Rémus, un personaje a caballo entre una especie de alquimista del sonido y un ingeniero de complejos mecanismos, ha presentado hoy a los medios informativos la instalación que a partir de mañana y hasta el próximo día 26 exhibirá, en sesiones de 20 minutos, en la sala Gazteszena del centro cultural de Egia, dentro de las actividades paralelas del Jazzaldia donostiarra. Se trata de una máquina acústica, ya que no precisa de altavoces electrónicos, compuesta por varios tubos metálicos, sopletes y cubos, todo ello distribuido en diversos caballetes y soportes sobre una piscina circular.
Su funcionamiento, controlado por ordenador, se basa en el llenado y vaciado sincronizado de los distintos depósitos de agua y en las diferencias de temperatura, que hacen mover los tubos de acero y proporcionan ondas de sonido.
Jacques Rémus ha explicado que su instalación está inspirada en principios físicos descubiertos en el siglo XIX en torno a las posibilidades de la luz, el gas y el agua, aunque el resultado es más "misterioso" y "místico".
"Es una creación más artística que científica", ha asegurado el investigador galo, quien ha reconocido que es "muy difícil hacer música" con este tipo de artilugios debido que la onda sonora que se produce describe un movimiento de arriba abajo de hasta un minuto y medio de duración.
El resultado es, según ha dicho, "una música lenta y grave, más propia de la meditación y la relajación, que del rock".
Además de la vibración física que producen esos sonidos tan graves en el cuerpo humano, la magia del espectáculo la proporciona también el juego de luces que lo acompaña.
Jacques Rémus exhibe también otras de sus máquinas en el museo Kutxaespacio de la Ciencia, en Donostia, donde del 19 al 27 de julio se pueden ver sus "Básculas de percusión", unos artilugios hidráulicos de gran tamaño que evocan las catapultas y las campanas.