Ana Bikandi reside en Madrid desde 1982. Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Deusto y ha trabajado como profesora, dibujante, colaboradora de prensa, redactora, editora de textos y diseñadora gráfica. Además, ha publicado un libro de cuentos, "La incompostura en la mesa", que fue premio Tiflos en 1990. También ha recibido los premios de relatos Juan de la Cuesta, 1988; Gabriel Miró, 1989; Ciudad de Tudela, 1993, y Francisco A. Pastor, 2002, de la ciudad de Peñíscola. Obtuvo el segundo premio en el concurso de cuentos Hucha de Oro de 1992 y un accésit en el Alfonso Grosso de 2002 por la colección de relatos Cuentos de preguerra.
A la edición de 2007 del certamen literario se presentaron más de cien originales procedentes de países como Argentina, Honduras, Chile, Italia, Francia, México y España. La entrega del premio y la presentación de la novela, que ha sido publicada por la editorial Edaf en la colección Voz y Tiempo, se realizó el pasado mes de mayo en el teatro Federico García Lorca de la ciudad de Getafe.
El libro de la escritora bilbaína habla sobre Serafín Fuentes del Carpio, un parado que planea escribir una novela "sobre la falta de objetivos del hombre moderno frente a un cosmos ininteligible y hostil", pero, enredado como está en prolegómenos y fantasías, nunca aborda el gran proyecto. "Acaríciame con la mano que no tienes" relata el proceso de "no escritura" de esa novela improbable, mientras el protagonista reúne documentación inútil, alimenta a su carpa doméstica y añora a su prima desaparecida, la enigmática Raquel.
De un modo u otro, todos los episodios de la narración acaban apuntando a este personaje misterioso, la asombrosa prima Raquel, cuya figura se agranda paso a paso a la vez que se complica en la maraña de versiones que surgen sobre su historia. También los demás personajes están sujetos a los vaivenes de una realidad movediza que se fragmenta según puntos de vista contradictorios y a menudo mutantes. Tan inestables, que algunos de esos personajes cambian de nombre, y se desdoblan y se funden y se confunden con un desparpajo desconcertante.
Alrededor de Serafín -en su pasado rural y en su presente urbano-, corretea una corte de criaturas extravagantes: un guitarrista que vomita objetos inverosímiles, un anciano loco de amor que practica suicidios imaginarios, una muchacha fascinada por un gánster manco o el fantasma de un poeta que compone versos absurdos.
Con uno de ellos, su rival Txomin, el protagonista se lanza a resolver una intriga insensata en torno a un viejo zapato perdido que fue de Raquel. Recuperar esa manoletina desparejada será, creen ellos, como encontrar el sentido de sus vidas.
De este modo, "Acaríciame con la mano que no tienes" no es una novela convencional. En ocasiones, un televisor se lanza a retransmitir un episodio de la trama o aparece una voz radiofónica que se inmiscuye en el diálogo. Una colección de cartas apócrifas y otros documentos atípicos se entrometen en el relato central para enriquecerlo con la variedad de sus tonos y estilos.