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Ander Murillo se anticipa al delantero argentino Maxi López en un lance del choque del Camp Nou; el donostiarra fue de los mejores ayer en el conjunto rojiblanco. Reportaje fotográfico Zigor Alkorta, enviado especial |
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Al Athletic le falta audacia frente al Barcelona
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Igor Camaño Enviado especial a Barcelona
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Al barça y al ATHLETIC, como al encuentro que ambos protagonizaron ayer, les diferencia el sonido del ‘‘crack’’. El ‘‘crack’’ suena en blaugrana como una sonrisa; en rojiblanco, como un dolor. ‘‘Crack’’, como sucede con algunas palabras en América Latina, demostró anoche que no tiene la misma acepción en Catalunya que en Euskadi. Dilogía, lo llaman los lingüistas. Así, cuando la mujer llama al marido en Colombia y, azorada, le dice que está metida en un trancón, no le da motivos para preocuparse; la pobre está en un atasco. Tampoco es lo mismo pedir un tinto en Amoroto que en Bogotá: allí, para que lo sepa la cuadrilla, el tinto es un café solo. Y el perico no es el seguidor del Espanyol, es un cortado. Como tampoco un churro es la masa de harina, agua y sal que se unta en el chocolate, sino un hombre de buena presencia, un metrosexual que dicen ahora. Sobran ejemplos para certificar que hay términos que, aunque se escriban igual, no significan lo mismo. Ayer pasó con ‘‘crack’’.
Muy a pesar de la Real Academia de la Lengua, harta de que anglicismos hundan en el olvido el vocabulario castellano, dicha expresión camina de la mano del fútbol desde hace años, de los poderosos del fútbol. Los ‘‘cracks’’ son al balón lo que David Copperfield a la magia: ilusionistas que hacen posible lo imposible y dejan al personal boquiabierto. El Barcelona, al menos de mitad para arriba, es como un catálogo de ‘‘cracks’’. Es como el niño que entra en la tienda de caramelos y, abrumado por la oferta, no saber por dónde empezar. Así es el Barça, como un almacén de ‘‘cracks’’. Los rivales, a veces, no saben ni por dónde empezar. Si ato a Ronaldinho se me escapa Eto’o; si echo el lazo a Deco me la arma Xavi... Cuando los blaugranas sacan a pasear a sus magos todo son problemas para el de enfrente. Más si el vecino anda espeso, sin juego, sin remate, sin fútbol. Ayer el Barça no hizo mucho para ganar el duelo; el Athletic, casi nada.
Al final, en el reino de los ciegos el tuerto es el amo. Los ‘‘cracks’’ del Barça fueron ayer los dolores del Athletic. Las cuatro cositas que expusieron los artistas culés dolieron en las entrañas bilbainas. Sin ese toque, potenciado por los fallos bilbainos, el Barça hubiera pasado como una escuadra ramplona, más contenta con la ineficacia rival que con la eficacia propia. El líder se resumió en un lanzamiento de Deco con suerte, en dos excepcionales pases de Ronaldinho (uno finiquitado por Giuly, solo) y tres cabalgadas, en las faltas de Puyol y en el acierto de Valdés. Con esas migajas fue capaz de superar a un Athletic que con poco que hubiera hecho habría metido el miedo en el Camp Nou. Al menos ayer, el Barcelona fue bueno porque un mal Athletic le regaló el piropo.
Dejar pensar y jugar
Más que acoso y derribo, los de Rijkaard jugaron al derribo y al acoso. Los culés tuvieron a Etxeberria más tiempo en horizontal que en vertical. Le cosieron a faltas (los catalanes cometieron 24 y los vascos 11). El Athletic no llegó con convicción al área rival. Ni supo ni le dejaron. El Barça, en cambio, no encontró los mismos obstáculos. Ronaldinho, arte y parte en el segundo gol, se movió sin sombra. Cogía el balón entre líneas y se plantaba, en un pis-pas, delante de los cuatro defensas. Incluso le permitieron el lujo de intentar imitar aquel famoso gol de Maradona en México’86 driblando a medio Athletic. Él solo se descartó con un tiro nefasto. Cargar semejante cadáver exclusivamente a la defensa tampoco es justo. En los bombardeos sobrevivir es más cosa de suerte que de otra cosa. Ahí estuvo el principio del fin: en dejar brillar a las estrellas culés, capaces de jugar a mil por hora. Los rojiblancos les quisieron imitar pero sólo obtuvieron pases sin destinatario y errores continuos, hijos de la precipitación, que es sobrina de la improvisación y prima del no pensar. El Athletic, que llevaba tres temporadas seguidas puntuando aquí, pudo cambiar su rumbo con dos ocasiones claras de Etxebe. Pero hay días en que uno no está para nada. |
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