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No hay como ponerse el casco para sentirse un verdadero bombero. D. A. |
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Aguirrelanda: parque temático
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Los bomberos gasteiztarras deleitaron a los visitantes con su dotación, vehículos, simulacros y exhibiciones..
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C. Martín Gasteiz
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De vértigo trabajar en estas alturas... Dani Allende
Aquello se convirtió en "Territorio Comanche". Pese a su equipamiento de última generación y a la profesionalidad de sus integrantes, el Servicio de Bomberos de Gasteiz, con casi toda su dotación operativa, apenas si pudo sofocar el interés de la concurrencia. Ésta tomó al asalto las instalaciones del retén en Aguirrelanda, ayer abierto de par en par en jornada matutina de "puertas abiertas". Precisamente por ello, la chavalería abarrotó todos los vehículos del cuartelillo que encontró a su paso, haciendo sonar las sirenas de éstos a satisfacción y simulando su participación en fuegos de colosales dimensiones. Tampoco pasaron desapercibidos los simulacros de incendios y rescates que llevaron a cabo los bomberos y las muestras del material y dotación que éstos utilizan para desarrollar habitualmente su labor.
Por todo ello, el retén de Aguirrelanda mudó ayer de apariencia para transformarse en algo así como un parque temático de bomberos. Los camiones, ambulancias de soporte vital y grúas del Cuerpo, en vez de aguardar pacientes el olor a humo, se transformaron en un divertimento, sobre todo, para los más pequeños que, casco en ristre, dieron rienda suelta a su imaginación.
Ni siquiera se libraron del furor infantil dos de los vehículos con más solera de la capital alavesa, de la marca "Magirus", que también fueron objeto de curiosidad. Sus viejos guardabarros y su carrocería de otra época, testigos de cientos de incendios, no pudieron zafarse del interés de los que serán bomberos en el mañana.
A pocos metros de ambas joyas de la mecánica, Markel, un fornido bombero de «tres añitos», según palabras de su madre Aran-tza, intentaba zafarse del casco que le impedía ver más allá de su nariz. Una vez logró desembarazarse del mismo, comenzó a investigar con la mirada el habitáculo del camión en el que se encontraba junto a sus primos y otros chavales. Sus ojos no salían de su asombro salvo para observar con intenciones el castillo hinchable dispuesto en las inmediaciones.
Precisamente, hacia allí se dirigían "Lolo", Idoia, Juan Diego y Alicia, dos matrimonios con sus respectivos hijos. Sin embargo, una actuación "en vivo" de unos bomberos apagando un fuego les retuvo. Los vástagos de ambas parejas no pudieron dejar de mirar cómo las llamas sucumbían ante la espuma que les administraban desde una escala allí dispuesta. A Iker y a Naiara, aún en cochecito, no les sobresaltó más de la cuenta. Pero a Roberto, con casi 4 años, ya se le vieron maneras. «Lo que más me ha gustado ha sido el fuego», indicó. |
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