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Habla en cristiano
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Una exposición de la Fundación Sabino Arana muestra en Getxo el hostigamiento al euskera durante el Franquismo.
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Andrés Portero Bilbao
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EL EX MINISTRO Manuel Fraga mostró abiertamente y sin tapujos su ‘‘amor’’ al euskera cuando señaló que es una lengua primitiva que había nacido de una piedra. Y el Rey Juan Carlos I, dando la espalda a la historia, llegó a declarar en una intervención pública que el español nunca había sido una lengua impuesta. El sentido común, y la propia historia, dicen lo contrario. Así lo demuestra la exposición ‘‘Habla en cristiano’’, organizada por el Museo del Nacionalismo Vasco de la Fundación Sabino Arana y que permanecerá en Getxo hasta finales de esta semana. En esta muestra se ofrecen múltiples y clarividentes pruebas del hostigamiento al euskera, especialmente durante el franquismo, a través de bandos, documentos, multas y testimonios orales. «El conocimiento de los hechos históricos puede ser sumamente válido para encarar el futuro con la garantía de la experiencia acumulada», señalan desde la organización de esta exposición, que ofrece datos de la imposición del español en la vida diaria de un pueblo durante la postguerra.
‘‘Habla en cristiano’’ surge, además de con afán didáctico, como una reacción. Concretamente, al discurso del Rey Juan Carlos I en la entrega del Premio Cervantes, en el que el Borbón afirmó que el español ha sido siempre una lengua de consenso y que jamás «ha sido impuesto por la fuerza». En la Fundación Sabino Arana le tomaron la palabra y decidieron montar una exposición cuyo objetivo es «narrar la historia de la imposición» contra el euskera. «Pretende recorrer esta historia desde la visión de la lengua que ha sufrido todo tipo de persecuciones, prohibiciones, silenciamientos y humillaciones. Quisiéramos releer nuestra propia historia contada, en esta ocasión, por los herederos de los que la sufrieron y que, por ende, siguen sufriéndola», asegura la comisaria de la exposición, la periodista Pili Kaltzada.
Y como el conocimiento de los hechos históricos puede ser sumamente válido para encarar el futuro con la garantía de la experiencia acumulada, ‘‘Habla en cristiano’’, que puede visitarse en la antigua oficina de la BBK de Getxo, en Torrene, ofrece decenas de pruebas orales y escritas sobre el hostigamiento sufrido por el euskera, especialmente durante el periodo franquista.
Aquellos años negros
«Es una exposición recomendable especialmente para los jóvenes vascos, para quienes el aprendizaje y el uso del euskera es natural. Ellos no sufrieron esos años negros de imposición del español y en sus manos está la responsabilidad de mantener esta lengua milenaria que es el orgullo de Europa», según el alcalde de Getxo, Iñaki Zarraoa, que recuerda cómo el franquismo obligó a su aita a cambiar de nombre por su procedencia euskerica.
La exposición, que muestra documentos prestados por el Archivo del Nacionalismo Vasco, el Museo del Ferrocarril, Euskal Eskola Museoa, Arxiu Nacional de Catalunya y Behatoki, así como documentos sonoros de personas individuales que sufrieron la imposición del español, tiene un cuerpo central cuyo objetivo es reproducir un día cualquiera en cualquier pueblo de Euskal Herria y mostrar la prohibición del euskera en todos los sectores de la vida, tanto desde el ámbito institucional como el social y educacional. Y eso se consigue de forma muy visual con las reproducciones de un aula de una ‘‘escuela nacional’’ franquista, donde aparece escrita en su encerado la prohibición de hablar euskera, así como de la fachada de un Ayuntamiento - «desde donde el poder centralista irradió su política de implantación cultural y donde nacieron bandos, normas, leyes y órdenes», según Kaltzada-, una iglesia, un cementerio y una estación de ferrocarril. En cada uno de estos espacios convivenciales pueden leerse documentos, bandos, multas a establecimientos comerciales y culturales -desde revistas a zapaterías y tiendas de ultramarinos- y prohibiciones que se extienden desde el clero -orden de no usar el idioma vasco en las ‘‘pláticas y sermones a los fieles’’- a los educadores, pasando por la imposibilidad de usar el euskera en las lápidas, que muestran nombres tachados. Realmente esclarecedor resulta la lectura de multas firmadas por el Gobierno Civil y el Comandante Militar de turno, que, en el caso del de Las Arenas, sancionó con el pago de 500 pesetas de la época, 1938, a José Mariscal Arana por permitir llamar a su hijo Yonchu (sic) en la vía pública, «nombre de marcada significación separatista y una manifiesta desafección a nuestro Glorioso Movimiento Nacional», según el texto literal de la multa, aportada por un descendiente de la persona sancionada.
Un idioma de futuro
La exposición, que muestra también curiosidades como un collar de conchas que las autoridades españolas imponían como castigo a los nativos de la isla colonial Bioko (antigua Fernando Poo) al hablar su idioma, el bubi, enlaza con el presente y el futuro a través de un túnel metafórico, que representa la época de la transición, «con todo lo que de oscuridad y esfuerzo significó para la población vasca», según la comisaria de la muestra. La salida del túnel representa «una nueva era» para el euskera como idioma que «ha avanzado mucho, aunque no lo suficiente», y que ha ido evolucionando hasta el punto de que hoy es utilizado en los diferentes ámbitos económicos, culturales y sociales. «Todavía queda camino por hacer, y pasa por ir más allá de su mero aprendizaje. Debe gozar de salud social», concluye Kaltzada. |
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