La mujer inmigrante debe hacer frente a una doble carga para la integración, la de ser mujer. La historiadora Mary Nash denunció en las Jornadas de Inmigración del Instituto Hegoa la visión negativa existente ante la mujer extranjera «debido a los prejuicios culturales». «Las políticas de inmigración tienen como referencia al hombre y se olvidan de la mujer, relegándola a trabajos domésticos».
¿Cuál es la situación de la mujer inmigrante?
La mujer inmigrante está olvidada y se tiene una mala imagen de ella. Hay autores que defienden que el peor legado del colonialismo es la supresión de la cultura local, pensamiento que aplico a las mujeres inmigrantes porque les está sucediendo algo parecido. Se consideran sus rasgos culturales como algo negativo que produce rechazo.
¿No es real la imagen que tenemos de las mujeres?
En muchos casos está viciada por mecanismos culturales.
¿Cuáles son esos mecanismos?
La invisibilidad, por ejemplo, al contar como referente sólo la realidad del hombre. El otro día un periódico hablaba de los nombres que más se usaban para los recién nacidos era uno de varón, y en realidad hay más niñas que niños, pero el referente escogido fue el masculino. Esto tiene serias implicaciones en las políticas de los gobiernos.
Lo que supone una nueva traba para ellas.
Así es, porque no cuentan con su especificidad y se cae en la homogeneización, como si todas fueran iguales. Parece que el único nicho laboral posible para ellas sea el doméstico. La opinión pública cree que vienen sin ninguna cualificación, con culturas atrasadas, diferencia de religión... Sin embargo, las diferencias son brutales.
¿Cuál es la realidad?
No son todas marroquíes, como se piensa, sino en su mayoría latinas. Lo que significa que cuentan con más rasgos culturales similares a los nuestros y con posibilidades de estar capacitadas para otros campos que el doméstico, como la salud.
¿Cómo es su integración?
Costosa, cuando cuentan con una gran potencial al ser las que más contactos establecen con su entorno. Hablan con las demás mujeres, con independencia de su procedencia, callejean más, mantienen más contactos culturales al entrar en la panadería, al conversar con sus vecinos... Abren espacios. |