lA megafonía de San Mamés retumbaba con el we will rock you de Queen. Eran las 16.55 horas. Los peñistas del Athletic estaban preparados. Veinte a cada lado formaban un pasillo que esperaba al homenajeado. El público en las gradas, listo para formar el mosaico. Todo a punto. Gurpegi salió del túnel de vestuarios entre una ovación atronadora empapada de sentimiento. El de Andosilla recorrió el pasillo humano chocando la mano de los componentes que lo formaban hasta el círculo central de San Mamés. Allí, Gurpe devolvió los aplausos de una afición que llenó La Catedral y que la tiñó de rojo y blanco. Banderas del Athletic ondeaban a toda máquina, las pancartas en alusión al navarro se hicieron un hueco entre la multitud. Entre ellas, la de sus paisanos: Andosillako lagunak zurekin gaude. Emoción a raudales. Los altavoces del campo también tenían palabras para el protagonista: el mensaje que había remitido la Federación Internacional de Peñas del Athletic desde su congreso en Roquetas de Mar al club bilbaino: "Gracias Carlos por tu entereza y dignidad. Beti zurekin".
Apenas fueron unos segundos, pero el tiempo se paró para Gurpegi. Una injusticia como la que se ha cometido con él ha servido para que el apoyo de la afición rojiblanca se eleve a su máximo exponente. El cariño de la gente no se ha escondido. Sus padres, que son quienes han vivido de cerca el calvario de su hijo, lo pudieron comprobar, una vez más ayer, desde el palco de San Mamés. "Gurpegi, zu zara nagusia", gritaron desde uno de los fondos. Era el día de Gurpegi, su reencuentro con los suyos en su casa. Han pasado más de dos años desde que el centrocampista del Athletic jugase por última vez en San Mamés, precisamente ante el Mallorca. El navarro volvía a formar parte de la alineación y cuando la megafonía anunciaba el once inicial y sonó el 18 de Gurpe, los hinchas vizcainos volvieron a brindarle una nueva ovación. Instantes después, los jugadores baleares pasaron a saludar a los rojiblancos en un acto típico antes del pitido que da inicio al encuentro. Güiza, autor de los dos goles del Mallorca, no dudó en brindar un cariñoso abrazo a Gurpegi y en darle la bienvenida. Se agotaba el tiempo y el partido deseado por el de Andosilla estaba a punto de empezar. Aunque el árbitro lo demoró unos minutos, ya que decidió comprobar el estado de una de las porterías del estadio cuando todo estaba listo para empezar. Era el encuentro en el que se volvía sentir futbolista después de sus primeras sensaciones en el Bernabéu. Después, tras los 90 minutos, llegó el momento de la tranquilidad. La hora de intentar dejar todo atrás, de olvidar y recuperar esa "normalidad total" que Gurpe confesó añorar tanto. |