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Los polichinelas
Carmen Torres Ripa
La derecha más recalcitrante lucha denodadamente para ser la depositaria de los valores eternos

Unos valores que ni son valores ni son eternos

Una encuesta reciente, publicada en no sé qué país, ha demostrado que cuanto más inteligente es una mujer, menos posibilidad de casarse tiene. Pues yo me casé dos veces. Mi coeficiente intelectual debe ser nulo. Totalmente imbécil. Así caminamos por el mundo, rodeados de tópicos y de cuestionarios que aseguran felicidad, sabiduría y elegancia. La vida es una farsa escrita de acuerdo al público que lee estas historias, pero siempre escrita por las mismas personas. A veces la farsa va dirigida a quien le gustan los sainetes. Aunque también hay un público fiel para el teatro más serio y, ese teatro, si es drama, mejor. El problema es que no sé, en qué momento, el sainete se convierte en drama. Suele depender de los temas.

Ignoro cuándo sucede que un ideal, una convicción política y hasta un dogma de fe, deja de ser un deseo objetivo para tornarse en fanatismo. Al fanatismo se llega solo, conducido misteriosamente por la masa o… Aquí empieza el misterio. Un misterio manejado por unos hilos muy finos, casi invisibles, que mueven extraños. Seres que no tienen cara, porque se han transmutado en unos entes, poderosos y monstruoso, que se adaptan a las circunstancias y nos da forma a su gusto. Nos obliga a creer que hacemos lo que nosotros queremos. Estos personajes son: los polichinelas.

Un polichinela, según el diccionario, es un personaje burlesco de farsa. Este personaje anónimo que hasta puede producir risa, no existe, pero está. Está a su lado y se introduce en todo lo que puede producir división. Los polichinelas se multiplican como el virus de la gripe. Me persiguen y cuando los siento cerca me dan unas inmensas ganas de llorar.

Estos personajes han conseguido separar hasta a los hermanos.

Bajo su influjo maligno, el país se ha dividido en dos Españas profundamente enfrentadas. Dos Españas que vistas desde fuera producen pavor. La derecha más recalcitrante lucha denodadamente para ser la depositaria de los valores eternos. Unos valores que ni son valores ni son eternos. Se ha trucado el sentido de la dignidad y, no digamos, el vocablo de la eternidad. El tiempo nacional ha quedado estancado en un pobre y mediocre cuenta pasos manual. Europa camina a otro ritmo. Alemania superó la guerra y hasta pidió perdón a las víctimas del nazismo. Italia dejó atrás a Mussolini con serenidad, mirando al futuro, y, sin embargo, aquí, en España, la derecha se ha dividido, con recalcitrante añoranza franquista, en ultraderecha y en ultraconservadora. Los sencillos ciudadanos de a pie, de una derecha moderada, se han perdido, al borde de la carretera, sin saber dónde están y a quién votaron. Pienso en mi padre. Sería uno de los extraviados. Un náufrago nadando en un mar sin orillas, desconcertado y sin orientación hacia qué navío embarcar.

Me avergüenzo de este país de polichinelas.

Porque son ellos, los polichinelas, los que han soliviantado a miles de manifestantes con sus soeces palabras, con sus mal intencionados insultos, con sus golpes injustos. El fanatismo de los polichinelas no atiende a razones, lo importante es lo que ellos quieran que sea importante. Séneca, muy acostumbrado a las confrontaciones del Senado romano, decía que «la razón trata de decidir lo que es justo. La cólera trata de que sea justo lo que ella ha decidido». Así actúan los polichinelas, imponiendo su voluntad. Una sinrazón que ha embadurnado a las víctimas del terrorismo, aunque el dolor y el sufrimiento cubren casi todas las equivocaciones. Pero los polichinelas manejan a su placer este dolor y esta pena. El poder de estos seres misteriosos es inconmensurable. Los polichinelas pueden llegar a la mismísima Roma. Hasta la infalibilidad papal depende de los polichinelas. Ellos pueden conseguir que el Sumo Pontífice hable de la importancia del agua en vez de Dios y de la paz, y que las víctimas de terrorismo engendren más odio en vez de perdón.

Me pregunto cómo recuperar la sensatez. Cómo poner cada tema en su sitio. Quién será capaz de borrar del mapa de España a los polichinelas. Dejo el sitio libre a los varones, quizás ellos puedan solucionar este extraño desbarajuste. Yo soy una mujer casada, la inteligencia no me acompaña. ¡Qué vamos a hacer!

¿Seguimos sumando tópicos o nos ponemos manos a la obra? Cuenten conmigo. Aborrezco a los polichinela.
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