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El Papa es saludado por los fieles en una de sus habituales comparecencias públicas a las que nunca renunció. Efe |
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Una voz universal
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Avanzado defensor de la justicia y conservador en los principios morales papa del cambio Así se le llamó por su compromiso social aunque recibió críticas por su rigidez en posturas de moral sexual
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Peer Meinert/Agencias Ciudad del Vaticano
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El Pontificado de Juan Pablo II ha dejado una profunda huella en la historia por haber sido el Papa que condujo a la Iglesia al tercer milenio con un sentido ecuménico y misionero marcado por sus numerosos viajes y potenciado por su carisma personal. Desde que llegó al Vaticano, impulsó una línea de presencia eclesial en las nuevas corrientes sociales llevando personalmente el mensaje religioso a los países más desfavorecidos y levantando la voz como protesta por los atentados o conflictos que han asolado la Humanidad, como es el caso de la guerra de Irak en 2003. Además, su capacidad para sobreponerse a la enfermedad, al cansancio o al sufrimiento físico, le ha granjeado el respeto del mundo. Desde que en 1981 resultó gravemente herido como consecuencia del atentado, hasta las últimas recaídas y sus repetidos ingresos en el Gemelli, el mundo ha contemplado con el corazón encogido el valor de un hombre enfermo pero infatigable en su misión, la más larga del Papado por su extensión a lo largo de más de 26 años. Cuando el 22 de octubre de 1978 el cardenal Carol Wojtyla llegó a la sede de San Pedro, los comentarios se centraban en la novedad de que el Papa no fuera italiano y precisamente en su origen polaco, lo que hacía pensar en una línea apostólica distinta de sus antecesores. A la hora de analizar su labor, casi todos los vaticanistas resaltan la importancia indiscutible de su figura en un periodo histórico trascendental tras el final de la guerra fría y la caída del Muro de Berlín. Cuando al último presidente comunista de Polonia, Jaruzelski, le preguntaron cuando había comenzado la revolución polaca, respondió: «En 1979, cuando, Juan Pablo II visitó Polonia por primera vez».
"Totus tuus" como lema La presencia de este Papa de gran devoción mariana -su lema "Totus tuus Maria" coreado por miles de seguidores en concentraciones multitudinarias- es un referente del sentido espiritual y la responsabilidad ética en el acontecer de la historia. Los autores Bernstein y Politi señalaban al respecto que «el mundo se ha dado cuenta de que él es el último de los grandes personajes de la etapa global». «Ha definido su tiempo como no lo ha hecho ningún otro líder», añadían. Sin embargo, junto al reconocimiento de su papel de avanzadilla de la fe en todos los rincones y apoyo de los desfavorecidos, hay rasgos de su Pontificado que han puesto de relieve el fondo de su ideología conservadora. Entre ellos ha estado su oposición a la teología de la liberación con la marginación de numerosos teólogos en todo el mundo o la exclusión de la mujer para el sacerdocio. La aproximación a tendencias ultraconservadoras de la Iglesia y sobre todo su postura inamovible en los temas referidos a la moral sexual y a ciertos avances científicos fueron asuntos que le granjearon graves críticas. Siempre se opuso al uso de sistemas anticonceptivos de cualquier tipo, incluso el condón para la prevención del sida, y su rechazo frontal hacia la homosexualidad levantó oleadas de protestas, especialmente cuando en el verano de 2003 el Vaticano exigió a los partidos políticos confesionales su posicionamiento en contra de las uniones gays. Este mes de febrero de 2005 Juan Pablo II editaba su último libro, ‘‘Memoria e identidad’’ en el que comparaba el aborto con el Holocausto nazi y calificaba a la homosexualidad como ‘‘ideología demoníaca’’.
Siempre a favor del diálogo El ecumenismo ha sido otra de sus constantes, como puente entre las creencias y religiones. Juan Pablo II fue el primero en pisar una sinagoga, el primero en entrar en la catedral de Canterbury y en una iglesia luterana, manteniendo un diálogo continuo. En "Cruzando el umbral de la esperanza" lo decía: «Esta unidad es inestimable. En cierto sentido, el futuro del mundo está en juego». Además su interés por los jóvenes se ha venido plasmando año a año en las multitudinarias Jornadas de la Juventud. En octubre de 1986 convocó un ayuno por la paz del mundo y una reunión en Asís, donde recibió a los líderes espirituales de más de 450 millones de personas. |
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