El Colegio Cardenalicio, en el que están representadas cerca de setenta nacionalidades diferentes, está formado por 184 purpurados, 117 de los cuales, al ser menores de ochenta años, disponen de voto a la hora de designar al próximo Papa.
Pese a que todos los integrantes del grupo elector, menos tres (Joseph Ratzinger, William Wakefield Baum y Jaime Sin, todavía creados por Pablo VI), han sido nombrados en el actual pontificado, no todos pueden ser considerados ‘‘wojtylianos’’.
No obstante, Juan Pablo II tuvo en torno a sí en la Curia Romana un auténtico ejército de cardenales caracterizados por su gran prestigio intelectual y su firme adhesión al fallecido Papa polaco.
Entre los más conocidos se encuentran el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el alemán Joseph Ratzinger, el de la Congregación para el Clero, el colombiano Darío Castrillón Hoyos, y el de la Congregación para los Obispos, el italiano Giovanni Battista Re.
Con algunas excepciones, los miembros del Colegio Cardenalicio son de tendencia moderadamente conservadora y tienen tras de sí una intensa carrera eclesiástica y civil, marcada por una buena formación académica y el conocimiento de idiomas.
Muchos de ellos ya habían cursado estudios universitarios antes de decidirse por el camino del sacerdocio, tales como el arzobispo de Lima, el ingeniero y jugador de baloncesto Juan Luis Cipriani Thorne, o el de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, técnico químico.
Además, gran parte destaca por su preocupación social y su lucha política, sobre todo los representantes de América Latina, que con 21 cardenales electores tiene uno más que el grupo italiano. Aquí se encuentran por ejemplo el arzobispo de Sao Paulo, Claudio Hummes, que se proclamó defensor de los obreros durante la dictadura, o el arzobispo de Santiago de Chile, Francisco Javier Errázuriz Ossa. |