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Bobby Julich se enfunda el último maillot amarillo de la París-Niza, ayer, en el podio de Niza. Efe |
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Bobby Julich vuelve a casa
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Tercero en el Tour’98, el americano de CSC gana en su ciudad adoptiva su primera vuelta por etapas, la París-Niza
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Unai Larrea Bilbao
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«Soy como los buenos vinos: cuanto más mayor, mejor me encuentro», bromeaba ayer, o no, Bobby Julich en la meta de Niza, su ciudad adoptiva (natural de Texas, creció en Colorado y tiene casas en Reno y Philadelphia), donde se convirtió en el primer americano que gana la París-Niza en 63 años de carrera y en el primer líder del UCI Pro Tour.
Si en julio de 1999 algún vidente hubiera pronosticado la victoria de un texano en el Tour de Francia; las miradas se habrían dirigido hacia el dorsal número 1 de la carrera, el de Julich (Ullrich, lesionado, y Pantani, tras el exceso de hematocrito del Giro, causaron baja), tercero en la ronda gala previa tras italiano y alemán. Nadie se habría fijado en el dorsal 181, el de un ex campeón mundial que acababa de superar un cáncer, Lance Armstrong. Paradojas de la vida, aquel Tour encumbró a Lance y sumió en el olvido a Bobby, que en la crono de Metz (aquella en la que Armstrong dobló a Olano) se cayó, fracturándose un hombro y varias costillas. Desde entonces, y hasta 2004, poco o nada se supo de Julich, salvo sus infructuosos cambios de aires (Cofidis, Credit Agricole, T-Mobile, CSC)... Parecía acabada la carrera de aquel niño que, como no le gustaba ni correr ni nadar, sólo acompañaba a su padre, Bob, cuando éste montaba en bicicleta para preparar sus pruebas de triatlón. Con 14 años, Julich decidió ser ciclista tras ver cómo su compatriota Greg Lemond ganaba el Tour’85. Bobby soñaba con ser el segundo americano en París, pero la historia es de sobra conocida. Al menos, ayer se convirtió en el primer americano en Niza.
2004, año en que ficha por CSC, marcó un punto de inflexión en la trayectoria de este educadísimo corredor que, en 1996, mientras trataba de ganarse un hueco en el equipo olímpico para Atlanta’96; descubrió que, desde niño, padece una "taquicardia supra ventricular reentrante", que disparaba sus pulsaciones en reposo hasta 250. El año pasado ya ganó la crono de País Vasco, fue tercero en París-Niza y en la crono de Atenas. Él dice que la culpa de su recuperación, a sus 34 años, es de su director, Riis, y de la confianza, espíritu de equipo y sabiduría táctica que infunde y transmite a sus corredores. |
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