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La fractura del PP
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Enrique Curiel
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Paradoja Ante el "talibanismo" de los responsables del PP, es Fraga quien representa a los reformistas
Enfrentamiento civil Acusar a Peces Barba de amparar a «los verdugos terroristas» resulta inaceptable
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Hace escasos días tuve la ocasión de mantener una larga conversación con un antiguo ministro de Unión de Centro Democrático (UCD), que ocupó varias carteras y que dispone de un juicio claro sobre una cuestión que nos preocupa a muchos ciudadanos: la evidente fractura política que se mantiene en España cuando se cumple un año de los atentados de Madrid y del cambio de gobierno.
Su militancia en el Partido Popular no le impide expresar duras críticas sobre la estrategia de su partido y poner de relieve la incapacidad, indolencia y miedo de Mariano Rajoy para liberarse de los sectores más radicales e intransigentes que ocupan la dirección del PP como Ángel Acebes, Jaime Mayor Oreja, Eduardo Zaplana o José María Michavila. Incluso llegamos a dudar en la conversación sobre la propia supervivencia del PP como único partido del centro-derecha español. No es imposible, si se mantienen las actuales orientaciones políticas desde la sede de la calle Génova, que retornemos a una reorganización de la derecha española similar a la que conocimos durante la transición democrática.
UCD, que recogía la sensibilidad política reformista del electorado de centro, y Alianza Popular (AP), que en torno a Fraga Iribarne expresaba la voluntad de los sectores más extremos de la derecha. No deja de resultar paradójico que ante el desequilibrio y el ‘‘talibanismo’’ -la expresión es del vicealcalde de Madrid Manuel Cobo- de los actuales responsables del Partido Popular resulte que el propio Fraga ocupa y representa a los reformistas dentro de su partido. Vale la pena recordar el severo correctivo que Jaime Mayor le propinó públicamente a Josep Piqué por entrevistarse con Carod Rovira en Cataluña.
Lo cierto es que así no podemos seguir porque España afronta una serie de reformas inevitables y debemos resolver problemas ciertos que necesitan del esfuerzo y la colaboración del PP y de todas las fuerzas políticas. ¿Qué sentido tiene que los populares se negasen a participar en el documento de la Comisión parlamentaria del 11-M evitando el consenso en una materia tan sensible como la seguridad de los españoles? ¿Cómo es posible que intentaran evitar que se votara tal documento?
No es lícito aceptar la presión para convertir a alguna organización de las víctimas del terrorismo en una suerte de primera línea de combate contra el Gobierno de la nación. Acusar en el Senado a Gregorio Peces Barba de resultar un comisionado «para el diálogo y el amparo de los verdugos terroristas, además de inaceptable pretende generar un clima de enfrentamiento político y civil. Y Mariano guarda silencio.
Por otra parte, la reforma del Senado es imprescindible para abordar una nueva etapa en el desarrollo constitucional, y, sin embargo, todos los días tenemos que toparnos con la afirmación de que los socialistas deseamos destruir la unidad de España y promover una voladura del Estado. Rajoy debe decidir sus prioridades: o defender la gestión de Aznar sin matices o prepararse para intentar llegar al Gobierno tras ganar unas elecciones. |
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