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Diario de tres diarios
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Espectáculo inhumano con el Papa
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Juan Carlos Ibarra
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EL PAPA Juan Pablo II volvió ayer al Vaticano. Deseoso de retomar su trabajo, según los portavoces de la Iglesia. Pronunció unas palabras entrecortadas, casi inaudibles. Da lo mismo lo que dijera. La cuestión es que, a estas alturas, es todo un acontecimiento que el pontífice hable, que pueda hablar. Salió en el "papa-móvil" moviendo apenas su mano derecha para saludar a los allí congregados. Es todo un triunfo que aún pueda saludar. Y todo esto, los reingresos en la clínica y las salidas de ésta, las palabras y los saludos, se convierten en acontecimientos de ámbito mundial. Unos acontecimientos con los que la cúpula de la Iglesia parece sentirse a gusto. No sé con que intencionalidad, con qué mensaje oculto. Pero visto desde fuera, sin entrar en esas claves que a buen seguro manejan en el Vaticano, lo que están haciendo con Juan Pablo II parece un espectáculo inhumano.
No es posible que un hombre en las condiciones físicas en las que se encuentra el Papa pueda desempeñar la labor que se le supone al frente de la Iglesia. El sufrimiento físico tiene que estar afectando de forma determinante también a su capacidad de trabajo intelectual. Este hombre merece que le dejen descansar. Y si fuera él quien se obstinara en continuar en el cargo, ése empecinamiento ya sería motivo suficiente para determinar que no está en condiciones de actuar con la lucidez que debería.
Este final agónico del pontificado de Juan Pablo II dibuja una Iglesia que no es capaz de adaptar a los tiempos en los que vive las condiciones que deben regir el mandato de sus dirigentes. Dar por buenos los pontificados a perpetuidad es imponer una condena a quien accede al cargo. No se puede ser el dirigente idóneo hasta el último aliento. |
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