Supercopa que el Athletic le ganó al F.C. Barcelona en 2015. (AFP)

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  • Aduriz con la Supercopa que el Athletic le ganó al F.C. Barcelona en 2015.

BILBAO. De 1984 a 2015. Ese es el tiempo transcurrido desde los últimos títulos de liga y Copa logrados con Javier Clemente y la Supercopa ganada de la mano de Ernesto Valverde ante el Barcelona, el mismo rival que cayó derrotado frente a los leones en la final copera disputada tres décadas atrás en el Santiago Bernabéu. Entre medias, el desierto, sin títulos a la vista para generaciones de rojiblancos destinados a alentar a un equipo con luces y sombras. La alegría, la pasión, se desató dos veranos atrás, cuando el Athletic fue capaz de someter a un elenco de estrellas que aspiraba al sextete o, lo que es lo mismo, a un pleno de títulos que asomaba a expensas de lo que deparara la Supercopa y el Mundial de Clubes.

Fue entonces cuando emergieron con fuerza los pupilos de Ernesto Valverde, quienes se impusieron por un histórico 4-0 en la ida con tres goles de Aritz Aduriz y uno de San José desde el centro del campo. En la vuelta, el Camp Nou amenazó una tormenta que nunca llegó. El 1-1 con el que finalizó el choque, con Aduriz de nuevo como goleador, disparó las emociones rojiblancas. Las lágrimas derramadas por las finales de Copa perdidas en 1985, 2009, 2012 y en mayo de 2015 se transformaron en lágrimas de inmensa felicidad, con el capitán Carlos Gurpegi como principal exponente de una lucha sin cuartel por volver a saborear las mieles del éxito.

Lo consiguió el Athletic, contra todo pronóstico, apenas tres meses después de haber hincado la rodilla frente al mismo rival y en el mismo escenario en la final de Copa. No surcó la ría la gabarra, pero la celebración en Bilbao fue de época, recordando fiestas de antaño. La larga sequía de títulos, traducida en 31 años de espera, otorgó un plus de emotividad a un logro que se había escapado de los dedos en los últimos tiempos, con épocas de mayor sufrimiento entre medias debido a la pobre marcha del equipo y al riesgo de descenso padecido en temporadas concretas.

LAS SOMBRAS El miedo, no en vano, también ha acompañado al Athletic en las cuatro últimas décadas, aunque haya sido en sonadas excepciones como, por ejemplo, en el conocido bienio negro. La posibilidad de perder la categoría por primera vez en la historia sobrevoló el viejo San Mamés en los cursos 2005-06 y 2006-07. En ambas temporadas, con José Luis Mendilibar, Javier Clemente, Félix Sarriugarte y José Manuel Esnal Mané como técnicos hubo que esperar hasta el cierre del curso para certificar la permanencia. Lo lograron, con un sufrimiento no apto para cardíacos, en la penúltima y última jornada de cada liga al ganar a Deportivo (1-2) y Levante (2-0), respectivamente, salvando así dos auténticas bolas de partido que a punto estuvieron de mandar al club a Segunda División.

Esquivó el Athletic tan traumática y hasta la fecha desconocida experiencia, del mismo modo que lo hizo, aunque con menores agobios, en la campaña 1995-96. En el primer y único año de Dragoslav Stepanov zic en Bilbao, los leones terminaron la liga en decimoquinta posición tras arrancar el campeonato con sendos triunfos frente a Racing (4-0) y Real Madrid (1-2). Fue, sin embargo, una alegría fugaz, pues los rojiblancos, que finalizaron la liga con José Mari Amorrortu en el banquillo, cerraron el ejercicio con solo seis puntos de margen sobre el descenso.

El amor propio, no obstante, impulsó a un equipo que con unos u otros jugadores sobre el césped nunca ha dejado de luchar por un objetivo común. Las clasificaciones europeas de los últimos años, con dos participaciones incluidas en la Champions League desde 1998 y una masa social creciente al calor del nuevo San Mamés desde septiembre de 2013, son claros ejemplos de las luces que han tapado las sombras. La Supercopa de 2015, por su significado, espantó los fantasmas observados en unas últimas décadas con más luces que sombras.


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