A LAS PUERTAS del sanatorio en el que agoniza Terri Schiavo, la mujer que lleva quince años en estado vegetativo, se siguen viviendo escenas de tensión y protestas, mientras dentro la vida de ella parece agotarse. Grupos cristianos contrarios a la eutanasia, amigos y simpatizantes de Bob y Mary Schindler, los padres de Terri, persisten unidos en las movilizaciones y muestran su rechazo a la decisión de una cadena de jueces que hasta ahora coinciden en rechazar que se le reinserte la sonda que alimentaba a la mujer.
Frente al cordón policial, numerosos carteles y fotografías de Terri, de 41 años, reafirman la postura a favor de la vida y en contra del derecho a morir dignamente que argumenta el esposo de ella, Michael Schiavo. George Felos, su abogado, subrayó que su cliente «estaba al lado de su cama y que el aspecto físico de Terri reflejaba serenidad. Está en el proceso de morir».
«Es asesinato, no piedad», reza un cartel de grandes dimensiones que sujetan por los extremos una mujer y un niño frente a la clínica. «Qué pensaría si su hijo se estuviera muriendo de hambre», dice otro. La protesta continúa después de que el jueves dos tribunales diferentes rechazaron unas de tantas peticiones legales de los Schiavo de reinsertarle la sonda, y de que ayer ocurriera lo mismo con otra. Las plegarias de los manifestantes han ido acompañadas de arrestos, incluso de niños, especialmente los que intentaron acceder al hospital, algunos de rodillas, al tiempo que llevaban recipientes con agua y alimentos. |