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La historia de este símbolo de Bizkaia 1893 El Puente Colgante fue una de las construcciones más sobresalientes de la Revolución Industrial europea. Fue proyectado en 1888 por el arquitecto Alberto de Palacio y el constructor Ferdinand Arnodin e inaugurado al público en 1893. 1937 Este monumento se ha mantenido fiel a la función para la que fue creado: unir Las Arenas y Portugalete. El tablero del puente fue objetivo del ejército franquista en 1937, pero su estructura sigue siendo la misma. 1996 En este año la nueva gerencia del Puente de Vizcaya realizó una reforma, pero se respetó en todo momento la concepción inicial del proyecto y se utilizaron los mismos materiales y se recuperaron las técnicas constructivas de la época, completamente desfasadas en la actualidad. 2006 El Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco declara a este monumento Patrimonio de la Humanidad, más de 100 años después de haber sido concedido.
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El 13 de julio fue un día grande para Bizkaia, ya que el Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco decidió inscribir el nombre del Puente de Vizcaya, como también se le conoce, en la Lista de Patrimonio Mundial. Los 21 países que conforman el Comité de la Unesco para la conservación del patrimonio cultural sólo se necesitaron cinco minutos para tomar esta determinación, a pesar de que competía contra otras 37 candidaturas. Desde entonces, este símbolo de nuestro Territorio se “codea” con monumentos tan emblemáticos como el Taj Majal, la Acrópolis de Atenas o el Machu Picchu. De esta manera, el Puente Colgante se convirtió en el primer monumento de Euskadi en recibir este reconocimiento, al que aspiraron con anterioridad la Casa de Juntas de Gernika y la población de Laguardia, y en el primer Patrimonio Industrial del Estado. Las reacciones de los miembros de la delegación vasca que se trasladó hasta Vilnius (Lituania), lugar en el que se tomó esta determinación, no tardaron en llegar hasta Bizkaia. «Es un orgullo y una verdadera alegría para todos los que hemos intervenido para sacar adelante esta candidatura, para nuestro Territorio y para todos los vascos», aseguró José María Arriaga, miembro del Consejo de Administración del Puente de Vizcaya. Era algo que creían que podía pasar, ya que «acudimos a Lituania con la sensación de que la propuesta estaba muy bien soportada y avalada por la opinión favorable de Icomos, pero siempre tienes miedo del examen final».
Y es que en ese momento se podían esfumar los seis años de trabajo que pasaron desde que se inició la andadura de convertir este monumento en Patrimonio de la Humanidad. Por otro lado, la competencia no puso las cosas fáciles. De hecho, otros nueve sitios fueron inscritos en la misma lista que el Puente Colgante. Fue el caso del centro histórico Ratisbona y Stadtamhof (Alemania), la ciudad Minera de Sewell (Chile), el sitio arqueológico de Yin Xu (China), Behistún (República Islámica del Irán), las Strade Nuove y el sistema de los Palazzi dei Rolli (Italia), el sistema de irrigación de los Aflaj (Omán), el centro del Centenario de Wroclaw (Polonia), el paisaje minero de Cornualles y oeste de Devon (Reino Unido) y el Crac de los caballeros y Fortaleza de Saladino (Qal’at Salah El-Din).
A pesar de ello, se contaban con algunos ases en la manga, como que «es el primer puente transbordador del mundo, uno de los grandes monumentos de la era industrial y, sobre todo, que después de 113 años sigue desempeñando la misma función para la que fue creado», comentó Arriaga. Tras la noticia llegaron las fiestas y los homenajes en ambas márgenes de la Ría y los deseos. «Esperamos que con este nombramiento se disparen las visitas, especialmente durante este primer año», concluyó la delegación vasca.