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Diario de tres diarios
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Ya llegan los cascos azules
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Juan Carlos Ibarra
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DESPUÉS de tantos años con cascos primero grises, luego marrones, ahora negros, además de los eternos verdes, y de políticas ligeritas de cascos, ya era hora de que desde el constitucionalismo español se decidieran a recurrir a los cascos azules para solucionar el conflicto político vasco. La idea es de Emilio Guevara, el flamante teórico del socialismo vasco, quien está vendiendo al PSE a precio de oro los planos del "cinturón de hierro" del nacionalismo vasco, tras pasarse al otro bando. El papel del PSE, dice el líder socialista (Emilio Guevara, líder socialista, ¡hay que ver!), es convertirse en «una fuerza de interposición para acabar con el enfrentamiento entre quienes apuestan de forma insensata por la ruptura del marco estatutario y quienes carecen de ideas para progresar y no ofrecen otra alternativa que no sea decir a todo que no». Una fuerza de interposición, unos cascos azules, salidos de una de las trincheras y puestos, de la noche a la mañana, a arbitrar. La ONU debería atender ideas como ésta, lo que le ahorraría andar moviendo tropas de un lado para otro por todo el mundo. Basta con pintarle de azul el casco a una de las partes y santas pascuas.
Luego, a seguir barriendo para casa, porque en su primera alocución como casco azul, Guevara volvió a ratificarse en el "bando del no", al afirmar que «sobre el derecho de secesión, que es el núcleo del plan -se refiere al proyecto de Nuevo Estatuto-, no cabe negociación posible y no se va a negociar, sea cual sea el resultado de las elecciones». Dicho de otra forma, sobre lo que ha aprobado por mayoría absoluta el Parlamento vasco, ni hablar, aunque lo vuelva a aprobar mil veces. El PSE no será ya más "muro de contención" de la voluntad de los vascos; ahora será "fuerza de interposición". |
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