Bebo y Chucho han protagonizado la segunda jornada del Festival de Jazz de Gasteiz, dedicada a los ritmos latinos, precedidos por la formación dirigida por Javier Limón, productor del superventas "Lágrimas Negras", en el que se aunó la veteranía de Bebo con el arte flamenco de la canción de "El Cigala". Javier Limón abrió la actuación de la noche con un latino "Suspiros de España", con un sonido especial y abrumador en el que la percusión cobró protagonismo, al que siguieron composiciones con mezcla de raíz e innovación.
Como invitada, Cincha Buika puso su penetrante y desgarradora voz flamenca a varias de las piezas, descalza, como acostumbra a enfrentarse a sus actuaciones esta mallorquina de origen guineano.
Javier Limón, considerado uno de los mejores representantes actuales de la "Big Music", dedicó el concierto a la actriz Ariadna Gil y al director de cine y escritor David Trueba, presentes en Mendizorroza, y tras hora y cuarto de intenso concierto dio paso a sus "padrinos", según confesó el mismo, Bebo y Chucho Valdés.
Chucho salió al escenario arropado por Lázaro Rivero al bajo, Yaroldy Abreu en la percusión y Juan Carlos Rojas en la batería. Tras arrancar los primeros aplausos del público con sólo pisar la tarima de Mendizorroza, comenzó uno de los conciertos más esperados del Festival, con el aforo prácticamente completo.
Durante más de una hora demostró por qué está considerado uno de los más vigorosos pianistas del jazz nacido en Cuba, donde no se perdía ni uno de los ensayos de su padre en el legendario club Tropicana.
El mambo, el danzón, el son y mucha percusión con reminiscencias africanas para un recital, al que se sumó la hermana de Chucho, Mayra, que puso voz y movimiento a canciones tan populares como "Bésame mucho", a la que el público hizo los coros.
Pero el momento más esperado de la noche llegó cuando Chucho dejó su piano para presentar a su "triple maestro: en la vida, en la música y como padre ejemplar".
Así, el casi nonagenario músico cubano fue recibido por sus dos hijos y se confesó muy feliz. Puestos en pie, los asistentes tuvieron el privilegio de escuchar el homenaje de Bebo a Gasteiz: su versión de "La paloma", la pieza más universal del compositor alavés Manuel Iradier.
Con el público ya en el bolsillo, la leyenda viva de la música cubana desgranó en varias piezas su estilo pausado y preciso, para reencontrase nuevamente con su hijo, al que definió como "el mejor pianista del mundo".
Al cruce de halagos entre ambos le siguió el diálogo musical de padre e hijo, de maestro y discípulo, de la innovación y de la madurez.
El colofón llegó de la mano de Chucho, que invitó a la formación de Javier Limón a compartir espacio para obsequiar al pabellón con una versión improvisada de "Lágrimas negras".
Mayra y Buika unieron sus voces para cantar el éxito que dio título al disco que llevó a Bebo de gira por todo el mundo, y Chucho dejó su piano para coger en brazos a su hijo pequeño, uniéndose así tres generaciones Valdés.