CUANDO QUIEN más quien menos cree que este Deportivo Alavés ha vivido tantos episodios surrealistas que ya nada va a volver a sorprenderle, se equivoca. Siempre hay lugar para que la tuerca pueda dar una nueva vuelta en una espiral que parece no tener fin y en la que el principal perjudicado es el equipo. Así sucedió ayer. Cuando apenas faltaba una hora para que arrancase el encuentro ante el Vecindario, el gallego Fabri González destapó la caja de los truenos al anunciar que su jefe, Dmitry Piterman, le había «apartado del equipo». El gallego, en declaraciones a "Radio Vitoria", señaló asimismo que ayer iba a sentarse en el banquillo porque «no tengo el cese por escrito». Es decir, que no quería, a esa hora, que el ucraniano pudiera aferrarse a tal circunstancia para no abonarle lo firmado por el lucense.
En realidad, el aspecto económico estuvo en el fondo de uno de los episodios más estrambóticos que se recuerdan en el club albiazul. Y eso que ejemplos hay en cantidades industriales. Piterman, que ayer volvió a bajar al banquillo -algo que no hacía en Mendizorrotza desde noviembre-, desdijo a Fabri tras el partido.
«No he cesado a Fabri, hemos aclarado unos temas», se limitó a señalar el presidente alavesista. Si antes del encuentro el técnico gallego había emplazado a dar más explicaciones sobre la situación vivida, Piterman subrayó que el gallego «seguirá en sus funciones. No va a poner el carnet, es el entrenador de campo». Vamos, que parece evidente que el gallego deberá seguir formando parte de la entidad hasta junio si quiere percibir lo pactado. Eso sí, quien hará las voces de portavoz será, cómo no, el presidente de la entidad, que ayer silenció a Fabri y le desdijo después de que el gallego anunciara su cese.
El máximo accionista, pese a reconocer que «hubo discrepancias» entre él y el lucense, eludió profundizar en los motivos que generaron el esperpento. «Hemos quedado en ciertas cosas, pero no lo voy a explicar, porque es algo del régimen interno del club», concluyó. |