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El colorido alegró el Mercado Medieval de Sestao. Javier Balledor |
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Un medievo quijotesco en sestao
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El segundo mercado medieval de Sestao llegó acompañado por un homenaje a la obra más conocida de Miguel de Cervantes, El Quijote, más de cincuenta artesanos y mucha, pero que mucha, expectación entre el público.
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Patxi Arteta Sestao
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LA PROFUNDA transformación urbanística y social que está proyectada para el Sestao del futuro no le ha hecho olvidarse de su pasado. Durante este fin de semana, las calles sestaoarras se impregnarán de olor, sabor y recuerdo al medievo con la celebración de la segunda edición del mercado medieval, que se prolongará también en la jornada de hoy.
La Agrupación Nacional de Artesanos y Antiguos Oficios, ha montado más de medio centenar de puestos repartidos por los dos escenarios elegidos: la Plaza del Kasko y su prolongación hasta el parque de la iglesia de Santa María. A pesar de que el cielo se mantuvo muy nublado y de que llovió débilmente, el público se animó ayer a recorrer el recinto ferial.
Un goteo incesante de personas fueron desfilando por los distintos stands repletos de todo género de productos y materiales posibles. Algunos, como María Dobarán y Jesús Ponte, llegados de Gallarta, sólo miraban, «porque no se puede comprar todo. Hay auténticas maravillas y obras de arte. Lo más bonito es cómo enseñan los oficios artesanales de aquella época a la gente». Por el contrario, los sestaoarras Loreto Márquez y Egoitz López ya habían aflojado el bolsillo y «gastado bastantes euros en figuras de cristal, tallas de madera y esencias».
Son precisamente este tipo de productos aromáticos, aceites y ungüentos los más demandados por el público, junto a pócimas y flores secas para curar y aliviar reumas, sinusitis, varices, migrañas... Sin olvidarse, claro está, del apartado gastronómico con pan, queso y amplia gama de repostería recién elaborada, que sirvieron a muchos como aperitivo y postre, respectivamente, para la comida del sábado. También gozaban de numerosos adeptos la heráldica -«para conocer el árbol genealógico-, las echadoras de cartas -«a ver si me dicen que, por fin, me va a tocar la Primitiva»- y los temas esotéricos y de brujería.
Alfareros, ceramistas, zapateros, alpargateros y esparteros, artesanos del cuero, de la marquetería, la piedra o la encuadernación, cesteros, armeros, forjadores, esmaltadores... se unían en la exhibición de sus productos con los talleres de horno de pan y de alfarería, con las demostraciones de tiro con arco, las de escribanos, cesteros, hojalateros o pintores de piedra.
Y mientras, los más pequeños y los que preferían la diversión al gasto, se decantaban por los múltiples espectáculos callejeros, casi todos con el denominador común de ensalzar o ironizar las figuras de don Quijote y Sancho Panza a través de la puesta en escena de textos conocidos de la obra cervantina. |
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