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¡Qué buen señor!
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Joaquín Navarro Estevan
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"Tus palabras sólo fueron/ una palabra, velaz". Así decía don Antonio Machado. Las demás palabras -perdón, amor, caridad- tenían menos peso. Velaz. Para que el enemigo no nos engañe con cuentos, nos tienda celadas, nos anestesie con promesas que no cumple o nos arrulle con canciones de cuna movidas por la mano de la traición, el odio y la insania.
Decía Bertrand Russell que tres pasiones muy simples pero muy profundas habían perturbado su alma. El ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y un dolor insoportable por el sufrimiento de la humanidad. Amor. Conocimiento. Solidaridad. Son las mismas pasiones que exige Euskal Herria. Amor a su realidad, a lo que es, a lo que puede ser, y a lo que tiene que ser. Amor a su tierra, a su paisaje duro y deslumbrante, a sus valles, a sus montañas, a su mar y, sobre todo, a sus gentes. La patria de todos los vascos necesita un amor activo, creador y fecundo.
Conocimiento. Sólo se ama cuando se conoce el objeto de nuestro amor. Cuando se le conoce y se le admira. Cuando se sabe su historia, sus costumbres, su lengua, la comunicación entre sus hijos. Cuando se conoce la lucha por la defensa de lo que es suyo. De su casa, de su libertad, de su dignidad y de su integridad física y moral. Cuando se defiende con alma y vida la casa del padre, que es la patria que nos acoge. Cuando se pide a todos nuestros dioses que salven a Euskal Herria. "Del hampa que sacia/ su canallocracia/ del puñal con gracia/ líbranos, señor". Así lo pedía Rubén. Libradnos, dioses de Euskal Herria. Su pueblo permanece tenso en la vigilia de la libertad. "Fieles, pero afligidos", como la divisa nobiliaria de los Marlborough.
Y una piedad insoportable por el sufrimiento de los nuestros y de los que no lo son. Por los que sufren injusta persecución de la justicia. Por los presos maltratados y marginados como si fuesen un cáncer. Por los viejos que no encuentran familia en su familia ni hogar en su hogar. Por los niños que no pueden vivir sin llorar de hambre y desamor. Por las mujeres que son ofendidas o maltratadas cuando representan en Euskal Herria la sal de la tierra, la fuerza de las grande heroínas y el coraje de los hombres. Piedad insoportable que se transforma en pasión por la justicia, que es pasión por la igualdad y desprecio por el privilegio. Pasión por la justicia que es reprobación de toda servidumbre. Sustitución del gobierno de las personas por la administración de las cosas.
Y buena fe, que es respeto a los demás y a nosotros mismos. Hemos estado asistiendo a todo un festival de mala fe contra el Plan Ibarretxe. Después de la ridícula iniciativa del ultra Rabanera, la del Gobierno Aznar, que anunciaba recursos incluso contra lo que no existía, del Tribunal Constitucional, que buscaba figuras de impugnación donde no había, nos encontramos ahora con el nuevo talante de Zapatero, que no regatea soflamas contra el plan.
El día 30 se jugará el primer asalto de un larguísimo combate. Si prospera la lógica política -el buen sentido abertzale- Sozialista Abertzaleak apoyará explícitamente el proyecto y lo dejará navegar mar adentro. Después de tanta falsedad e infamia tanta, de tropecientas amenazas del poder central y de sus cómitres, de tanto insulto y desprecio tanto, Sozialista Abertzaleak no debiera situarse junto a una tropa hostil y despatriada. Ya habrá tiempo de perfilar y ahondar en las entrañas del plan. Tiempo de reflexión y tiempo de lucha. Pero ahora toca el tiempo de la cosecha. Que los perros ladren porque cabalgamos. Que los hombres y mujeres de Myo Cid puedan decirlo al revés de como lo decían: "¡Dios, qué buen señor si tuviese buenos vasallos!". ¡Qué buen señor sería el pueblo vasco si sus representantes y gobernantes lo condujeran hasta lo que es: una nación libre y hermosa! La marcha del pueblo vasco es imparable. Su autodeterminación está realizándose día a día rompiendo murallas y fronteras creadas por la ignorancia, el temor y la estupidez. Hay ya quienes hablan de la necesidad de que las Fuerzas Armadas interrumpan esa marcha. Es una necedad y una traición. |
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