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El Papa en la ventana de su habitación. Efe |
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TELEVISIÓN
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¿Está perdiendo el habla?
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La voz débil y rota que exhibió en la aparición del domingo alimenta la rumorología y ya se especula con una posible dimisión del papa
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Carola Frentzen Roma
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Tras días de especulaciones sobre el verdadero estado de salud del papa Juan Pablo II, todo el mundo esperaba con expectación su primera aparición pública. Volver a ver al sumo pontífice personalmente, volver a ver su conocida cara y sus vivos ojos... el objetivo era tranquilizar a los preocupados creyentes.
Juan Pablo II apareció el domingo en la ventana abierta de su habitación en la clínica romana Gemelli con un saludable color de cara y ojos alertas. Pero la preocupación no ha hecho más que aumentar con su comparecencia: la voz del pontífice, de 84 años, era ronca, débil y rota.
Y los rumores dicen que había sido grabada de antemano, cuando el Papa seguía convaleciente en la cama.
La pregunta que se hacen ahora todos es: ¿Puede ser que, dentro de poco, el Papa no pueda ya hablar más? "La pesadilla de que pierda el habla preocupa a los hombres del Vaticano", resumía ayer el diario "Corriere della Sera".
De hecho, hace dos años, cuando el Papa, aquejado del mal de Parkinson, dio por primera vez muestras de tener problemas con el habla, el cardenal argentino Jorge Mejía declaró que una pérdida del habla conllevaría ineludiblemente a la cuestión de una renuncia al pontificado. "Un mudo no puede celebrar la eucaristía", se dijo en aquel entonces.
Así que la aparición en la clínica Gemelli no ha tranquilizado los ánimos, sino que ha avivado nuevas especulaciones. Demasiado enérgicamente rechazó el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, los rumores de que la bendición papal del domingo era una grabación.
Y resulta demasiado obvio que había algo que no cuadraba: Juan Pablo II comenzó al principio con una voz comprensible la bendición "Sit nomen Domini benedictum", a la par que un hombre de confianza le colocaba la hoja de donde la leía de tal modo que la boca del Sumo Pontífice quedó totalmente tapada. Luego hubo silencio, un chasquido y, con una voz ronca, claramente distinta, se pronunció el final de la bendición.
Por mucho que el Vaticano se esfuerce en difundir la impresión de una constante mejoría del estado de salud de Juan Pablo II, la preocupación crece. También el cardenal Walter Kasper declaró recientemente que el Papa debería seguir descansando y que sería mejor que no regresara demasiado pronto al Vaticano.
«¿Qué pasaría si sufriera una recaída?», se preguntó Kasper.
Aunque según sus médicos el Papa superará la actual crisis, los riesgos para un paciente de Parkinson son grandes. «No se puede curar el Parkinson, sólo se puede retrasar el proceso de la enfermedad», afirma el anestesista Corrado Manni. Lo que quiere decir que Juan Pablo II seguirá teniendo síntomas como una voz débil, difícil de comprender, y una respiración débil, aunque haya superado la laringitis aguda. |
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