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LA REFORMA de las pensiones continúa siendo el gran centro de atención de la opinión pública, y de la publicada estadounidense, y prácticamente no pasa un día sin que se generen nuevos episodios en su entorno. El de ayer fue aireado con gran despliegue por los periódicos de la Costa Oeste, más concretamente los californianos. Se trata de las auditorías exhaustivas a las que están sometiendo a las autoridades federales a los grandes sindicatos en general, y a los afiliados a la AFL-CIO. La contabilidad de los tres últimos años ha sido puesta sobre la mesa, y según fuentes sindicales, el departamento de Trabajo ha llegado a concentrar a casi media docenas de inspectores en sus visitas a las sedes locales de estos sindicatos. Por su parte, el departamento de Trabajo reconocía que estas auditorías se están llevando a cabo, pero niegan cualquier otro interés que el estricto cumplimiento de la normativa laboral aprobada en 1983 y la consiguiente protección de los intereses de los trabajadores. A esto responden los sindicatos recordando que la última inspección, bastante menos intensa que la actual, la pasaron inmediatamente después de la publicación de aquella ley del 83, y que desde entonces la Administración no había vuelto a manifestar el menor interés por la evolución de sus cuentas. En este sentido la prensa recuerda que los sindicatos en términos generales, y los integrado en la AFL-CIO en particular, son los activos disidentes de los proyectos de reforma de las pensiones que se patrocinan en la Casa Blanca. Añade la condición de importantes aportadores de financiación para el partido demócrata en las Presidenciales celebradas en noviembre. El súbito interés de la autoridad laboral federal ha hecho que su actuación sea objeto de críticas, mientras los sindicatos aseguran que sus cuentas se encuentran en la más absoluta legalidad. |