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¿qué comunidad nacional?
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Joaquín Navarro
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Cuentan los viejos cronicones que, al aprobarse en la ponencia constitucional la introducción del término ‘‘nacionalidades’’, el conocido filósofo demócrata Manuel Fraga preguntó qué era eso. Le contestaron que no era prácticamente nada. Fraga dijo, más o menos: «Si no es casi nada, que se quite; si es algo, que se explique y después se quite también». Éste era el alto nivel dialéctico en el seno de la ponencia constitucional.
Pero Solé Tura dijo en la Comisión algo que conmocionó al personal carpetovetónico. «Si no conseguimos resolver el problema vasco, la Constitución habrá fracasado». Tierno Galván ratificó esa tesis, añadiendo que la emoción y la pasión del pueblo vasco por su singularidad nacional no podía reprimirse ni perseguirse con la violencia. Había que respetarla y facilitarla en el texto constitucional. Después vendrían las interpretaciones mezquinas, la negación de los rábulas, el odio de los patriotas españoles, la persecución y encarcelamiento de los nacionalistas vascos, las amenazas, las coacciones y las torturas. Excelentes respuestas para la supervivencia de una Nación. Para reforzarla como primer derecho de los vascos.
La vieja constitución de Virginia establecía tres derechos necesarios cuando la independencia nacional estaba amenazada: el derecho a la resistencia activa, el derecho a la desobediencia civil y el derecho a la insurrección política contra el usurpador. Resistir, desobedecer y luchar. Sólo la insumisión conquista la libertad. Es como el ansia que recrea y enamora. También libera. Cuando los socialistas del PSE hablan de ‘‘comunidad nacional’’ ¿de qué hablan? Si es de una comunidad integrada en la Nación vasca, que actúen en consecuencia. Si se trata de una comunidad retórica, de un brindis al sol, de una nacionalidad al estilo constitucional, no añade nada.
Recuerda el ‘‘patriotismo constitucional’’ con que los alemanes encubrieron su espíritu nacionalista después de la guerra mundial. No amaban a su patria con el fervor de antaño, porque ese antaño no era presentable hogaño después de la ferocidad totalitaria del fascismo. La amaban con el fino comedimiento del patriotismo constitucional. Aquí se sustituye por la comunidad nacional del PSE-PSOE. Es un chafarrinón, pero provoca serias objeciones en los españolistas más vehementes, que lo consideran una cesión a los ideales nacionalistas. Eso de ser miembro de la comunidad nacional vasca parece equivaler a ser medio vasco. Un vasco vergonzante. Aquí no hay honor. Hay claudicación y pleitesía a la patria común e indivisible.
Los socialistas dicen que el cambio es posible y que su alternancia está basada en el diálogo, la integración y la igualdad política. No citan la libertad política ni, por supuesto, la libertad de autodeterminación. Dicen, sin embargo, que su programa aboga por construir «una verdadera patria vasca que acoja a todos sus integrantes». Sin más explicaciones. A lo que se ve, todo lo demás es una falsa patria vasca. Los nacionalistas corrompen y prostituyen la realidad de la patria al proclamar la necesidad y la realidad de una nación independiente. Esto no es una patria. No es una comunidad nacional.
Hablan de la necesidad del diálogo, pero se han negado sistemáticamente a las incitaciones que se les ha hecho desde el Gobierno vasco y desde todos los sectores nacionalistas. Han preferido, hasta ahora, confraternizar con el PP y con lo más granado de la ultraderecha estatal. Han preferido seguir apoyando el pacto antiterrorista, la ley de Partidos, la corrupción del Código Penal a través de un antiterrorismo antijurídico y esperpéntico y demás vergüenzas del aznarismo militante. Siguen prefiriendo esas leyes ilegales a una leal negociación sobre el sentido, la estructura, la organización política y el futuro institucional de la patria vasca.
Nunca han reivindicado la necesidad de que los presos vascos cumplan su condena o su prisión preventiva en cárceles vascas. Nunca han denunciado la tortura. ¿Son acaso cuestiones incompatibles con la creación de la comunidad nacional vasca? Tienen que decidir en algún momento. O persiste su dependencia de la derecha montaraz o se rebelan contra ella y hablan libremente, sin ligaduras ni mordazas. Lo de la comunidad nacional no engaña a nadie. Es un ‘‘flatus vocis’’. |
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