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Zorrotzaurre. Urbanismo de maqueta
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José Allende
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Diálogo Frente al urbanismo de maqueta hay que propiciar lo integral y participativo
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No es habitual encontrar una ciudad europea con un espacio urbano del tamaño, entidad y características de la actual península de Zorrotzaurre, ubicado en el corazón de la metrópoli. Zorrotzaurre es, sin duda alguna, un territorio urbano privilegiado, único, irrepetible, situado además en el epicentro del área metropolitana. Prácticamente una isla de dos km. que soporta en la actualidad un progresivo deterioro pero, a la vez, un diamante en bruto que espera paciente su renovación-rehabilitación bajo los nuevos criterios de sostenibilidad urbana y extensiva participación ciudadana de agentes sociales, económicos, políticos y hasta sindicales. El "proyecto" recientemente presentado por la arquitecta Zaha Hadid para este amplio trozo urbano bilbaino (para otros "pieza territorial"), ha estado expuesto con una gran maqueta y fotomontajes futuristas, durante el mes de noviembre, en el Museo. De golpe y porrazo aparece el "Master plan" acabado hasta en sus últimos detalles. Será una isla que albergará en sus 78 hectáreas, 5.300 viviendas (70% del suelo), tres distritos diferenciados funcionalmente, diez puentes, una gran avenida central con cuatro carriles para el tráfico, etc, etc. No entro a valorar aquí el propio "proyecto" y sus interesantes propuestas formales presentadas con su maqueta, sin ni siquiera un pequeño documento justificativo de sus principios y contenidos. Mi inquietud y sorpresa están en el procedimiento. Zaha Hadid es, ciertamente, una prestigiosa arquitecta con una limitada obra centrada, no en el urbanismo, sino en el diseño, en proyectos concretos (restaurantes, estaciones de bomberos y tranvías, pistas de salto de ski...) premiados por su imaginación en edificios geométricos. Excelente expresión gráfica ( dibujos, pinturas, collages...) que justifica el que se llegue a decir de ella que es más artista que arquitecta. Nada que objetar... pero Zorrotzaurre es un territorio urbano de 78 hectáreas, con 500 vecinos y en el centro de un área metropolitana de un millón de habitantes. El "Master plan" presentado refleja la prevalencia del "proyecto" frente al plan, la maqueta frente al plan. Un virtuoso ejercicio formal y colorista merecedor, posiblemente, del primer premio de un proyecto fin de carrera de arquitectura. Pero, desde luego, no responde en absoluto a lo que debiera ser un plan de ordenación urbana de ese amplio y estratégico territorio. Y de ello tiene una gran responsabilidad el consistorio municipal. Me permito sugerir, esquemáticamente, algunos prerrequisitos que exigiría esa preciosa maqueta antes de haberse hecho pública sin ni siquiera un tríptico explicando los parámetros fundamentales de ese pequeño Manha-ttan. El procedimiento seguido entiendo es absolutamente incorrecto. Precipitadamente se ha hecho público el "proyecto" final por medio de una maqueta, obviando, y en cualquier caso, condicionando el debate y la contrastación social y política sobre metas, objetivos y criterios, previos a la elaboración del plan. El destino de ese espacio emblemático debiera debatirse ampliamente en el seno de la sociedad civil con la participación de las fuerzas sociales, económicas y políticas. Especialmente relevante resultará el propio Zorrotzaurre con sus vecinos, actividades económicas e intereses generales del barrio. Pero también deben participar Deusto, Olabeaga, San Ignacio y Zorrotza en primer término, además de Bilbao en su conjunto. Ese debate previo, didáctico, participativo, es crucial en el procedimiento. Ocurrió en Les Halles (Paris), en Covent Garden (Londres) y está de nuevo sucediendo ahora con la rehabilitación de Les Halles, donde cuatro planes urbanísticos se disputan la renovación de un céntrico trozo de ciudad de diez hectáreas, mucho más pequeño que Zorro-tzaurre. Los cuatro planes se exponen a la opinión y escrutinio público para su debate y contrastación, dentro de un procedimiento reglado. También aquí, especialmente, deben presentarse alternativas y evaluar-contrastar las mismas a la luz de los objetivos y criterios previamente establecidos. Contrariamente, sacar a la luz pública una maqueta totalmente colmatada de la isla, sin esos pasos previos, no es en absoluto el procedimiento idóneo. Frente al urbanismo de maqueta creo debemos propiciar un urbanismo integral, sostenible, participativo y democrático. Hoy resulta obligado debatir y consensuar, antes de la elaboración del "proyecto", los criterios y objetivos de sostenibilidad adoptados. ¿Tres distritos funcionalmente diferenciados o mezcla de usos? ¿Qué lectura hacemos de la movilidad y accesibilidad sostenible? ¿Una isla con coches, sin coches, con muy pocos coches...? ¿Cuántas viviendas y que intensidad de otros usos? ¿Qué tipología urbanística y edificatoria sería deseable? ¿Zonas verdes públicas o conexiones siderales a parquecitos ya existentes en Bilbao? ¿Qué tipos de equipamientos y con qué intensidad de usos del suelo? Todo esto y más debiera, entiendo yo, ser objeto de un proceso de participación reglado de abajo a arriba, previo a la presentación de la luminosa maqueta acabada. Primero el plan, después el diseño. Pablo Otaola, gerente de la Comisión Gestora de Zorrotzaurre, proponía respecto a la recuperación de los suelos de la Ría que «el nuevo tejido urbano debe ser poco denso, incorporando mezcla de usos y contando con abundancia de zonas verdes» (1999). ¿Por qué ahora es distinto? Creo en consecuencia, que debe replantearse con cordura y sin prisas el actual procedimiento que, sinceramente, estimo impresentable. Y ello sin entrar a valorar la filosofía criterios, estructura y "proyecto" concreto presentado por Zaha Hadid. La planificación urbana no es neutral, ni en su concepción ni en sus efectos. Siempre hay ganadores y perdedores, además de poderosos intereses que reflejan los valores ético-políticos de los que están en el poder. Por eso es bueno y necesario favorecer la democracia participativa y el diálogo ciudadano. Socializar y democratizar las decisiones suavizando a los poderes fácticos. Es el requisito, en cualquier caso, de la nueva gobernabilidad y exigencia inexcusable de la sostenibilidad urbana. La ordenación del territorio y su expresión local urbana es una tarea inherentemente política. Es una ciencia social con un doble carácter político y técnico-científico, por lo que presenta continuos intentos de subordinación a los intereses y objetivos parciales de los grupos de poder. Ello propicia procesos de instrumentalización interesada por distintos grupos o clases sociales. Ésta es la razón fundamental para exigir un procedimiento abierto, extensivo y democrático. Al observarse como una ciencia aplicada exige la participación pública de agentes sociales, económicos y políticos. Por ello, la Carta Europea de Ordenación del Territorio (CEMAT, 1983), señala que "la realización de los objetivos de la Ordenación del Territorio es esencialmente una tarea política". ¿No piensan así el Ayuntamiento de Bilbao y la Concejalía de Urbanismo?
José Allende es catedrático de Planificación Urbana y Regional |
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