A Sergi López parece no preocuparle nada. "No he tenido ninguna estrategia para mi carrera", declara a Efe en una entrevista. "Las cosas se acaban haciendo un poco solas". Y así, con ese talante dado a la improvisación, ha compuesto una filmografía de prestigio internacional que le ha traído a Venecia en la sección Orizzonti con "Parc" e incluye un Premio Europeo del Cine al mejor actor por "Harry, un amigo que os quiere" (2001).
Con sencillez y sin falsa modestia, López se quita mérito y escapa en todo momento de interpretaciones pseudointelectuales: "No soy cinéfilo y casi nunca he visto una película del director con el que voy a trabajar. Quiero decir que no tengo una gran cultura cinematográfica. Creo en la intuición, en que cuando lees un guión hay cosas que te agarran y otras que te molestan", asegura.
Así, sólo había visto "un trozo de '8 mujeres'" cuando François Ozon, uno de los jóvenes prodigio del cine francés, le llamó para protagonizar "Ricky". "Tiene un toque fantástico, como de maravillas", explica.
En el caso de Marc Recha acaba de trabajar en "Petit Indi", en la que interpreta a Ramón y donde comparte cartel con Eduardo Noriega. "Era natural que trabajáramos juntos Recha y yo", ya que son prácticamente vecinos. "Me apetecía trabajar con él, en mi tierra y en mi lengua", afirma.
López, nacido en la localidad barcelonesa de Vilanova i la Geltrú en 1965, no anda en cambio escaso de patrias cinematográficas: saltó a la fama en "Western" (1997), una comedia francesa dirigida por Manuel Poirier, se estrenó en el cine en catalán con "Caricies", de Ventura Pons, y también ha rodado producciones españolas de éxito como "El laberinto del fauno" (2006) y la cinta británica "Negocios ocultos", de Stephen Frears.
La galería de directores que le han enrolado en sus películas no se corresponde con su criterio de selección. "Me tiene que gustar la historia, si no, no creo en el personaje ni en la película", asegura, y considera que elegir un filme por su director "es dar por hecho que la película ya está hecha".
Ahora prepara su próximo rodaje, "Map of the Sounds of Tokyo", en la que coincidirá por primera vez con otra catalana internacional, Isabel Coixet, que ha dado a la película, "que en el fondo es una historia de amor", "una simplicidad" que combina "con la auténtica ficción", explica.
En ella, encarna a un español que reside en la capital nipona. "No sé cuánto puedo contar de la película, la verdad, pero no he tenido que quitarme el acento ni para el inglés ni para el japonés", bromea.
Lo único que lamenta es que algunas de sus películas rodadas en Francia, como "Les mots bleus" y "La maison", no se hayan podido estrenar todavía en España: "No sé qué pasa con la distribución. España y Francia se dan la espalda".
Pero cambia de cara cuando habla su proyecto menos cinematográfico: el restaurante Negrefum (humo negro en catalán) que abrió hace dos meses en su localidad natal.
"Es un edificio donde durante sesenta años ha habido una fábrica de Pirelli donde trabajaban mi padre, mi abuelo y todo el pueblo". El comedor se encuentra "en la sala más tóxica y más puteada", explica, y, "en realidad los que trabajan allí son tres amigos míos. Yo voy allí de vez en cuando y como".