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Los técnicos de Piterman 2004-2005 Chuchi Cos: Fue el técnico durante el primer año de Piterman en Gasteiz. 2005-2006 Rafa Monfort: Comenzó la pretemporada. Cesado tras un amistoso. Chuchi Cos: Volvió durante 18 jornadas Juan Carlos Oliva: Dirigió cinco partidos. Se marchó antes de la visita al Real Madrid. Mario Luna: Estuvo hasta el final de la pasada temporada. 2006-2007 Julio Bañuelos: Dimitió tras la segunda jornada liguera. Chuchi Cos: Nueva etapa en el banquillo, con 17 partidos. Fabri González: Siete encuentros, con cese fantasma incluido.
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Tras el amago del partido ante el Vecindario, con destitución de ida y vuelta incluida, ayer la situación explotó, y Fabri González no pudo más. El técnico lucense, tras una estancia de siete partidos en el club albiazul, dimitió de su cargo en la mañana de ayer. De hecho, el “trabajador” ya ni siquiera estuvo en la sesión de ayer. Fabri ya es historia, breve y convulsa. Una más en este Alavés de Piterman. Lo que sí llama la atención de manera poderosa es la renuncia de un técnico que, como él, asumió la peculiar “filosofía” de trabajo que impera en Mendizorrotza. Poco tiempo después, el gallego ha tenido que salir por la puerta de atrás. Lo extraño es que no supiera lo que se iba a encontrar al aceptar la propuesta del presidente albiazul. El punto de inflexión en la breve relación entre Fabri y el club albiazul se produjo, sin ningún género de dudas, en el partido del pasado 18 de febrero ante el Vecindario. Antes de ese encuentro, Piterman destituyó a Fabri para, posteriormente, mantenerle en su cargo aunque limitando sus funciones. A partir de ahí, según destacó el propio técnico gallego en su rueda de prensa de despedida, la situación varió hasta el punto de hacerle presentar su dimisión en la jornada de ayer. Según explicó el gallego en su comparecencia vespertina en un hotel gasteiztarra, desde ese día «hubo un cambio en el sistema de trabajo del equipo, ya que Dmitry Piterman me quitó la libertad para trabajar y eso me hizo que no fuera feliz en este club». Lo que resulta extraño es creer que la tuviera antes de medirse al conjunto de Castro Santos.
Eso sí, al menos la llegada del técnico gallego supuso una ilusión renovada para la plantilla albiazul tras la salida de Chuchi Cos. Con el cántabro, la nave albiazul se estaba hundiendo sin remisión, y el cambio benefició al colectivo, que comenzó a cosechar buenos resultados y recobró la ilusión. Un calco de lo que sucedió la pasada temporada con Juan Carlos Oliva, por otra parte. Y, del mismo modo, la reacción del máximo accionista fue similar a la de la pasada temporada, la de no asumir de buen grado el protagonismo ajeno. El gallego reconoció en su despedida que «no estaría a gusto con mi conciencia, ni contento con mi imagen como entrenador» de haber continuado bajo la disciplina albiazul.
El preparador del conjunto albiazul, cuya dignidad quedó más que en entredicho tras lo ocurrido ante el Vecindario, no percibirá el dinero firmado hasta el 30 de junio, por lo que el club sólo retribuirá al “trabajador” por su breve estancia en Gasteiz.