LOS ESCÁNDALOS financieros y contables que salieron a la luz hace algunos años en importantes empresas estadounidenses comienzan a impactar directamente en sus responsables. Ayer, el ex presidente de WorldCom Bernard Ebbers fue declarado culpable de los nueve cargos de los que se lo acusaba, en relación con un fraude contable de 11.000 millones de dólares en el gigante de la telefonía, que sufrió en consecuencia la mayor quiebra de la historia de Estados Unidos.
Mientras, la Comisión del Mercado de Valores de EE.UU. (SEC) presentó ayer una demanda contra el ex presidente de la empresa de telecomunicaciones Qwest, Joseph Nacchio, y otros seis antiguos directivos por «fraude financiero masivo» a los inversores.
En el caso de WorldCom, y en su propia defensa, Ebbers alegó que no estaba al tanto de la manipulación de los libros de cuentas, y culpó del fraude a sus subordinados. Sin embargo, el jurado de un tribunal federal de Nueva York no se mostró de acuerdo con el ejecutivo y lo halló culpable de fraude, conspiración y siete cargos de falso testimonio a las autoridades del mercado de valores. Ebbers, de 63 años, podría ser condenado a hasta 85 años de cárcel.
Ebbers llevó a la pequeña compañía telefónica de Mississippi hasta convertirla en el segundo mayor proveedor de servicios telefónicos de larga distancia en Estados Unidos. Sin embargo, la empresa se declaró en quiebra en 2002, y dejó de ser insolvente el año pasado, con el nombre de MCI. El juicio, que comenzó el 19 de enero, enfrentó a Ebbers con quien fuera su mano derecha y director financiero de WorldCom, Scott Sullivan, que afirmó que el presidente de la compañía dirigió el fraude contable para que las ganancias de WorldCom cumplieran las expectativas de Wall Street.
La acusación consideró que Ebbers tenía un móvil para el fraude, ya que tenía préstamos de cientos de miles de dólares avaladas por sus títulos de WorldCom. Sin embargo, el ex presidente de la empresa subrayó sus oficios anteriores como entrenador de baloncesto y lechero y aseguró que no sabía nada de contabilidad o de finanzas. El jurado, que deliberó durante ocho días, no le creyó. Por su parte, Sullivan se declaró culpable del caso en marzo de 2004 y ha cooperado con la acusación de Ebbers. A cambio obtendrá una condena más leve, aunque por el momento no se ha emitido.
El fraude de WorldCom salió a la luz en el verano boreal de 2002. Quedaron sin empleo 20.000 trabajadores de la compañía, y muchos de ellos también perdieron sus contribuciones de cara al cobro de futuras pensiones, por haberlas invertido en acciones de WorldCom que carecían de valor tras el escándalo. En total, los inversores perdieron 180.000 millones de dólares.
En el caso de Qwest, la demanda fue presentada ante un tribunal federal de Denver, donde tiene su sede la empresa, y acusa a Nacchio y los otros ex ejecutivos de emitir documentos financieros falsos.
Las falsas declaraciones financieras habrían sido emitidas entre abril del año 1999 y marzo del ejercicio 2002, y entre otras cosas habrían inflado los ingresos de la compañías en unos 3.000 millones de dólares, según la SEC. |